Los adultos, con la edad hemos aprendido que siempre no se puede decir la verdad. Hemos aprendido a decir lo que los demás pueden entender y lo que no nos importa que sepan. Al niño pequeño no le hablamos del 155. Y a nuestros adversarios no les ofrecemos una información entera de nuestras intenciones.

Los adultos sabemos que no es bueno que todo el mundo tenga acceso a nuestro correo, y en el historial de nuestro navegador. Ni en nuestro "hoja de ruta" !. Sobre todo si tenemos previsto romper con la mujer o separarnos del estado. (...).

Los adultos ya habíamos empezado a considerar el móvil como una parte de nuestro equipamiento. Como las gafas, los zapatos, o la documentación. Y a considerar su contenido como una parte de nuestra intimidad. El móvil ha dejado de ser un aparato más, para convertirse en el Cajón de muchos secretos, y en la clave de muchas puertas.

Quizá los jóvenes no lo saben, sin embargo, los mayores sí. No podemos compartir todo lo que pensamos, ni lo que deseamos. La película "perfectos Desconocidos" nos demuestra que todo lo que llega al móvil no puede compartirse. Que hay una parte de nosotros que queremos ocultar. O de la que no queremos hablar. Que la sinceridad absoluta conduce al desastre.

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