Finges sentirte acogido por este mundo de hipócritas.

Entras en una espiral de contradicciones, muy pero que muy sutil.

Vendes humo en una parada de medio pelo, regalando sonrisas a diestro y siniestro a derecho.

Cuando llegas a casa te arrancan cada uno de los molares que han iluminado la triste vida de los grises. Y la sangre, amarga, te calma la sed de verdades que de vez en cuando se asoma a respirar este oxígeno irrespirable.

Pero al día siguiente vuelves porque ya no sabes hacer otra cosa. Hasta el punto que lo necesitas como la botella de vodka del primer estante en la que te resistes cada maldito día y cada absurda noche.

Todo es hostil y tienes que atrincherarte; es tu guerra.

Te pasas todo el tiempo fingiendo ser lo que no eres. O quizás te has convertido en lo que finge ser.

Un mundo de locos, un pozo de incoherencias. Náufrago de la estupidez humana.

0 Comentarios