La Puntita · 14 de Febrero de 2017. 07:28h.

JOAN FERRAN

Joan Ferran

De los mencheviques a Susana

Dicen los entendidos que en el  Congreso de Vistalegre han ganado los partidarios de la radicalidad en detrimento de los posibilistas. Incluso hay quien se atreve a hacer paralelismos –por algo será- entre los inicios de la Revolución Rusa y la actualidad. A la palestra han vuelto términos y calificativos como mencheviques o bolcheviques aunque, a mi modesto entender y parafraseando a Lenin, lo que hay por ahí es mucho socialpatriota suelto. Si señores; a partir de hoy se admiten apuestas para adivinar cuánto tiempo van a sobrevivir en la nueva era los mencheviques, quien va a jugar el rol de Trotsky, quien el de Stalin. 

Pero volvamos al presente. La victoria de Pablo Iglesias ha servido, al menos, para ubicar mejor tanto al PSOE como a Podemos. Ha dibujado el espacio político que deberá cultivar cada cual si pretende asaltar los cielos  o gobernar España. En esta refriega Iñigo Errejón  ha  manifestado su vocación de hibrido transversal, mientras que, Iglesias, sigue creyéndose destinado a escribir – como hizo Vladimir- unas nuevas ‘Tesis de Abril’ para consumo televisivo.

Dicen también que la vieja guardia del PSOE ha recibido con alborozo el triunfo de Pablo considerando que, el corrimiento a la izquierda de los morados, deja el camino libre y expedito para que Susana Díaz intente la toma de Ferraz. Opinan que ha llegado el momento en que el socialismo español asuma el reto de elaborar un relato de centro izquierda nuevo y transformador. Sostienen que el viraje a la derecha de Ciudadanos, y las formas agresivas de los podemitas, liberan espacios de centro progresista para conquistar y bla, bla, bla… Quizás sea cierto, no lo discuto, pero olvidan que el socialismo español actual es algo más que un mitin de  alcaldes subvencionado y un pacto entre dirigentes autonómicos. Ya nadie está tocado por los dioses ni ungido en un sanedrín. En nuestro tiempo, más allá de los profesionales de la política,  han entrado en escena los amateurs. Gentes que no tienen más amo que sus principios y su conciencia, gentes que  desean hacer valer sus opiniones y participar en la toma de decisiones, que abominan del manipuleo. Permítanme la redundancia y la advertencia: en las bases del socialismo hay deseos de socializar el poder y huir de la tutela de aparatos y elites. La patente de centro izquierda socialdemócrata no pertenece a nadie, es de todos. Pero es un poco menos de los que, idolatrando el pragmatismo extremo, vendieron en su día la esencia del socialismo democrático.

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