La Puntita · 8 de Noviembre de 2017. 13:00h.

XAVIER RIUS

Director de e-notícies

El fiasco de Catalunya

El fiasco del proceso es también el fiasco de Catalunya como sociedad: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?. ¿Cómo puede ser que un pueblo aparentemente culto, con tradición democrática, orgulloso de sus instituciones y de su historia creyése en los cantos de sirena que venían de Ítaca?

De entrada porque la mayoría de nuestros dirigentes políticos han jugado con las ilusiones de la gente. Ingenuamente, irresponsablemente, temerariamente. ¿Qué pensaban? ¿Que el Estado no haría nada? ¿Que la justicia no se pondría en marcha? ¿Que la UE nos recibiría con los brazos abiertos? Han sido una panda de ingenuos.

A toro pasado se ha visto que todo era un farol como admitió el periodista Toni Soler, sin duda uno de los voceros más importantes del proceso. O que no había mayoría social suficiente como ha reconocido ahora Joan Tardà. Ya te vale, Joan. Han llegado a admitir que no había nada preparado.

Incluso decían una cosa en privado y otra en público. Como aquel alto cargo de ERC, uno de los detenidos el pasado mes de octubre, que le pillaron diciendo que nadie “con dos dedos de frente” se podía creer la independencia. Mientras que, en una entrevista, aseguraba en cambio que sería efectiva el "primero de Enero" del 2018.

Siempre pensé que pedir la independencia de Catalaunya es legítimo -y lo sigue siendo a pesar de estos desaprensivos- pero que era también la excusa perfecta para tapar la corrupción de CDC, los recortes e incluso su propia incompetencia como gobernantes. Siempre es más fácil culpar a los otros o a Madrid que rendir cuentas.

En segundo lugar por los que callaron en acertada expresión de Ignasi Guardans en un lejano 2014. Los que callaron frente a las cosas más elementales. Porque no había que estar decididamente a favor ni en contra para darse cuenta de que el sol sale por el Este desde hace millones de años y que, con el proceso, no saldrá por el Oeste.

Que el agua es insípida, incolora e inodora como me enseñaron en la escuela y, con el proceso, no tendrá sabor a un Cardhu de doce años por poner un ejemplo. A mí ni siquiera me gusta el wiskhy. Tampoco tendríamos helado de postre cada día.

Los que lo dijimos desde el principio -desde el 2102 cuando Mas se dio aquel batacazo electoral- hemos sufrido el menosprecio -incluso de nuestros colegas- el silencio mediático y los insultos. Los insultos todavía duran. Los que ilustran este artículo son de hace apenas dos días. Y no se crean un licenciado por la Pompeu y estudiando en el MIT. ¡Como suben las nuevas generaciones!.

Pero si hemos llegado hasta aquí es también porque la sociedad civil no existe. La sociedad civil es una mera prolongación del poder. La soberanista funciona a toque de silbato. Yo lo ví el día que Mas regresó tras entrevistarse con Rajoy en el 2012. Entró en La Moncloa pidiendo el pacto fiscal y salió indepe.

Estaban todos aguardando en una calle al lado del Palau de la Generalitat. Los habían convocado por teléfono para que se sumaran a la manifestación de la Plaça Sant Jaume. ¡Hasta estaba Vicent Sanchis en primera fila!

Tampoco he podido entender nunca como hemos otorgado a la ANC y a Òmnium una representatividad que no tienen. A Jordi Cuixart lo votaron en su día 5.500 personas. Y a Jordi Sánchez unas 4.000. Para salir de diputado por Barcelona necesitas unos 100.000 votos.

Pero estaban cada día en TV3 hablando en nombre del pueblo catalán. Ahora ambos están lamentablementen en prisión. El mismo nombre de la ANC tiene trampa porque parece que sea un parlamento o la Asamblea Nacional francesa.

Y la otra sociedad civil -los sindicatos, la patronal, la Cámara de Comercio- callaron o hablaron demasiado tarde con alguna excepción como el Círculo de Economía, que vino advirtiéndolo desde hacía tiempo a través de sus documentos de opinión.

UGT y CCOO se han desmarcado ahora pero en su día -antes del salto de Pepe Álvarez a Madrid- se apuntaban a las cumbres del dret a decidir. ¡Hasta les dieron la Creu de Sant Jordi por los servicios prestados!. Otros como las patronales Pimec o Cecot han permanecido en el buque hasta el naufragio final.

Permítanme también que dude de los otros: de SCC (Sociedad Civil Catalana) porque yo no me creo que los anuncios a toda página salgan de las cuotas de militantes. Aunque es evidente que el proceso ha servido, paradójicamente, para sacar el unionismo del armario.

Y, de paso, para fortalecer el patriotismo español. En el futuro, los historiadores llegarán a la conclusión de que tenido un efecto similar al que, en su tiempo, tuvieron las Cortes de Cádiz. El proceso ha cohesionado España.

Incluso las empresas que se han ido podrían haber hablado antes. Excepto José Luis Bonet -por convicciones personales: en la manifestación del 8 de octubre estaba en primera fila- o Josep Oliu e Isidre Fainé, la mayoría de directivos callaron.

El problema no es el cambio de sede social o su repercusión en los impuestos o en los puestos de trabajo, que también, sino la confianza puede generar Catalunya en en el extranjero si sus empresas más signficativas se van. ¿Qué imagen damos al mundo?

El proceso es también el final de la burguesía catalana. Aquella burguesía ilustrada y emprendedora que describe el historiador Vicens Vives en sus libros hace tiempo que ya no existe. Game over. Quizá el último gran burgués fue José Manuel Lara. Y más lejos en el tiempo -y en sus antípodas políticas- Joan Baptista Cendrós.

De hecho, intuí que la cosa había llegado a su fin el día que, tras el incendio del Liceo, el entonces banquero Emilio Botín puso cien millones para su reconstrucción. Me ahorro también el detalle -el detallazo en este caso- de que tuvimos un sinvergüenza al frente del Palau. De momento, ha estado sólo trece días en prisión.

El Liceo y el Palau -las dos obras emblemáticas de la nuestra burguesía- son ahora instituciones participadas por cuatro administaciones: Generalitat, Estado, Ayuntamiento y Diputación de Barcelona. Si las clases dirigentes de Catalunya sólo son capaces de generar liderazgos políticos como el de Mas o el de Puigdemont apaga y vámonos. Y mejor no hablar de la segunda fila.

Los medios de comunicación se lo han tragado también todo. Ya sé que el proceso los pilló en plena crisis económica, de publicidad, tecnológica por la irrupción de internet e incluso de identidad porque no hay un joven que lea un periódico ni que lo maten. Se han pasado todos a facebook, a twitter o a instagram. La prensa de papel está muerta. Pero para recuperar credibilidad y confianza bastaba simplemente con contar lo que pasaba.

Sin olvidar TV3 y Catalunya Ràdio. En la cadena tienen un director que dijo que la “legalidad” emana del Parlamento catalán pero el día que el mismo parlamento lo reprobó no dimitió. Sigue en su cargo. En la tertulia de esta mañana había tres soberanistas -uno incluso exdiputado de la CUP- y una exjefe de prensa del tripartito. Todo muy correcto. Mientras que Terribas anda haciendo excursiones a Bruselas. Un último servicio a la causa.

Unos y otros todavía venden que el procesismo no sólo es el de los catalanes buenos sino también absolutamente mayoritario. Siempre son tres contra uno. Cuatro si cuentas el presentador. La mitad del país -un poco más de la mitad según los resultados electorales- no sale por TV3 ni por asomo. No me extraña que salgan huyendo hacia otras cadenas. No se sienten identificados con la nostra.

Conectas la tele y siempre salen los mismos. Parece que haya que tener pureza ideológica o de sangre.  A Toni Soler le han dado un nuevo programa. Sala i Martín y Tian Riba repiten con una segunda temporada. Quim Masferrer proclama que es un mantenido. Y Helena García Melero va anunciando vinos. Eso sí, también presentará la Marató.

Caso especial es el de La Vanguardia. Yo trabajé una quincena de años en ella. Y a pesar de las críticas la quiero muchísimo. Empecé a leerla cuando la primera página todavía era de huecograbado. En pleno franquismo. Era un crío. La vida era de color gris.

Por eso me escuece cuando publican ahora editoriales en portada diciendo que estamos en el “peor de  los escenarios” (3 noviembre) o que hay que “reparar el error” (30 de octubre). ¿Por qué no lo decían antes?. Ellos también contribuyeron al desaguisado. Como Rac1.

¿Saben cuándo tendrían que haber publicado el primer ediorial en portada clamando al cielo? El 8 y 9 de julio del 2015, el último pleno del Parlament antes de las famosas elecciones del 27-S. Ese día yo ya llegué a la conclusión que, a los catalanes, nos había pasado alguna cosa en la azotea.

Porque la noticia no es lo que pasaba dentro del hemiciclo sino fuera. Los periodistas andábamos como locos por los pasillos preguntando si habría una lista electoral con políticos o sin, si Mas la encabezaba o iba detrás, si sería con partidos o con sociedad civil.

Ya sé que quizás Javier de Godó no es Katharine Graham, la mítica editora del Washington Post durante el Watergate. Pero no se puede dejar un periódico en manos sólo del director. Y no lo digo por el actual -quizá también-, sino por el anterior, que dio apoyo a Mas sin fisuras.

Luego está la responsabilidad individual de los periodistas porque es cierto que todo el mundo tiene que comer pero hemos confundido las lentejas con el sexo. Los periodistas hemos hecho –con alguna excepción entre las que modestamente me incluyo- genuflexiones. Auténticas felaciones.

Sin olvidar a los palmeros. Un día colgué en twitter un montaje que había hecho un seguidor  con la mayoría de ellos y el exjefe de protocolo de Convergència -sale al final- me dijo “indigno”, “menospreciable”, “denunciable” y “asqueroso”. Pero ellos nos han llevado también hasta aquí. Por convicciones. O a cambio de una tertulia en TV3, por un nuevo programa, por un cargo oficial.

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Ahora todos están sacudiéndose responsabilidades, mirando hacia otro lado e incluso apuntándose al yo ya lo decía. Manda huevos, que diría Trillo. Son los más culpables de todo después de los políticos.

Porque el proceso ha demostrado también la debilidad intelectual de Catalunya. Desde luego aquí no tenemos un Émile Zola o un Thomas Bernhard. Eso ya sería pedir mucho. Aquí tenemos a Pilar Rahola, a Joan B. Culla, a Salvador Cardús -yo lo vi pidiendo el voto para CiU en el míting final del 2010- o a Vicenç Villatoro.

La distancia es abismal. Es que ni un Juan Goytisolo. Te puede gustar o no su obra. Se puede estar de acuerdo o no con el método. Pero en la última ceremonia del Príncipe de Asturias, con 84 años, fue capaz de cantar las cuarenta a todos. Y que conste que no soy de Podemos. Ni loco. Sin embargo, los intelectuales también están para tocar los cojones. Al menos cuando hace falta.

En fin, el balance ahora es desolador. Los catalanes hemos tenido que pasar por la vergüenza colectiva de ver como nos convocaban elecciones desde Madrid cuando, según el Estatut, es competencia exclusiva del presidente de la Generalitat. Todo por una cabezonería.

¿Dónde están ahora los que sacaban pecho? ¿Los que presionaron a Puigdemont para seguir adelante? ¿Los de la CUP, los de la ANC, los de Òmnium, los de la AMI? ¿Los de aquella trágica noche en Palau?  Cuando el president ya había dado su brazo a torcer, le dijeron que le llamarían botifler hasta en el último pueblo de Catalunya. Así hemos acabado.

Ha sido el Waterloo del soberanismo. Nos hemos quedado no sólo sin independencia sino también sin autogobierno, sin Govern y sin Parlament. Y con el drama personal -sobre todo ellos y sus familias- de ver a ocho consejeros en la cárcel además de los dos Jordis.

Ahora todo son lágrimas pero concurrirán a unas elecciones. Autonómicas, por supuesto. Y ya están a la greña. Ni siquiera han sido capaces de ponerse de acuerdo para hacer una sola candidatura. Pese a que Puigdemont lo pedía desde Bruselas. Lo que dice el expresident entra por una oreja y sale por la otra. Imaginen la influencia que tiene. Al final tendrá que apechugar con él su propio partido.

Lo bueno es que vuelven a las andadas. Como si no tuvieran la culpa de nada. Ha sido sólo un traspié. Hay que rehacer el relato. Vuelta a empezar. Me temo que las elecciones no arreglarán nada. El país continuará dividido. Degarrado por dentro.

Pero si no conseguimos la independencia, que tiene pinta que no, habrá que reconstuir la imagen de Catalunya en el resto del Estado. Está hecha polvo. Cada dos por tres los catalanes la liamos: 1640, 1714, 1934, 2017. Y al final siempre perdemos. De derrota en derrota hasta la derrota final. Compadezco a los que tienen que ir a vender fuets, calcetines o pizzas Tarradellas.

Habrá que rehacer también la relación con la UE. Me temo que, en Bruselas, cuando vean llegar un catalán saldrán corriendo. O se atrincherarán en el despacho. Sólo falta el citado Carles Puigdemont haciendo amigos y disparando a tort i a dret. No lo han dejado entrar ni en el Europarlamento.

Pero, sobre todo, habrá que recuperar nuestra propia autoestima. Ustedes no sé pero yo ando con el ánimo por el suelo. Con estado o sin, pensaba que éramos una gran nación. Ya saben: Gaudí, Dalí, Miró, Pla. Y por lo que parece somos una tribu por domesticar. En vez de ir para adelante vamos hacia atrás como los cangrejos.

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29 Comentarios

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#23 Farfarello , BARCELONA, 10/11/2017 - 11:06

¿QUÈ, RIUS? SE SENT TAN INDEPENDENTISTA COM ALS CATORZE ANYETS'

N'HI HA QUE NO TENEN CURA! DIUEN QUE EL CATALÀ ÉS L'UNIC ANIMAL QUE ENSOPEGA 1000 VEGADES AMB LA MATEIXA PEDRA. ¿SERÀ QUE VOSTÈ LA PORTA AL RONYÓ?

#22 Ramón, Barcelona, 09/11/2017 - 19:09

Muy de acuerdo con su análisis, hasta me asusta..... ;O)

#21 José María, Ubrique, 09/11/2017 - 14:34

Sr. Rius, creo que debería replantearse la supuesta admiración internacional hacia Cataluña. Creo que esa admiración era a Barcelona, y no por ser la capital catalana sino por ser una moderna gran ciudad española. Barcelona ha sido lo que ha sido (¿lo seguirá siendo?) por ser la segunda ciudad de España. A grandes ilusiones, grandes desilusiones

#20 Mefisto, BARCELONA, 09/11/2017 - 13:47


A EUROPA, HIC ET NUNC, ELS NACIONALISMES HISTÒRICS RESIDUALS NO TENEN RES A FER. El NACIONALISME NEIX D'UN COMPLEX D'INFERIORITAT: SÓN GENT TAN PETITA QUE VOLDRIEN UNA CASETA PETITA PER SENTIR-SE MÉS GRANS! pobrets!

#19 JOSÉ MANUEL GARRIDO GÓMEZ, BADAJOZ, 09/11/2017 - 12:31

Estimado Xavier,
cuando un país se cree el mejor, el más culto, el más importante, el más deportista, el más trabajador, el más inteligente, menosprecia a todo el que no comparta esta idea, seguramente se morirá de éxito. Algo de esto ha ocurrido, nos hemos muerto de éxito.