La Puntita · 20 de Octubre de 2015. 16:29h.

XAVIER RIUS

Director de e-notícies

El suicidio de Catalunya

Mas, el jueves pasado tras salir del TSJC, rodeado de alcaldes

Ahora pensemos por un instante, sólo por un instante, que todo esto del proceso no sale bien. Sí, ya sé que plantear esto después del baño de masas del presidente Mas del pasado jueves parece casi una herejía. Pero alguien tiene que tener los pies en el suelo.

¿Qué pasará, entonces, si después de todos los momentos épicos no llegamos a ser independientes ?. Hay un montón: la manifestación contra la sentencia del Estatut, Plaça Sant Jaume aquel 20 de septiembre de 2012, la Vía Catalana, la V, la Meridiana, el TSJC. ¿Qué hacemos entonces como país? ¿Nos suicidamos?.

Después de todo, la política catalana ha sido a menudo una sucesión de desatinos y de fracasos. A menudo más por errores propios que del contrario. Se nos está acabando el tiempo. Los catalanes no podemos ir de derrota en derrota hasta la derrota final.

De hecho, podríamos retroceder hasta la batalla de Muret (1213). Como hubiera cambiado la historia de Catalunya -y la de Francia- si el rey Pedro no se hubiera ido de juerga la noche anterior. En política, como en el fútbol, no se puede subestimar nunca al rival.

La guerra de 1714, en el fondo, también fue un suicidio porque los 4.000 hombres de la Coronela -¡imaginen carpinteros, toneleros o panaderos empuñando las armas! - frente a un ejército hispano-francés de más de 55.000 soldados tenían pocas opciones de victoria.

Además, ya nos habían abandonado todos: No he entendido nunca que mitifiquemos tanto el famoso archiduque Carlos. Al fin y al cabo nos dejó tirados como una colilla a cambio de un imperio. Claro que entre ser emperador de los catalanes y convertirse en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico -con el nombre de Carlos VI- no había color.

Como los ingleses, por otra parte. Los ingleses tuvieron algo de remordimientos de conciencia, pero ya se sabe que "Inglaterra no tiene amigos, tiene intereses". Frase que acuñaría años después, ya en el siglo XIX, un primer ministro, pero que pondrían en práctica mucho antes. Por eso Inglaterra llegó a construir un imperio y nosotros nos dedicamos al textil.

Frente al despótico Felipe V, la historiografía catalana -sobre todo la más romántica- pinta el archiduque casi como un angelito. Conozco poco la historia del imperio austríaco, pero casi un siglo después Napoleón se enfrentaba a uno de sus sucesores, Francisco II, y entonces era uno de los más carcas de Europa junto con Prusia y Rusia. En Rusia, sin ir más lejos, todavía había siervos. No serían abolidos hasta el 1861.

En fin, tampoco quisiera entrar ahora en el debate de España contra Catalunya pero todo el mundo sabe -diría que también Jaume Sobrequès- que aquello no fue una guerra de independencia como nos quieren vender ahora sino de sucesión. Quizás incluso una guerra civil porque aquí hemos colgado el sambenito en Cervera, pero otras localidades como Ripoll, Manlleu y Centelles también se pasaron al bando felipista.

Me ahorro, por otra parte, de hablar de los tan elogiados ‘miquelets’ puesto que eran tanto o más bestias que los felipistas. Albert Balcells, en su Història de Catalunya, dice que se dedicaban más al pillaje "que a otra cosa" (1).

Y eso que hace años me encontré en twitter al entonces director general de Moritz y se jactaba, en su perfil, de ser un "futuro miquelet, si fuera necesario". Todos estos que añoran los miquelets no han hecho ni la mili. En cuanto a los maulets daban más miedo que la CUP a la tía de Irene Rigau, seguro que paradigma de la votante de Convergència de toda la vida.

La guerra, en todo caso, dividió muchas familias. De hecho, los felipistas catalanes se reunieron en Mataró a la espera de la caída de Barcelona y José Patiño, el del maldito Decreto de Nueva Planta, tuvo la colaboración de algún catalán ilustre como el jurista Francesc Ametller, nacido en Castellar del Vallés. Mira por donde el mismo pueblo que Lluís Corominas, vicesecretario general de coordinación institucional de CDC.

Seguramente, si hubiésemos ganado los catalanes hubieramos hecho con los castellanos lo mismo que los castellanos hicieron con nosotros porque, en aquella época, no había la Convención de Ginebra sino el derecho de conquista. Vicens Vives recuerda en su Noticia de Catalunya que incluso había previsto la "construcción de una ciudadela en Madrid, desde la que una guarnición comandada por un gobernador catalán tendría dominada la capital" (2).

Y otro historiador de renombre como Joaquim Albareda, en su Felipe V y el triunfo del absolutismo -editado por la propia Generalitat en 2002, antes del proceso-, afirma que "la resolución de resistir no implicaba una proyecto secesionista, sino la reivindicaciones del modelo 'federal' vigente hasta entonces" (3).

Es verdad que aquella guerra se hubiera podido ganar -el archiduque llegó a entrar en Madrid-, pero se perdió. Sólo era cuestión de tiempo: Lleida había caído en noviembre de 1707 y Tortosa en julio de 1708. A menudo las guerras las acaban decidiendo el peso demográfico y el potencial económico más que los héroes o las estrategias militares.

Pero aquí olvidamos que Felipe V no sólo convocó las Cortes catalanas por primera vez en cien años -no se reunían desde el 1599! -, sino que le juramos también lealtad. A cambio, prometió las Constituciones. Sí, la represión fue terrible pero justo cincuenta años antes lo habíamos vuelto a probar con la Guerra dels Segadors (1640-1652).

En este caso la chispa fue la Unión de Armas del conde-duque de Olivares. Incluso Gregorio Marañón, que escribió la biografía del mencionado (4) no le perdona: "En el asunto de Catalunya la táctica del Conde-Duque no tiene disculpa" (5).

La Guerra dels Segadors fue, en efecto, otro episodio épico de nuestra historia. Pero la primera República Catalana fue efímera: duró un semana. El tiempo justo entre la proclamación de independencia a cargo de Pau Claris -dicen, dicen, dicen que murió envenenado- y la aparición de las tropas españolas por Montjuïc.

Menos mal que la batalla se ganó. Pero por si acaso corrimos a cobijarnos bajo el paraguas de Luis XIII. Como entonces no había internet el rey de Francia tardó un año en aceptar.

Y cuando el monarca francés nos devolvió a España, el rey Felipe IV (1605-1665) evitó tomar represalias, detalle que también olvidamos a menudo. En cambio, los franceses nos lo agradecieron apropiándose de la Catalunya Nord: el Rossellon, el Conflent, el Vallespir, el Capcir y la mitad de la Cerdaña.

En el siglo XX continúan o bien los patinazos o bien las derrotas. Entre los primeros hay que recordar la invasión de Prats de Molló a cargo de Francesc Macià (1926), que entonces ya tenía sesenta y siete años. Un edad en la que la mayoría de jubilados suelen jugar a la petanca.

Suerte tuvo Macià de su abogado, Henry Torès, uno de los mejores de la época, que convirtió la vista en un juicio político. A diferencia de los señores Xavier Melero, Jordi Pina y Rafael Entrena, que han planteado ahora una defensa jurídica. La batalla está perdida de antemano.

De lo contrario hubieran encerrado a Francesc Macià no sé si en la cárcel o en el psiquiatra. Yo siempre me he preguntado lo mismo: si esto de Prats de Molló era una invasión ¿qué capacidades militares tendría Macià?.

De hecho, del Avi siempre me ha intrigado que pasara de coronel de las fuerzas de ocupación -bien debía jurar bandera- símbolo del nacionalismo de izquierdas. Un poco como Casanova, al que veneramos cada Diada, pero que volvió a hacer de abogado y murió tranquilamente en la cama. Nada que ver con una muerte heroica y escalofriante como la del general Moragues.

A continuación tenemos el 6 de octubre. A estas alturas también supongo que todo el mundo sabe que Companys proclamó "el Estado Catalán de la República Federal Española" y no un estado independent o un estado propio como decía Convergència en las elecciones del 2012. Lo reconocía incluso Antoni Torjada el otro día en una serie de TV3 sobre el presidente mártir.

Finalmente, tuvimos otro momento glorioso el 14 de abril. Pero aquí también nos dieron gato por liebre. Toni Soler, en un libro que ya he citado en otras ocasiones (6), cuenta con pelos y señales no sólo la rivalidad entre Macià y Companys, sino como la cosa fue diluyéndose.

Francesc Macià proclamó primero la República Catalana "en una confederación de pueblos ibéricos", luego en una "federación ibérica" y finalmente resucitaron una institución medieval: la Generalitat. Todo ello gracias a las gestiones de dos catalanes -Lluís Nicolau d'Olwer y Marcel·lí Domingo- y el malagueño Fernando de los Ríos.

Me ahorro para no cansar al lector otros episodios históricos -como el Compromiso de Caspe- que en el mejor de los casos fue un gol en propia puerta. Aquí siempre hablamos de la decadencia de Catalunya como si no fuera cosa nuestra. Ya saben: la peste negra, las malas cosechas o incluso los terremotos de los años 1427, 1428 y 1448.

Es curioso, en cambio, como dejamos un poco de lado la Guerra Civil Catalana como un factor de nuestra decadencia y eso que duró diez años (1462-1472). ¿Ustedes se imaginan cómo de exhausto debió quedar el país?. EEUU sufrió una de cuatro (1861-1865) y España una de tres (1936-1939) y no hace falta que les explique las consecuencias. Sobre todo en este último caso.

¿Saben que el rey Juan II incluso canjeó en 1462 los condados del Rossellón y la Cerdaña al rey de Francia a cambio de un crédito para poder hacer la guerra?. Yo lo descubrí un día leyendo la revista L'Avenç (7). Más tarde se pudieron recuperar, a trompicones, pero ¿cómo no quieren que los franceses se los quedaran definitivamente dos siglos después si ya lo habían probado?.

Por ello parecía que, hasta ahora, íbamos bien. Nos habían dicho que teníamos el período de mayor autogobierno en los últimos 300 años y hay que decir que tenían razón. Ahora parece que todo ésto esté a punto de irse a pique. Que nos lo jugamos todo a una carta.

Pujol, durante el debate del Estatut, afirmó en 2007 que "cuando tienes que iniciar una jugada arriesgada, como una guerra, debes saber cuántos soldados tienes y cuántas escopetas, tanques, aviones, y saber hasta cuando tu gente puede aguantar el golpe "(8). No sé si hemos vuelto a cometer el mismo error.

En fin, perdonen el rollo, pero yo lo veo negro. Tanto que al día siguiente del paseo triunfal del presidente Mas me cogió un pronto a primera hora de la mañana y envié un mensaje directo a Alfons López Tena vía twitter: “cada vez soy más pesimista. No sobre el proceso, que también, sino sobre el país".

Me contestó, supongo que me permitirá la indiscreción, con un "Bienvenido al club. ¿Por qué crees que me he retirado? Los catalanes van de cabeza al precipicio, yo no los quiero acompañar". Espero que, tanto él como yo, nos equivoquemos.

Alfons tiene fama de esbojarrat porque fue el autor intelectual de la España nos roba. Fui el primero en criticar las formas de Solidaritat -si me hubieran hecho caso quizás ahora tendrían diez diputados como la CUP- pero yo, que soy de letras y no pasé del rosa-rosae, tengo mucho respeto por los notarios.

La misma que para los ingenieros aeronáuticos (Josep Borell) o los catedráticos de física nuclear en excedencia (Vidal-Quadras) aunque, en este caso, no comulgue. El cerebro de los políticos deberían estar bien estructurados: como los capítulos de Moby Dick. En la política catalana faltan cerebros cartesianos. Más Prats de la Riba y menos Companys.

 

Xavier Rius es director del digital en catalán e-notícies

 


(1) Varios autores: "Història de Catalunya, L'Esfera dels Llibres, Barcelona 2004, pàg. 502

(2) Jaume Vicens i Vives: "Notícia de Catalunya", Destino, Barcelona 1962, pàg. 157

(3) Pàg. 173

(4) “La pasión de mandar, Espasa Calpe, Madrid, 1992

(5) Pàg. 387

(6) Jaume Sobrequès: "Entre França i Catalunya. Els comtats del Rosselló i la Cerdanya a la tardor de l'Edat Mitjana", octubre 2010

(7) Toni Soler: "14 d'abril. Macià contra Companys", Columna, Barcelona 2011

(8) “Toc d’alerta. Els presidents Pujol i Barrera conversen amb Salvador Cot”, Dèria Editors, Barcelona 2008, pàg 20



 

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2 Comentarios

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#2 Ramon, Barcelona, 22/10/2015 - 15:43

Sr. Rius, el felicito per fer també l'article en castellà. El bilingüisme hauria de ser lo normal, perqè en el carrer és lo normal.

#1 Joaquin, Tarragona, 21/10/2015 - 16:55

1. Como siempre, los nacionalistas piensan que solo ellos son los catalanes
2. Como siempre, buscando la raiz de sus frustaciones en los otros....en lugar de buscarlo en ellos mismos
3. Y tu Xavier, que haces tu en el bando nacionalista en lugar de trabajar por reconstruir esta sociedad rota?