La Puntita · 29 de Enero de 2016. 13:25h.

XAVIER RIUS

Director de e-notícies

La 'pérfida' Dinamarca

Incluso a mí, que no me corto un pelo en los temas de inmigración, me parece muy bestia confiscar los bienes a los refugiados por un importe equivalente o superior a los 1.340 euros como acaba de aprobar el Parlamento danés. La prensa de nuestro país se ha lanzado, sin rodeos, a criticar la noticia. Para El Periódico es un verdadero "saqueo” (1) y en La Vanguardia lo comparaban con "las prácticas de la Alemania nazi". Y eso que la crónica no iba firmada por Rafael Poch.

Pero lo que no destacaban la mayoría de medios catalanes y/o españoles es que la iniciativa, promovida por el Gobierno liberal, ha sido votada por una amplia mayoría de la cámara: 81 diputados de los 109 presentes en el momento de la votación. Yo soy de letras, pero me sale casi el 75% del quórum. Y de todos los colores del arco parlamentario: el ultraderechista Partido Popular Danés, pero también la Alianza Liberal, el Partido Conservador e incluso los socialdemócratas salvo tres diputados que votaron en contra. Me parece muy bien: la conciencia antes que la disciplina de voto.

El Gobierno de Copenhague ha aplicado, con la lógica nórdica habitual en estos casos, los mismos criterios que aplica para los daneses que reciben ayudas sociales: si todavía tienes dinero no puedes ser beneficiario. El Ejecutivo querrá evitar así el rumor según el cual los inmigrantes reciben más ayudas que los autóctonos. Pero hay que decir que a pesar de las comparaciones con el III Reich -odiosas para un país que permaneció ocupado cinco años per la Wehrmacht- es uno de los estados que más invierte en ayudas a los refugiados. En el 2015 fue el segundo de la UE sólo después de Suecia (0,5%): el 0,47% del PIB. Incluso por encima de Alemania (0,2%) (3).

Creo que, en el fondo, lo que ha querido el Gobierno danés ha sido un golpe de efecto: ahora los refugiados ya no querrán ir a Alemania, Suecia y Dinamarca -los tres países de preferencia-, sino sólo a Alemania y Suecia porque la noticia se ha extendido como la pólvora. Dinamarca, país de sólo 42.000 kilómetros cuadrados -Catalunya tiene 32.000- y 5,7 millones de habitantes, ha recibido en los últimos meses 18.000 peticiones de asilo, cuatro mil más que todo el año pasado.

Confieso que yo no he estado nunca. Un verano estuvimos a punto de hacer un intercambio de casa con la familia -el método habitual que utiliza la clase media para ahorrar dinero a la hora de viajar-, pero se frustró la operación por el alto nivel de vida y porque, al cambio, la corona danesa está muy por encima del euro. Tuvieron la buena idea de no ingresar al Sistema Monetario Europeo. Como los ingleses.

Mi conocimiento de la realidad del país es, pues, limitado. De hecho, se basa sólo en dos libros. Uno es el de "Grandes borrachos daneses" a cargo de Ignacio Vidal-Folch, unionista y sin embargo amigo, que me lo ha regalado con dedicatoria incluida. A pesar del título del libro, editado por Ediciones Alfabia, es en realidad un compendio de la historia danesa recomendado por autores de la talla de Josef Rott, Mart in Amish, Hulebeck e incluso el consul Firmin, el de Bajo el volcán, entre otros.

La otra es el escrito por la ex ministra liberal Karen Jespersen y el periodista Ralf Pittelkow -columnista el diario Jyllands-Posten, creo que uno de los de mayor tirada del país- “Islamistas y buenistas" (2008) en el que, entre otras cosas, afirman que "los musulmanes conforman un grupo que crece veritiginosamente en Europa. En un futuro próximo representa la población mayoritaria de grandes ciudades" (pág. 19). Aunque ésto también nos pasará -está pasando ya- aquí. Yo ya lo dije en un artículo anterior y me dijeron de todo.

"En la mayoría de grandes ciudades -añaden más adelante- existen en la actualidad barrios que deben considerarse sociedades paralelas desde el punto de vista étnico y cultural" (pág 95). El libro, a pesar de que los autores no provienen de la extrema derecha, es tan políticamente incorrecto que, en España, lo tuvo que editar la FAES (2008). Nadie más debía atreverse.

Porque nosotros todavía pensamos que en Dinamarca sólo hay vikingos, pero fue mundialmente famosa en 2005 -sobre todo en los países árabes- por la polémica sobre los dibujos de Mahoma. Me parece que los autores, diez años después, todavía viven bajo protección policial. A uno de ellos lo quisieron matar, delante de su nieta, con un cuchillo y un hacha en el 2010. Supongo que por el método que se ha puesto tan de moda del degüello. Todo ésto en el corazón de la UE. De hecho, la matanza contra Charlie Hebdo de enero del año pasado, con doce víctimas mortales, se explica también porque fue una de las publicaciones que las reprodujo.

Personalmente, siempre recordaré una crónica de 2012 que explicaba que en un barrio de una ciudad danesa los musulmanes se habían negado a poner un árbol de Navidad con la excusa de que costaba 1.000 euros y, en cambio, habían destinado más de 8.000 a celebrar el fin del Ramadán. Sin duda un ejemplo de integración en la sociedad de acogida. Que conste, para los malpensados, que el diario en cuestión no era ninguno de estos digitales de ultraderecha que se encuentran por la red, sino La Vanguardia (4).

Sospecho, pues, que los daneses empiezan a temer por su propia identidad como país. Después de todo, Dinamarca es el país de la UE con más inmigración. Y eso que la media no llega al 8%. En este caso, recomiendo a todos que vayan a Salt (Girona) donde es más del 40%. O en cualquier municipio catalán -como el mío- donde supera ya, con creces, el 15%. Estamos cerrando los ojos a un fenómeno muy difícil de resolver.

Por eso es muy fácil juzgar el fenómeno de la inmigración, incluso el drama de los refugiados, desde una aula de la universidad, el despacho de una corresponsalía o la redacción de diseño de un periódico. Sin ir más lejos, la crónica de El Periódico -la del “saqueo”- está hecha desde Berlín. Todos nuestros expertos deberían pasar una temporada en barrios como ca n’Anglada o Rocafonda. Al menos yo he dado una vuelta.

El otro día, por ejemplo, hice un tuit en el que decía que la UE debería controlar las fronteras exteriores y, como mínimo, registrar los refugiados que llegan a raíz del reportaje de TV3 sobre Lesbos -a mí también me llegó al corazón- y recibí una avalancha de insultos en twitter.

#BoicotElCorteIngles Me dijo "vete a la mierda racista, xenófobo y fascista". Gigi de EnComuPodem quería cambiar refugiados por "personas como tú". Roger Prims  Vila, de La Garriga, me calificó como "nuestro más conspicuo y vocinglero lepenista" con el hastag #asco. Dr. JSF dijo que era un fantasma. Tuikismikis me trató de "subnormal racista" con una notable falta de sensibilidad hacia los discpacitats mentales. Toni BIV me quería enviar a la misma isla griega para, deduzco, no poder volver jamás.

Seguimos: Juli Tello, de la universidad Pompeu Fabra, pretendía echar a gente como yo "porque sólo alimentamos el odio". A Peter R le provocaba “asco" y toda la culpa de lo que pasa es de Occidente. El más suave fue uno, partidario de la dinamita. que aseguraba todo convencido que había expresado una "cobarde opinión". Si llega a ser valiente me fusilan directamente. Todos, supongo, partidarios de la izquierda plural.

En fin, es sabido que Shakespeare, cuando escribió Macbeth (1606), cambió la nacionalidad de los malos -de daneses a noruegos- para no herir la sensibilidad del entonces rey Cristian IV de Dinamarca (1577-1648). Después de todo,  a los daneses, ya les había dado un disgusto con Hamlet (1601), que es anterior a la primera tragedia mencionada.

Lo que no dice nadie es que la mayoría de países del norte de Europa como Suecia, Noruega, Finlandia, Suiza e incluso Holanda -democracias mucho más consolidadas que la nuestra y con Estados del Bienestar también más generosos- han empezado a endurecer sus políticas de asilo y refugio o de inmigración ante la inoperancia de la UE en la materia.

El otro día leía una crónica en un diario aparentemente serio como La Vanguardia en el que comparaba "la actual y vergonzosa crisis de los refugiados" con el caos de la posguerra tras la II Guerra Mundial (5). Y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, también aprovechaba un acto en conmemoración del Holocausto en el Parlamento catalán hace dos por días para compararlo con la política del III Reich hacia los judíos. Que alguien me explique por favor, sin rodeos, qué tenemos que hacer con la actual crisis de los refugiados. Si no será inevitable una subida de la ultraderechaa en toda Europa.

Sin embargo, lo más divertido de todo es que los que querían fijarse en Dinamarca han enmudecido de golpe.

 

Xavier Rius es director del digital catalán e-notícies

 

(1) Carles Planas Bou: “Dinamarca dóna via lliure al sagueig dels refugiats”, 27 de gener del 2016

(2) Alan Ruiz Terol: “Dinamarca castiga el refugiat”, 27 de gener del 2015

(3) Lara Otero: “Dinamarca aprueba confiscar los bienes a los refugiados”, 27 de gener del 2016

(4) Glòria Moreno: “Los musulmanes de un barrio danés se niegan a poner árbol de Navidad” Celebrar la Navidad no costaría ni mil euros; para el final del Ramadán gastaron unos ocho mil. 14 de novembre del 2012

(5) Rafael Poch: “En el caos de la postguerra”, 28 de gener del 2016

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