La Puntita · 18 de Julio de 2017. 09:27h.

JOAQUIM VANDELLÓS RIPOLL

Memorias de un joven catalán

¿Qué decanta al voto de un indeciso? Durante las elecciones extraordinarias del 2003 en California, los sindicatos invirtieron mucho dinero en explicar que las posiciones del candidato Grey Davis favorecían más a la gente, sobre todo a los trabajadores, que las del republicano Arnold Schwarzenegger. En los grupos de sondeo, preguntaban a los miembros de los sindicatos: “¿Qué opción crees que te beneficia más?“ La mayoría contestaban “La de Davis, Davis…”. Pero cuando les preguntaban a quién votarían respondían “Schwarzenegger”. Las personas no votan necesariamente según su interés, votan por su identidad, por la persona con la que se identifican y que se adecúa a sus marcos. No es casual por lo tanto la labor “pedagógica” elaborada por los nacionalistas catalanes en la creación de una identidad “nacional” propia, lo que incapacitaría a los partidos unionistas para representar a los catalanes.

Los marcos son estructuras mentales que dan forma a nuestra manera de ver el mundo y determinan lo que consideramos de sentido común. Las palabras se definen en relación a los marcos conceptuales y es por esto que el lenguaje político no es aleatorio, ya que cuando escuchamos una palabra, el marco al cual corresponde se nos activa en el cerebro. Modificar los marcos es cambiar la forma que tiene la gente de ver el mundo. Como el lenguaje los activa, los nuevos marcos requieren de un lenguaje nuevo. Expresiones como “Estado Español” en lugar de España (negación de su identidad como nación), “problema catalán” (como si fuera un problema de Cataluña cuando el problema es de los nacionalistas) o de “Cataluña y España” (como si se trataran de dos entes diferentes) entre muchas otras han calado profundamente en la sociedad catalana. La “Nueva Lengua” que evocaba Orwell en 1984 para hacer desaparecer con el lenguaje unas realidades y crear artificialmente otras de nuevas tiene cada vez menos de ficción y más de realidad. Y esto se ha hecho con la inestimable ayuda de los medios de comunicación y de la educación, siendo inapreciables pero constantes cantidades de cicuta ideologizada la que ha impregnado durante décadas a los jóvenes catalanes.

Muchos han caído en los marcos conceptuales del nacionalismo, incluso entre los contrarios a la independencia. Lo podríamos llamar el “síndrome de Blanes ” (en referencia al alcalde del PSC): gente que no es independentista, pero que ha absorbido gran parte de los dogmas nacionalistas: “somos una Nación”, “España nos roba”, “Un país, una lengua”, “Cataluña se asemeja a Dinamarca y España a una república bananera”, etc. Ser español es más que vivir entre 4 fronteras que figuran en un mapa administrativo; es poseer una identidad nacional y poder ejercer los derechos culturales que ello conlleva. Si en la propia Cataluña, donde los partidos no independentistas reciben más votos y el castellano es la lengua materna de la mayoría de catalanes, no se garantizan derechos como la opción a escolarizarse o rotular en castellano, no sólo es culpa de los gobiernos separatistas, sino también de aquellos partidos unionistas que cayendo en la autocomplacencia han comprado el relato separatista.

¿Qué es el sentido común? A pesar de ser el menos común de los sentidos y de ser muy plural ya que todos tenemos formas diferentes de ver las cosas, ya que le experiencia propia de cada uno es única, es irrepetible, sería una forma que tiene un conjunto de personas de ver las cosas de una manera más o menos homogénea, lo que es “normal”. Los jóvenes catalanes desde los 3 años tenemos como lengua vehicular en las escuelas: el catalán. Se nos enseña que es la “nuestra”, la “normal”, y que el castellano se usa sólo en una asignatura concreta y fuera del ámbito institucional, como si fuera algo foráneo. Pocos se plantean que existe otra opción que sería escoger, si queremos, la escolarización en castellano o no. Las motivaciones que han llevado a implementar la mal llamada “inmersión lingüística” tienen poco de académicas y mucho de políticas. Lo mismo sucede con la Historia que se imparte, donde se atiborra al alumno cada año con las instituciones históricas catalanas, pero se ignora completamente quién fue Carlos III o no se sabe lo más elemental de la rica literatura española. ¿Alguien de verdad se creía que era casual que los libros de historia de 2º de Bachillerato empezaran por 1714? Mientras publicistas como Sánchez Piñol son erigidos en figuras de autoridad y máximo rigor académico, el poder público pasa de puntillas ante las denuncias de hispanistas de la fama de John Eliott o Henry Kamen que denuncian la tergiversación de la historia. Recientemente, saltaba la noticia en Antena 3 del adoctrinamiento en las escuelas catalanas… un poco tarde después de 35 años, pero como dice el dicho “nunca es tarde si la dicha es buena”

Ningún proceso de ingeniería social se limita sólo al ámbito académico, y termina también penetrando en el popular. Hoy en día no se puede ir a un Concierto de San Esteban, un partido del Barça o una diada castellera sin encontrarte inmerso en una manifestación independentista no convocada. Y sobre todo cuando eres joven, muy moldeable todavía, eres más susceptible a las pequeñas cosas del día a día y las consideraciones y prejuicios sociales. El popular de clase nunca ha sido el que iba por San Jorge a la carpa del PP, sino el que la liaba más los días que había huelga, y si era por la independencia aún mejor. En Bachillerato si colgabas tú foto en Facebook en la manifestación del 11-S ya eras merecedor de la “mayoría de edad democrática” y podías opinar de forma segura y convencida de lo que no sabías, pero si colgabas la tuya del 12-O eras partidario de un imperio “oscuro y opresor”. Sales con tus amigos a las fiestas populares, pero son de todo menos populares, ya que los “castells” con los que antes disfrutabas, se han convertido en un elemento reivindicativo más. Lo anormal pasa a ser normal, y lo normal pasa a ser anormal y que una Colla Castellera como la de San Pedro y San Pablo no quiera posicionarse políticamente provoca el estupor de más de uno pero que el resto de collas se alinee con el secesionismo constituye un elemento de completa “normalidad democrática”. Ya por la noche, vas a un concierto con tus colegas y en medio de la celebración el grupo interrumpe la música para reivindicar el imperialismo catalán (es decir, la anexión de los Países Catalanes) y la gente empieza a gritar alborotadamente “In..inde…independencia”. Por ser populares, poco sentimiento de pertenencia puede tener en estas fiestas uno que no comulgue con estos postulados. ¿Y qué tenemos de “identidad popular española”? Poca cosa: una Selección de fútbol que hace décadas que no juega en Cataluña y una plaza de toros reconvertida en supermercado.

Decía Cicerón que “si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño”. Las construcciones sociales que nos rodean no son determinadas por la casualidad, sino por la causalidad. Haciendo autocrítica: los no independentistas nos hemos centrado mucho en desmontar los argumentos económicos, históricos de los nacionalistas, pero… ¿qué proyecto cultural hemos ofrecido? ¿qué marcos conceptuales y lingüísticos hemos creado? Puede ser que el proceso “político” independentista esté agotado y que la celebración del 1-O sea sólo parafernalia, pero el proceso “cultural” aún tiene mucho recorrido. Si pensamos que el problema se soluciona mediante una partida presupuestaria y el reconocimiento de una falsa plurinacionalidad volveremos a caer en errores del pasado. La solución sólo puede pasar por que las instituciones nacionales recuperen el timón del Patrimonio Nacional para hacer de la pluralidad española un elemento de cohesión y riqueza y no división: el reconocimiento de las sardanas y los castillos como algo tan propio y tan español como las jotas y las corridas de toros, siendo muestras de la vasta riqueza de nuestra cultura y de una identidad común.

14 Comentarios

#8 JH, Sant Boi de Llobregat, 23/07/2017 - 19:52

Harto estoy de leer artículos de grandes firmas en periódicos de opinión que no valen un duro. Muy buen artículo. Espero que Xavier Rius tome nota.

#7 Miquel S., Barcelona, 23/07/2017 - 01:36

Jo no he tingut la gran sort de conèixer a l'autor d'aquest magnífic article, però amics meus que sí que el coneixen me n'han parlat molt bé, fins i tot algun de separatista, no sectari, és clar.

#6 Alondra8, BARCELONA, 22/07/2017 - 23:15

Magnifico articulo. Es un análisis exacto de los hechos. La izquierda, a la que vote y pertenecí ha sido fundamental en este proceso. Su silencio ha permitido esta manipulación. Bien, vamos a despertar.
Anecdocta: en el libro de Historia de mi sobrina, creo que en la ESO lo referente a Salamanca era unicamente que había sido la capital franquista

#5 anti espanyol, bcn, 19/07/2017 - 12:35

He tingut la desgràcia d'haver-te conegut en persona Joaquim Vandellòs i crec que l'únic que ets és un feixista, la teva opinió no val res pepero si tant us agrada Espanya, marxeu d'aquí i deixeu-nos als catalans en pau que fa molts anys que ens maltracteu i ens doneu pel cul. Ara em dit prou i ningú ho podrà parar, ni el PP ni els teus artic

#5.1 A., Barcelona, 19/07/2017 - 14:11

Qui t'has cregut que ets per parlar en nom dels catalans i fer fora de casa seva qui no pensa com tu?
No comencis a plorar si hom fa les comparacions òbvies, pocasolta.

#5.2 Protágoras, bcn.España, 25/07/2017 - 20:36

El rigor de Joaquim Vandellos, contrasta con tus burreces "anti espayol". Creo que ni siquiera sabes de que habla.
Enhorabuena Joaquim. Tienes toda la razón, mientras no construyamos marcos alternativo, seguirán imponiendo sus dogmas.

#5.3 PQG , Península Ibérica , 26/07/2017 - 09:42

Con ese comienzo pensaba que iba a decir algo interesante y resulta que solo ha lanzado los típicos insultos de indepe (los que no opinan como usted son fachas, los no indepes fuera e Cataluña...)

#4 Teniente Dimitri, BCN, 18/07/2017 - 20:43

Esquisito artículo.
"Es más fácil engañar a la gente, que convercerlos que los han engañado" M. Twain