La Puntita · 11 de Octubre de 2017. 11:50h.

JOAN FERRAN

Joan Ferran

No me pintéis el nacionalismo de ...

Permítanme, aprovechando el intermedio en el culebrón del ‘procés’, que me pierda por uno de sus callejones laterales: el del las centrales sindicales. Prometo no darles la vara con la famosa frase de Marx -extraída del Manifiesto Comunista- en la que nos dice que el proletariado no tiene patria. Eso sí, les diré, en cambio, que recuerdo lo taxativo que es el Manifiesto cuando indica que la lucha de clases proletaria es internacional por su contenido, y sólo nacional por su forma. Tampoco voy a incordiarles rememorando el debate sobre la cuestión nacional que enfrentó a Lenin con Rosa Luxemburg, aunque estoy convencido de que a algunos les convendría repasar a los clásicos. Al hilo de los acontecimientos de los últimos días  urge una reflexión acerca del rol social de los sindicatos, de su protagonismo en la esfera política y económica para evitar equívocos.

Hace unas semanas asistí a un acto convocado y organizado por cuadros sindicales de CCOO y UGT que, bajo la batuta de José Luis López Bulla, se posicionó con claridad desmarcándose de la independencia de Cataluña. Para un servidor de ustedes lo relevante del evento no fue el nítido rechazo del secesionismo sino el discurso, el hilo conductor del razonamiento, por el cual llegaban a esa conclusión. Por primera vez en mucho tiempo volví a oír hablar de internacionalismo, de solidaridad de clase y de un combate claro contra los recortes  y el credo neoliberal. Sí amigos, los convocantes del acto se mojaron. Con sus palabras pusieron en evidencia que actualmente, las cúpulas sindicales, andan escasas de liderazgos capaces de discernir lo que le conviene al conjunto de los trabajadores. Lo peor que le podría ocurrir a una central sindical es dejar de ser una correa de trasmisión de partido político para pasar a convertirse en un instrumento gubernamental. Julio Anguita ya nos dijo en su día que algunos sindicatos eran apéndices del poder político y que anteponían los caprichos del gobierno de turno a los intereses de los trabajadores.

Asistimos recientemente a una comedia bufa con pretensiones de huelga general. Algunos, avergonzados supongo, lo bautizaron como ‘Paro de país’. Un paro promovido, convocado y financiado desde el Govern de la Generalitat. Bajo la excusa de una supuesta defensa de las instituciones, algún dirigente sindical intentó edulcorar el tema sin conseguirlo. Lamentable y patético dejarse instrumentalizar por un gobierno catalán neoliberal, experto en recortes y que gusta esconder su gestión bajo las banderas del ‘procés’.

Confieso que, en el acto antes mencionado de López Bulla y sus compañeros sindicalistas, me inyectaron vitaminas solidarias y brío político. La experiencia de los viejos luchadores merece ser valorada y admirada. El movimiento obrero y popular de este país ha destinado, a lo largo de su historia, muchas energías  en beneficio de los más débiles. Cierto, pero ¡Oh desilusión! Vergüenza ajena cuando un puñado de burócratas sindicales apuesta y colabora con un lock-out propiciado desde el poder.

Insisto. A más de uno de nuestros cuadros sindicales le iría bien un repaso de los clásicos. Lenin, por ejemplo, le espetó una frase a Zinoviev  -y a otros camaradas que predicaban en 1920 la emancipación de los pueblos a través de un ‘nacionalismo progresista’- que les viene de perlas a los sindicatos domesticados, decía así:

“No me pintéis el nacionalismo de rojo”.

3 Comentarios

#3 Ferran Tocapabrotini, c. Nicaragua, 17/10/2017 - 09:35

Pintad el no nacionalismo de rojigualda, collons!

#2 Carlos Gomez, lilas rojas y amarillas, 11/10/2017 - 13:39

Jo tambe hi vag ser aquella tarda a les Cotxeres de Sants.

Va ser emocionant i encoratjador. I esperançador.

#1 Teniente Dimitri, BCN, 11/10/2017 - 12:31

La Generalitat los tiene bien regados y subvencionados, como claro reflejo de la sociedad catalana.
¡¡¡Viva mi dueño!!!