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Cartas al Director · 5 de Agosto de 2018. 17:42h.

Carta abierta al presidente de la Generalitat

Molt Honorable President:

 

Sé nada más comenzar a escribir esta carta que usted no la leerá, por algún motivo a los líderes políticos olvidan la sana práctica de escuchar los argumentos de la siempre molesta discrepancia política y encima esta vez quien le escribe es un no catalán, algo que como mínimo -si uno se molesta en consultar sus escritos en prensa- sabe que como mínimo no es algo bueno.

Si esto no le es suficiente, también sabrá o le recomendarán sus asesores políticos no caer en la trampa de responderme, pues le supondría una derrota política.

Señor Torra, aplaudo su predisposición a combatir al fascismo, pero le recomendaría que para combatir al fascismo es imprescindible -o debería- saber reconocer esta ideología nacida en la segunda década del siglo XX.

Un fascista es una persona que antepone la consecución del destino mitológico de una nación (patrioterismo) a todo lo demás, para ello crea una sociedad uniforme y militarizada (sociedad vertical) donde cada individuo tiene una tarea concreta en beneficio del interés nacional. El fascista necesita una mente “brillante y cautivadora” (lo que Weber llama la dominación carismática y que nosotros llamamos caudillismo) que “ponga orden”, que elimine toda posibilidad de discrepancia, pues debilita a la nación (antiliberalismo), que anteponga siempre el interés supremo de la nación sobre las otras naciones “menos avanzadas tanto cultural como tecnológicamente” (autarquía) y que desde ahí que las relaciones internacionales, de existir, sean de sometimiento -por esto principalmente odiaban a los comunistas-. El fascista en resumen antepone todo: la libertad individual, la libertad económica, la libertad de expresión, la creación cultural….todo al supremo interés de la nación como si la nación fuese un ente con vida propia al que servir e incluso rendirle culto, un Dios a quién el sacerdote (o caudillo) nos indica cómo adorar adecuadamente.

Dice usted que “el lenguaje es poder y que quien lo controla y es capaz de manipularlo tiene la capacidad para cambiar la percepción de la realidad” con tal cita debo entender que usted es consciente desde el principio de sus actos y rehén de sus palabras.

Ha llamado “violencia fascista” a aquellas personas que retiran símbolos de marcado signo político del espacio público, utilizando una de las técnicas de manipulación más comunes que existen la llamada “correlación ilusoria” que consiste en hacer creer al público que unos hechos puntuales -agresiones por parte de este colectivo a personas que ponen estos símbolos- son generalizables a un grupo al cual no pertenece. Como le ha debido parecer que esto por sí solo no es suficiente ha pedido a la justicia y a la policía actuar contra estas personas, sin dejar muy claro si el problema son las agresiones o la retirada de símbolos.

Señor President ¿Su carta responde a su preocupación por unos hechos puntuales de violencia y enfrentamiento o a criminalizar el activismo de su oposición política? ¿Se puede saber bajo qué concepto de fascismo actúa la oposición política? (Los fascistas intentaban -sin ánimo de establecer ninguna comparación- privatizar el espacio público con signos políticos, pero jamás se dedicaron a preocuparse por la neutralidad de este) ¿En serio usted cree que los conatos de violencia -siempre reprochables- los han protagonizado en exclusiva los activistas de la oposición? ¿Está usted seguro de eso? Consulte usted sobre quiénes han atacado, ya no le digo las sedes de los partidos de la oposición, sino las sedes de su propia formación política. Háganos el favor de visualizar TV3, ese canal de televisión -supuestamente público- que informó de una manifestación multitudinaria de Societat Civil Catalana destacando como principales convocantes a Falange Española y VOX (partidos que no representan a casi nadie en Catalunya).

Molt Honorable, combatamos el fascismo, pero antes combatamos la manipulación del lenguaje -también la suya- pues llamar fascista a quién no lo es supone la banalización de un movimiento político que es sumamente peligroso, criminalizar a la oposición y pedir públicamente a la policía y la justicia actuar contra ésta no es una práctica compatible con los anhelos democratizadores que usted y su movimiento político dicen querer representar.

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