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Cartas al Director · 30 de Marzo de 2020. 08:41h.

COVID, el día después

David Rabadà i Vives

Cuando tengamos el COVID controlado habrá que replantearse como no repetir los errores del pasado. Es evidente que esta situación dantesca la sufrirán más los humildes que los adinerados. Nuestros dirigentes no deberían ser más tan interesados, tácticos e irresponsables. Para ello cabe comprender que las aglomeraciones urbanas han sido un gran caldo de cultivo para esta y nuevas pandemias. Y ya avisaron algunos presidentes autonómicos, asesorados con ciencia y no carencia, que debíamos haber cerrado totalmente el país desde el principio ante nuestras aglomeraciones. En vista de todo lo anterior habrá que replantearse nuestras ciudades hacinadas y la crisis económica para todos. Para el tema demográfico, y en caso de nuevas leyes al efecto, se debería promocionar la economía rural para que la España despoblada absorbiera tanta aglomeración en las ciudades. En ello se debería apostar por el teletrabajo de una vez por todas y por las industrias agroalimentarias de proximidad. Pero el segundo problema, el económico, y ante tantas bajas laborales, el FMI, el Banco Central Europeo y la Reserva Federal, deberían emitir moneda gratis para toda la ciudadanía, sin que los bancos obtuvieran el monopolio del mismo. China, país responsable en sus inicios de esta pandemia, y también la Europa rica, deberían perdonar gran parte de la deuda que la gran mayoría de países tienen con sus entidades. Y por último los grandes capitales deberían abrir su total solidaridad al mundo laboral que les ha hecho ganar tanto. Para todo el conjunto anterior se deberían imponer unas nuevas leyes morales y justas, y más morales que legales, con el objetivo de construir una sociedad con menos ideologías y demagogias pero más técnicos y científicos. En ello nuestra educación debe recuperar el valor por el conocimiento y nuestros futuros políticos deberían ostentar más formación académica, técnica y científica que no ideologías, creencias y emociones. Sus errores han oscilado entre la mediocridad y los intereses.

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