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Cartas al Director · 27 de Abril de 2021. 09:50h.

Guerracivilismo póstumo

Fernando López Clarós

Según un reportaje publicado en El País (23 de julio de 2.006), en el bando republicano fueron asesinadas unas 60.000 personas y el otro bando unas 100.000. En esta última cifra hay que resaltar que están incluidas, las victimas posteriores a la finalización de la contienda.

El bando republicano, al haber perdido la guerra, no pudo hacer su “justicia” final con los disidentes, como sí pudo hacer el otro bando. Es un dato que puede distorsionar la realidad de las cifras.

Sería lógico pensar, que los “incontrolados” de la izquierda, hubieran asesinado a muchos más disidentes, una vez finalizada la guerra, si hubieran triunfado.

Es evidente que hubo un golpe de estado y que el nuevo régimen dictatorial, no tenía legalidad, como bien se insiste permanentemente. Pero no es menos cierto que la implantación de la República (el 14.4.1931) no fue legal. Y que los resultados electorales de Febrero del 36, tampoco fueron precisamente democráticos. Esos fraudes parece que no existieron, según la versión actual que se repite de forma sistemática.

Parece cierto, que hubo mayor descontrol en el bando republicano, donde se asesinaba, sin ningún tipo de control ni sentencia. En el otro bando, por poco garantista que hubieran sido los juicios tras la guerra, los hubo en la mayoría de los casos.

Ahora muchos pretenden blanquear a los partidos de ideología comunista, considerándolos democráticos. Creo que es una gravísima distorsión histórica.

Cuando se omite que el comunismo ha sido la ideología que más asesinatos ha perpetrado a lo largo de la historia de la humanidad -cien millones- creo que se tergiversa la verdad.

La Europa actual, creo que es la democracia menos imperfecta de la historia, tiene una normativa que prohíbe la exaltación de dicha ideología. En España no se aplica y se sigue ignorando.

También es un hecho, que los regímenes comunistas actuales, no son democráticos. La prueba irrefutable, es que sus ciudadanos quieren abandonar esos países, con lo que ello les representa, y no a la inversa.

Tal vez la progresía imperante debería reflexionar y rechazar también esta ideología probadamente genocida.

Fernando López Clarós

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