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Que las dinámicas de la “Revolució dels somriures” hace tiempo que son preocupantes, no es nada nuevo. El independentismo y sus múltiples ramificaciones hace tiempo que promueven la falta de libertad que tanto anhelan en sus pancartas y manifestaciones. De hecho, todo acontecido este fin de semana nos debe poner alerta: Xavier García Albiol, candidato del Partido Popular en Badalona, acompañado de su hija, fue recibido a gritos a su llegada a un espectáculo infantil, un concejal de Ciudadanos recibió el impacto de un objeto en Torroella y Vox fue recibido con piedras y huevos cuando montaron carpa en Barcelona, con posterior actuación de los Mossos. 

Paralelamente, asistimos atónitos a la inauguración (a la norcoreana) de una pancarta gigante de Puigdemont en Amer. Y es que la política catalana se ha acabado convirtiendo en eso: la valentía de unos pocos, por encima del “amarás al líder”. Son esos valientes, los que van en listas electorales pese a ser señalados, los que no se callan y siguen a pie del cañón, los que no se resignan al discurso único. Por ellos y para ellos seguimos y seguiremos en política, le duela a quien le duela. Vamos a luchar, sin miedo. Porque nada cambia, si nada cambiamos.

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