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La Puntita · 7 de Abril de 2019. 18:07h.

XAVIER RIUS

Director de e-notícies

Ahora que no lloren

 

La excoordinadora general del PDECAT, Marta Pascal, se despachaba este domingo en La Vanguardia a través de Enric Juliana.

Que si “discrepancias” con Puigdemont, que si las “cesiones” a la CUP, que si el no a los Presupuestos fue “un graver error”, que si “perder la identidad”, que si la “subordinación” del PDECAT.

¡Y lo dice ahora!

Bueno, ahora que no tiene cargo.

Con la convocatoria de elecciones anticipadas ha perdido incluso la canonjía del Senado donde fue convenientemente recolocada en su día.

Antes, Marta, no te oímos. Al menos con esta contundencia.

Miren, yo no lloraré por el PDECAT.

No lloraré por Marta Pascal.

Ni por el resto de senadores de CDC -con el exconsejero Josep Lluís Cleries a la cabeza- a los que ahora se llevará el vendaval del proceso.

 

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Tampoco por los exdiputados al Congreso Carles Campuzano o Jordi Xuclà, que ahora van de guais.

Campuzano (Barcelona, 1964) llevaba más de veinte años en el Congreso. ¡Empezó en el 96!

A los que hay que añadir su paso por el Parlament (1992-1995) y una concejalía en su localidad de residencia, Vilanova y la Geltrú -de dónde es también otro ilustre convergente en la sombra como Francesc-Marc Álvaro- entre 1987 y 1992.

¡Lleva más de treinta años con sueldo público!

Ahora tendrá que ponerse a trabajar. En el sector privado, quiero decir.

Creo que es abogado. Tiene que ser muy duro, a los 54 años, empezar a ejercer. Sobre todo sin haber pisado antes un juzgado. Ya saben: el turno de oficio, el juzgado de guardia.

Lo de Jordi Xuclà (Girona, 1973) tampoco está mal aunque no iguala el récord del anterior: primero, senador (2000-2004) y luego en el Congreso.

Nótese que los tres llegaron a la cúspide de la JNC, la organización juvenil de Convergencia. En forma de presidente -como Marta Pascal- o de secretarios generales los otros dos.

Ya dijo acertadamente Ana Botella que las juventudes de los partidos tendrían que prohibirlas. Es lo más importante que dijo la exalcaldesa de Madrid no sé si antes o después del “relaxing cup of coffee” con acento castizo.

Pero lo que realmente no perdono a Xuclà es que ... ¡recomendara a Puigdemont!

Sí, sí. Lo describe incluso uno de los biógrafos -mejor hagiografos- del expresidente.

En el 2006, Convergencia eligió como alcaldable por Girona al abogado Carles Mascort.

Girona -hasta poco antes con Quim Nadal como alcalde- había sido un duro hueso de roer.

Siempre se les atragantaba a los convergentes. Ya habían quemado varios candidatos: el exconsejero Joan Vidal Gayolà, Josep Arnau, Salvador Martí, Zoila Riera. No había manera.

Pero Mascort sale huyendo tras recibir unas amenazas nunca aclaradas. No malpiensen, ¿eh?. Ah, si Mascort hablara.

Y entonces aterriza Puigdemont en la política municipal.

“Es Jordi Xuclà, actual representante de CDC en el Congreso de los Diputados, quien propone Carles Puigdemont” (1).

¡Vaya vista, Xuclà!

El olfato político de éste sólo es superado por el de Artur Mas que, como se sabe, la ha cagado en casi todas las decisiones que ha tomado a lo largo de su carrera política.

Por eso, yo no lloraré por ellos.

A la lista habría que añadir el ahora procesado Santi Vila, que durante muchos años fue la esperanza blanca de los moderados de Convergencia. Él se dejaba querer.

Visto su paso por el Supremo no me ensañaré excesivamente con él. Ya he contado en otras ocasiones mi decepción personal.

Una en la manifestación de la Diada en Salt en el 2016. Cuando me admitió que “no vamos bien” pero ahí estaba él con su camiseta. Al lado, por cierto, de un veterano periodista de TV3.

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La otra en el Parlament -más concretamente en el bar, que es donde se cuecen las habas- cuando permaneció en el Govern tras el cese de Jordi Baiget.

No sólo permaneció en él sino que fue ascendido de Cultura a Empresa.

Quizá añadir también aquella en la que, en el fragor de un míting en Figueres, dijo que estaba dispuesto no sólo de ir a la cárcel sino hasta a jugarse el patrimonio.

Sin olvidar que a él se debe haber puesto de consejero de Cultura a Lluís Puig cuya experiencia previa era haber sido bombero y director general de Cultura Popular.

Puig i Gordi es un hombre de convicciones firmes y criterio a toda prueba: se fue, regresó y volvió a irse.

No como Meritxell Borràs, que hizo lo mismo pero al menos se quedó para dar la cara. Te deseo, Meritxell, mucha suerte desde aquí.

Por eso, siempre que cubría un consejo nacional de Convergencia -los solían hacer en un hotel de Bellaterra- y los veía aplaudir todos de pie a Artur Mas me entraban las dudas.

¡Parecía que vieran a Dios!

Siempre pensaba: ¿Pero qué aplauden?

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Como aquellas reuniones de la dirección de CDC en la sexta planta del edificio de la calle Córcega.

¿Nadie decía nada? ¿Nadie levantaba la voz? ¿Nadie cuestionaba la hoja de ruta de Mas? ¿Nadie oteaba el batacazo en el horizonte?

Ya sé que todos tenían cargo -en el partido, en el Govern o en la Administración autonómica- pero habría sido de un honestidad tremenda por su parte haber advertido de los riesgos.

O haber dicho simplemente: “Artur, yo no lo veo claro”.

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Porque el suicido del PDECAT no tiene parangón en la historia de la política europea en los últimos años.

Quizás con la excepción de la Democracia Cristiana italiana. Pero aquello fue por Tangentóplis y la operación Mani Pulite.

A mí, com se pueden imaginar, el futuro del PDECAT me la trae al pairo.

Más que un suicidio asistido fue un hara-kiri: se abrieron las tripas en canal.

Llevan ya tres mudanzas desde la época  de las vacas gordas. Y he asistido a ruedas de prensa en locales no sé si en Sarrià o en el Eixample.

Hasta han sufrido -además de peripecias con el nombre- dos esciones: Lliures y Convergents. Tres si contamos La Crida, aunque esto más que una escisión es una fusión por absorción.

Por eso: Ahora que apechugen.

Porque lo peor no es el futuro del PDECAT.

Lo peor es como han dejado el país. Un país, como se dice en catalán, literalmente trinxat. Creo que no hace falta traducción.

¿Éstos hablan ahora de nuevos proyectos?

Por supuesto, hay que reconstruir el catalanismo. Al menos si cabe alguna posibilidad.

Pero desde cero. Los liderazgos actuales -el término es sin duda excesivo- no sirven. Ellos también son culpables de lo ocurrido. Por activa o por pasiva.

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26 Comentarios

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#12 Sergi , Barcelona, 19/04/2019 - 14:12

Rius, pero si llorar y hacerse la victima es la especialidad de la casa, en esto son autenticos maestros. A llorar y a hacerse la victima no los gana nadie, unos campeones.

#11 Tabarnés puro, Barcino, 18/04/2019 - 06:16

La derecha nacionalista catalana engullida por sus ridículos devaneos con la izquierda independentista y los anarquistas.. ja ja ja!!! Un error que los maquiavélicos santones del PNV no cometeran nunca.
En el castigo llevan la penitencia!

#10 josep miquel, calella, 17/04/2019 - 16:19

A veces las casualidades ilustran la historia. En 1996 entré en un bar de la calle Valencia con un militante de CiU. Escuchamos a una persona decir muy alto "si pactem amb aquests, jo plego ". Se estaba entonces negociando el pacto para investir a Aznar. Al salir me dijo el militante : Saps qui era aquest? Carles Campuzano.

#9 Alfons Maristany, BCN, 09/04/2019 - 09:17

De Felip Puig no diras nada, Rius?

#8 h22, a, 08/04/2019 - 21:59

lo mas divertido de la extinción de Convergencia es la ridicula situacion en la que queda su boletin oficial, el periodico "La Mamarracha Convergente" editado por el Grupo Cobró