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La Puntita · 12 de Junio de 2020. 08:50h.

JOSÉ GONZÁLEZ

Anunciar pan y vender circo

Y resulta que lo que pasa es que estamos inmersos en una crisis constituyente dijo, solemne, el ministro de la cosa de la justicia. Pensé entonces, a bote pronto, que nuestro presente era tan seguro como una inmersión en el Pisuerga buscando cocodrilos pequeños, nutrias gigantes o quizás cenutrios que se presentan como expertos. A estas horas se desconoce si el ministro se lio como las tiras de cuerda de una cáliga de un soldado romano o, a sensu contrario, se desempeñó como un lenguaraz pretor vendedor de circo, a sueldo de su cónsul, Petrus Magnus Trolerus.

Crisis constituyente se oyó por dos veces en el Parlamento en boca del notario mayor del reino, ministro socialista y exjuez para más señas de que sabía, o debía saber, el alcance del torpedo que estaba soltando. Se frotaron las manos con fruición los diputados de las bancadas podemita y de los nacionalistas catalanes y vascos, conjurados todos ellos para acabar con el régimen del 78, si bien es verdad que cada uno con su zambomba de clase o tribal. Enfrente, otros diputados de la oposición de centro y de derecha se frotaban los ojos mientras les zumbaban las orejas con la barbaridad oída. Otros tantos presentes, los socialistas, aplaudían la nueva ración de circo dispensada generosamente desde su gobierno. Por cierto, percátense de que los diputados sanchistas, en una evolución digna de un raro Pokemon, ya aplauden con más entusiasmo al vicecónsul Paulus Magnificus Nepote que al propio cónsul Petrus.

Y disculpen ustedes este mi latín tan vulgar, consecuencia triste de tantas sesiones de circenses cuando se esperaba más panem. Pues circo y no otra cosa es el plato miserable que nos sirven hasta el hartazgo. Lo de amagar con una reforma constitucional, incluso con una III República, no es nuevo en algunas filas aunque resulta ocioso -aún más inquietante-  cuando se sabe que no hay mayorías ni consenso posible en torno a esas posibilidades. Con todo, no parece hacerse camino a una nueva república sino, siguiendo el juego que da la Roma clásica, a un simulacro de imperio para emperadores raros que acabarán surgiendo de entre los cónsules que, como los actuales, regalen los más tontos números de su circo político al pueblo.

Recuérdese que los últimos números en la pista han sido arriesgados y ha peligrado la vida del artista o ministro-vicecónsul. Pienso en el extraño caso de Ábalos en el aeropuerto de Barajas con el llamado Delcygate por no llamarlo Abalosgate.  El hombre salvó la integridad, creo, por su pasado torero porque las cornadas fueron grandes y graves aunque no le tumbaron para siempre. Más cerca, el asunto de Marlaska también fue grande como su otro apellido. Ahora yace herido pero se reanima con el aire que le insufla Petrus, el primer cónsul monclovita, ayudado por el ventilador de su colega, la fiscal general que siempre ayuda a despistar.

Es la mentira, la patraña más burda, la que les lleva a la arena del circo que solo ellos han montado y donde siguen cayendo torpemente. Su futuro KO se prevé técnico y estrepitoso aunque no sea inmediato. Está de moda, se diría, seguir las enseñanzas del que pasa por ser el jefe de pista de este circo más malo que romano. No es otro que el vicecónsul Paulus, el mismo que tira de nepotismo para su agencia de colocación, de negación de los hechos como pantalla y de bronca, provocación e insulto (fascistas todos, amiguitos) como su mejor y único número de circo. El cónsul, mientras tanto, ríe y aplaude las gracias de su segundo entre discursos a la plebe anunciando pan y ofreciendo solo un circo de palabras peleadas con la verdad de los hechos.

Así se va levantando aquí un tinglado de márketing político con poco más que eslóganes de todos los nocivos -ismos de lo que este gobierno y sus adlateres tienen por moderno. A saber y entre otros: el presunto antifascismo, el feminismo del odio, el inútil anticapitalismo, el conflictivo nacionalismo y, el último de la saga, un ridículo negacionismo histórico. Se sirven todos ellos con alegría para consumo voraz de adeptos, a lo peor ya adictos. Con ello se asegura que habrá una fenomenal indigestión y eructos posteriores con nuevas reelaboraciones para nuevos fieles. El nuevo homo hispanicus, el que quiera al menos, ya tiene su religión y con ella no le faltará de nada, salvo el pan a poco que se despiste. Crisis constituyente, los cojones. Aquí lo peor es que se nos pretende inocular una crisis de sentido común, de respeto por la verdad y por la historia misma.

 

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1 Comentarios

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#1 Pepe, Alacant, 20/06/2020 - 10:28

Mientras llueva el crédito, todo este juego de trileros y demagogos no tendrá fin, pero el día que, por excesivo, dejen de financiar nuestro déficit, ni pan, ni circo, la cruda realidad, y será crudísima.