La Puntita · 23 de Mayo de 2022. 10:27h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

Aragonès, un Torra sin estridencias

De Quim Torra, expresidente con un retiro dorado en Girona, se recordará su nulidad como gobernante, su palabrería adusta en torno a la independencia, su “apretad, apretad” animando a los radicales, su pancarta en el balcón de Palau, su contumaz desobediencia de fachada a los tribunales, su nada heroica inhabilitación, su ridícula metáfora de la ratafía, y poco más.

Después de Torra, Pere Aragonès, que cumple un año como presidente, ha sido un alivio.

 No tiene las estridencias de Torra, ni sus antecedentes hispanófobos - aquellas palabras obscenas de Torra dedicadas a los españoles, “bestias con forma humana” -, se le considera un pragmático, parece interesarse por la gestión, está más en el despacho que en la calle, habla de algunos problemas reales, su trato personal es afable, sus desplantes al jefe del Estado son casi circunspectos, solo se esconde cuando llega, después  se sienta a su mesa pese a la desvergüenza de haber alentado la campaña “Yo injurio a la corona”.

Pero su objetivo es el mismo que el de Torra, su abuso de la institución que preside también, su desprecio al Estado igual, su negación de España idéntica, su diletantismo presidencial menor, pero parecido en el fondo, su ninguneo de los catalanes no independentistas comparable.

 Los destinatarios preferentes de sus palabras e iniciativas políticas son los que votan a los partidos independentistas, en particular al suyo, ERC. En su primera alocución de Navidad como presidente se despidió con un sonoro y fuera de lugar “Visca Catalunya lliure”.

Lo tiene dicho, lo repite a menudo: su propósito presidencial es “la culminación de la independencia”, llegar al final del proceso de independencia, alcanzándola -que eso es culminar-. Lo que Torra tanto lamenta no haber logrado.

Aragonès cultiva la ambigüedad, no se apunta al “desbordamiento democrático” de la CUP ni abiertamente a la no menos épica “confrontación con el Estado” de Junts. “Sin renunciar a nada” -coletilla obligada-, su vía preferida hacia la “resolución del conflicto”, o sea hacia la independencia, es el ejercicio del derecho a la autodeterminación de Cataluña. Acaba de reiterarlo en su cuenta de Twiter

Sabe, o debiera saber por su condición de licenciado en derecho, que en la doctrina y la práctica internacionales sobre independencia de territorios no cabe, en absoluto, tal ejercicio por parte de Cataluña.

 Pero insiste, prescinde del contexto social, del derecho internacional, de la ONU, de la Unión Europea, de la OTAN, y le pone nombre: “Pacte nacional per l’amnistia i l’autodeterminació” y dedica tiempo y energías, suyos y de muchos, a esa entelequia, igual como hizo Torra, que incluso quería “llevar la autodeterminación a Bruselas”, lástima que no lo hiciera, el revolcón habría sido monumental.

Torra no militaba en un partido, simplemente era un activista de salón del independentismo metido por chamba en el hábito de presidente de la Generalitat, de ahí su imprevisibilidad, sus radicalidades fuera de guion que sorprendían a propios y a extraños.

Aragonès sí que es hombre de partido. Y eso lo atempera, le obliga a modular su actuación. ERC, partido de gobierno y en el govern, tiene muchos compromisos e intereses en las instituciones y en la nomenclatura, para satisfacerlos necesita pactar con unos y con otros.  

 Aragonès no es un lobo solitario, se debe a ERC y a sus cambalaches. Su “pragmatismo”, que tanto le alaban, no es más que eso.

Las palabras inflamadas por vía telemática de Quim Torra en la Nochevieja de 2020 – palabras por libre, puesto que ya había sido inhabilitado- fueron el último coletazo de un estilo. Cargó contra España con ensañamiento y se volcó en la denuncia del “retroceso moral del Estado”, calificando el momento de “la mayor represión vivida desde el franquismo”.

Aragonès en el aniversario del 14-F vituperó al Estado, ignoró a España, exigió un referéndum de autodeterminación, abogó por la independencia, pero lo hizo “educadamente”.

 La diferencia entre Quim Torra y Pere Aragonès, es esa, de estilo.  Este pretende lo mismo que aquel, pero manteniendo ciertas formas. No hay que esperar nada de Aragonès, también cree que habrá un momentum.  Solo es un Torra sin estridencias, agazapado.

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