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La Puntita · 30 de Septiembre de 2019. 10:02h.

ÁNGEL PUERAS

Barcelona es capital

¿Por qué no hay nacionalismo en las capitales de los Estados y sí en los lugares geográficamente excéntricos? En las parejas Inglaterra-Escocia, Lazio-Padania, Bruselas-Flandes, Ille de France-Bretaña, Brandeburgo-Baviera y Castilla-Cataluña el primer elemento alberga la capital y el segundo, un nacionalismo. El particularismo brota donde las élites intelectuales y políticas se sienten alejadas del poder. Y para “sentirse” afectivamente alejadas, primero tienen que “estarlo” geográficamente. El alejamiento geográfico es requisito imprescindible, pero no suficiente, del alejamiento afectivo. Los hombres consideramos lo próximo como algo nuestro y lo lejano como algo ajeno.

Quien esto escribe es un madrileño residente en Barcelona desde hace largos años. El madrileño tiene pegado el Estado a la piel, pues lo percibe como algo familiar, y no extraño. Los ministerios no son edificios ocupados por inaccesibles y engolados funcionarios que adoptan decisiones caprichosas o egoístas, sino vecinos o familiares al servicio del Estado. El madrileño pasa ante un edificio del Estado sin reparar en su monumentalidad ni en el “inmenso” poder que reside en él. La capitalidad forma parte de nuestro paisaje visual y emotivo. No la vemos como un enemigo. Muchos catalanes nacionalistas, distantes del poder, sí.

En la escalera de la solidaridad nacional el alejamiento geográfico es el primer peldaño descendente. El segundo, el alejamiento afectivo. El tercero, ya es el rellano del extrañamiento, donde estamos instalados en la percepción de ser otra nación. Del sentimiento de solidaridad (integramos el mismo sólido), al de alteridad (somos otros). Si no tenemos nada en común, ¿por qué compartir Estado, que nos es ajeno y extraño?

Y el extraño (el judío, el masón, el jesuita, el inmigrante, Madrid, la conspiración jacobino-mesetaria…) es el blanco de todos los reproches y la fuente de todos los temores. Es más cómodo atacar un poder distante que uno cercano. Es más sencillo cargarle con nuestras frustraciones que aceptar nuestra responsabilidad. Y para prueba, la sempiterna conducta de las autoridades nacionalistas catalanas.

¿Cómo no desconectar políticamente del lejano poder que no nos escucha, que no nos atiende, que, incluso, conspira para perjudicarnos? La distancia provoca desconocimiento, y sus lagunas se rellenan con fantasía conspiranoica (ya sabemos, la Guardia Civil falsea pruebas y detiene sin causa).

La instalación en Barcelona de algunas sedes estatales (al modo europeo, cuyas sedes se hayan dispersas por la geografía comunitaria) mitigaría la sensación de extrañamiento. Por ello Jordi Pujol y Xavier Trias respondieron con displicencia y rechazo a esta medida. “Contra Madrid vivimos mejor”, parecen decir. Saben que la cocapitalidad perjudica al nacionalismo.

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2 Comentarios

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#2 pepe, andorra, 09/10/2019 - 11:42

SI Barcelona fuera autonomía o las autonomías no fueran mas q meros entes de gestión de recursos sin capacidad legislativa, estaríamos en otros caminos menos espinosos para la clase media pero mucho mas parcos a la hora de trincas por parte de muchos espabilados, de esos q siempre abundan y q no se sabe como quitarse de encima sin ser agresivo.

#1 botifler1914, Waterluxe, 30/09/2019 - 13:35

Una muy interesante reflexión, tal vez lo que hay que buscar es un estado descentralizado geograficamente pero un solo estado y nos cargamos los reinos de taifas, hoy en día, descentralizar el estado es posible.