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La Puntita · 7 de Abril de 2021. 09:41h.

ORIOL MOLINS

Presidente de Units per Avançar

Bloqueo y Decadencia o Pacto y Progreso (II)

Si en Catalunya consiguiéramos pasar a la pantalla de intentar el pacto, ¿cuáles podrían ser los mínimos para un acuerdo? Los que nos permitan seguir sentados en la misma mesa, aquellos que permitieran a los protagonistas defender los acuerdos ante sus parroquias sin ser tachados de traidores y los que faciliten a todos ver un avance respecto a la situación actual.

Por lo tanto, deberíamos huir de intentar acuerdos definitivos, o que intentaran ser la solución perfecta y a todos los desecuentros existentes. En mi opinión, hay varios puntos que podrían ver la luz.

El primero es el reconocimiento de la nacionalidad catalana dentro de la Constitución. Es un punto de aceptación y respeto mútuo.  Las nacionalidades ya están en nuestra Carta Magna, pero no se han desarrollado y muchos cuestionan aún la autonomía misma. Reconocer esa inequívoca voluntad de ser de la sociedad catalana sin menoscabar el concepto jurídico de soberanía el Estado Español puede ser un punto de encuentro.

El segundo es articular mejores respuestas a la crisis social y económica. Una mejor financiación, inversiones en infraestructuras y el cumplimiento por parte del Estado la ley española que es el Estatut serían, sin duda, un punto en el que una amplia mayoría nos veríamos representados. Además, tendría muchas posibilidades de expresarse y materializarse.

El tercer punto es el más complejo, pero es imprescindible, pues los dos primeros son insuficientes para ambas partes. Me refiero a la situación de los presos. En primer lugar, el orden de los conceptos en sí mismo imposibilita un diálogo. Si les llamamos presos políticos, es una afrenta al sistema legal y jurídico español. Si les llamamos políticos presos, es otra ofensa para la parte independentista, por lo que sugiero utilizar un respetuoso “presos” que evidencia la triste realidad de dichas personas y sus familias.

La amnistía equivale a admitir una causa generalizada, injusta, impuesta por un régimen arbitrario, por lo que plantearla nos aleja del pacto. La reformulación del delito de sedición de forma que se ajuste mejor a los hechos ocurridos y beneficie a los presos con una pena menor que les permita salir de prisión es una buena solución, pero exige un acuerdo amplio y podría ser bloqueado en los Tribunales. Por eliminación de alternativas llegamos al indulto y a la aplicación de los beneficios penitenciarios como vías posibles. Sin embargo, me temo que para llegar a ellos es necesario un acuerdo de lealtades entre las partes, de voluntad de corregir y no repetir errores, de abrir un largo paréntesis. Un alto el fuego que permita a los respectivos gobiernos priorizar los retos que pueden hacer peligrar de veras nuestra sociedad: la pandemia económica, el paro y las desigualdades que nos interpelan principalmente.

Sin duda muchos echarán de menos ir más lejos, y lo verán insuficiente. Es un punto de partida, no un final de trayecto. Nadie debe renunciar a sus principios, ni al referéndum, ni a la Constitución, ni a sus lenguas o identidades. Sería un acuerdo para dejar de cavar el hoyo y de hacer el agujero más grande. Sería únicamente un pacto para darnos oportunidad como sociedad para evitar desgastarnos inútilmente y caminar hacia la decadencia. Un pacto para ponernos de nuevo en marcha, e intentar volvernos a sentir orgullosos de nosotros mismos afrontando conjuntamente estos dificilísimos retos. El progreso sería entonces más probable, el pacto es la condición sine qua non. Sin duda lo intentaría.

 

Oriol Molins, presidente de Units per Avançar

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