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La Puntita · 9 de Junio de 2018. 08:18h.

PEP DE NEL

Borrell, caballo de Troya contra España

Toda la política parece haber cambiado en una semana. Tras la moción de censura del pasado viernes y la toma de posesión del nuevo gobierno Sánchez, algunos auguran el retorno al bipartidismo imperfecto PSOE-PP, el fin del espejismo de los partidos emergentes (en especial, de Ciudadanos), y la vuelta de los secesionistas a la senda constitucional. Y lo argumentan, afirmando que el “giro a la derecha” del gobierno Sánchez —con nombramientos de ministros como Borrell, Calviño, Grande-Marlaska— se comerá el espacio que Ciudadanos estaba conquistando en las últimas encuestas; que el PP en la oposición, con un liderazgo renovado y fresco y con una estructura política ventilada del aire viciado de la corrupción, será la alternativa a los socialistas a medio plazo; y finalmente, que la reforma constitucional y fiscal en ciernes satisfará a los secesionistas catalanes y vascos y les dará una salida digna ante su clientela para que renuncien a su imposible aventura independentista.

Nada más lejos de la realidad. En primer lugar, sólo han cambiado los sujetos políticos, se ha sustituido al PP por el PSOE, a Rajoy por Sánchez, pero las políticas no van a experimentar cambios sustanciales: el gobierno entrante aplicará los presupuestos aprobados por el saliente y, paradójicamente, rechazados por ellos mismos cuando estaban en la oposición. Y no sólo por exigencias del PNV y su cuponazo, sino porque a ambos partidos les diferencian solo cuestiones de matices pero no de fondo. En segundo lugar, los motivos que hicieron emerger a los nuevos partidos, como Ciudadanos (necesidad de regeneración, lucha contra la corrupción, descomposición territorial y nacional, etc.) no han variado en la última semana y no podrán ser satisfechos por unos partidos viejos aunque intenten imitar a los nuevos en sus políticas. En tercer lugar, el eje Izquierda/Derecha de origen decimonónico ha quedado superado por el eje España/ Antiespaña, que resultaría ser una adaptación española del eje Soberanía/Globalización que observamos en todo el mundo y que explicaría, por ejemplo, cómo en Italia se han podido poner de acuerdo la mal llamada “extrema izquierda” (Movimiento 5 estrellas) y “extrema derecha” (La Liga) para gobernar: porque no actúan según el eje izquierda/derecha, sino porque comparten tesis soberanistas. O en Cataluña, explicaría cómo los secesionistas, tanto de derechas (PDeCAT), como de izquierdas (ERC) y de extrema izquierda (CUP) se han entendido tan bien, en un pacto que hace 100 años sería contranatura (imagínense Uds. un pacto entre La Lliga de Cambó / Foment y la CNT: pues no se puede ni imaginar). La especificidad hispana de este eje vendría determinada no sólo por las tensiones provocadas por la pérdida de soberanía en favor de organismos internacionales y/o entes supraestatales (globalización), sino sobre todo por la disgregación territorial o la disolución de la soberanía nacional en favor de entes regionales que buscan convertirse en entes novo-nacionales (secesionismo).

Así, esta doble tensión, ad extra y ad intra, en España adquiere una relevancia propia, específica y determinante, y configura el eje España/Antiespaña. El PSOE se sitúa en la posición Antiespaña, tanto por el modo de alcanzar el poder (en 2018, con los votos de bildu-etarras, secesionistas catalanes y vascos, chavistas de Podemos, comunistas de IU, etc.), como por las políticas que aplica: así, Pedro Sánchez, por un lado, afirma en el discurso de su toma de posesión como
presidente del Gobierno que «Europa es nuestra nueva patria». Nueva, sí. Y, por otro lado, prepara las reformas constitucionales, financieras y fiscales, con la buena intención —se le supone— de satisfacer a los secesionistas y mantener así la unidad del Estado, que no de la Nación. Ésta es la tesis que ya propuso el socialista Pascual Maragall en su día, denominada como «federalismo asimétrico» (una contradictio in términis, pues todo federalismo supone la igualdad de los Estados miembros), o las propuestas confederales del nacionalismo vasco desde tiempos de Sabino Arana, la Euskadi basada en la «unidad de raza [vasca]».

Esta tesis de reforma constitucional y fiscal, para satisfacer las ansias secesionistas, es compartida por Josep Borrell, quien el 27 de septiembre de 2015 publicó en el diario El País: «No obstante, por grandes que sean las falsedades de los independentistas, España tiene un grave problema en su relación con Cataluña. La “conllevanza” orteguiana no es ya la solución, si es que alguna vez lo fue. La abúlica indiferencia de Rajoy, tampoco. Y algunas de sus actuaciones agravan el problema. Una sociedad no puede desarrollarse normalmente en el seno de un Estado si una parte muy importante de la población cree que estaría mejor sin él. Pase lo que pase, habrá que restablecer el diálogo, mejorar la información, extremar el respeto y hacer las reformas constitucionales, financieras y fiscales necesarias para que esa parte disminuya hasta el límite de los que hacen de la independencia una cuestión de dignidad ante la que no hay razones que esgrimir. Pero que no justifica un salto en el vacío negando la ley de la gravedad.»

Esta tesis es un error. Es la vieja estrategia —aplicada sin cesar desde la Transición— de dar de comer a los nacionalistas con la buena intención de saciar su hambre. El resultado, cuarenta años después, ha sido el contrario: el nacionalismo ha engordado hasta convertirse en el monstruo que es hoy. En 1978, el porcentaje de independentistas era irrelevante, pero hoy es un grave problema que mantiene abducidos a la mitad de la población catalana y vasca. El nacionalismo tiene un hambre voraz, que nunca se colmará. Tras conseguir las competencias en educación, quisieron más. Aunque consigan la reforma financiera y fiscal, querrán más. Aunque consigan una nueva Constitución que les otorgue un status casi independiente, querrán más. Aunque consigan la misma independencia de Cataluña, querrán más: Mallorca, Valencia, los Països Catalans. Aunque consigan los Països Catalans, querrán más: el Rosellón, Llenguadoch, NeoPatria... o incluso la Luna, si no se les frena.

No, la reforma constitucional, financiera y fiscal no saciará el hambre voraz de los secesionistas. Al contrario: engordará aún más el problema nacionalista. Porque el nacionalismo catalán no es una ideología política, sino una alucinación colectiva, una venda moral que ofusca el alma. Sólo así se entiende que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, afirme —tan ancho— que los catalanes somos una raza superior y que los españoles tienen un bache en el ADN; o que los catalanes no podemos ser racistas porque somos catalanes (sic). El nacionalismo impone sus tesis como si fueran dogmas de fe; construye una realidad virtual-nacional paralela y simulada; manipula la Historia para adecuarla a su ideología; narcotiza a los ciudadanos con fantasías autodestructivas; malversa sistemáticamente los fondos públicos para alcanzar sus objetivos sociales y, de paso, enriquecerse personalmente.

Josep Borrell, involuntariamente, hace el juego a los nacionalistas de dos formas: por un lado, con su perfil no independentista, provoca el aplauso y la satisfacción de los no independentistas, que respiran aliviados pensando que el nuevo ministro sabrá combatir a los nacionalistas. Nos
desactiva. Por otro lado, con su propuesta de reforma constitucional, financiera y fiscal, sigue engordando al nacionalismo, que quema una etapa más, a la espera de la siguiente, y las sucesivas. Actúa, quizá sin saberlo y en contra de sus objetivos, como un caballo de Troya contra España.

Cuarenta años de alimentar el nacionalismo han servido para engordarlo, no para satisfacerlo. Es hora de que “en Madrid” cambien de chip y prueben algo nuevo: poner a dieta al nacionalismo, para derrotarlo. Sí, el nacionalismo se puede derrotar, igual que la fiebre amarilla se puede curar. Se podría empezar, por ejemplo, con cerrar el grifo de la financiación a organizaciones como Òmnium Cultural o la ANC, eliminar la inmersión lingüística y el adoctrinamiento en las escuelas, despolitizar TV-3 y los medios de agitación de masas, modificar la ley electoral central y autonómica para igualar la representatividad de los individuos. Se podría empezar, por ejemplo, con querer derrotar al nacionalismo, en vez de alimentarlo con concesiones sin fin.

En el eje España/Antiespaña, partidos políticos como Ciudadanos y VOX se situarían en la primera posición. En concreto, Ciudadanos ocuparía el espacio de la socialdemocracia que no pacta con secesionistas y bildu-etarras, y que sustituye la vieja estrategia de alimentar el nacionalismo, para cambiar el chip: ponerlo a dieta y derrotarlo. Así, si se trabajan bien estos vectores, como traca final del procés resultaría que un catalán no nacionalista, Albert Rivera, podría llegar a ser presidente del gobierno español, el primero desde el siglo XIX, desde el General Prim, Estanislao Figueras y Francesc Pi i Margall. En tal caso, y en concepto de última cena, Rivera podría regalarle a Jordi Pujol un jamón. Un jamón ibérico, por supuesto. O un surtido de chorizo ibérico. Último alimento al nacionalismo, antes de ponerlo a dieta y derrotarlo. ¡Sí, se puede!

 @Pep_de_Nel

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10 Comentarios

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#6 Yopyop, Tabarnia, 16/06/2018 - 17:24

He parat de llegir quan ha comparat la Cup amb la CNT de comensaments del segle pasat.

#5 Gali Boadella, Puebla, 16/06/2018 - 04:44

Es alucinante lo que estoy leyendo. Nunca pensé que pudiera existir una prosa así. Felicitaciones. es toda una hazaña.

#4 pepe, andorra, 14/06/2018 - 15:20

por una España de todos, la escuela en español...

#3 ElhombredelPatinete, Tabarnia del Llobregat, 13/06/2018 - 11:47

Muy buen artículo, lástima que no llegue este mensaje fuera de Cataluña.
De seguir así acabaremos como en la primera República, necesitamos un tratamiento de shock ya, antes de que se muera el paciente. Quitar las 17 comunidades autónomas sería otro acierto.


#2 M. Pilar, Barcelona, 09/06/2018 - 10:57

Madre mía, ¡vaya empanada mental! Mezcla churras con merinas. Los independentistas que han crecido como la espuma, lo han hecho al pairo de una gran crisis económica, de ahí la prisa en llegar a la indep. Demos tiempo al tiempo y ya veremos qué pasa cuando cambie el panorama económico y otras políticas. (Tiene ventaja, más espacio para el discur

#2.1 Protágoras, bcn.España, 09/06/2018 - 12:35

Te equivocas, los independentistas que ha crecido como la espuma lo han hecho al pairo del "Programa 2000". Si te molestas en leerlo, (está en internet) comprenderás por qué en las primeras elecciones había 1 (uno) diputado independentista y ahora son más de la mitad. La crisis solo la han aprovechado.

#2.2 M. Pilar, Barcelona, 09/06/2018 - 16:19

Protágoras, me parece que decimos lo mismo aunque no lo expresemos igual. Han crecido fuertemente en un contexto de crisis económica porqué ofrecían la luna.

#2.3 pepe, andorra, 14/06/2018 - 15:20

y una higa, la crisis es solo el subterfugio, esto esta preparado hace decadas y lo he visto en la enseñanza y en la ocupacion totalitaria q los separatas han ido haciendo poco a poco con la prensa y por supuesto con la inestimable ayuda de politicos nacionales q pensaban q con la tension separata se justificaban los pesebres autonomicos.

#2.4 Protágoras, bcn.España, 14/06/2018 - 18:09

Llevan décadas gastando miles de millones de dinero público en sobornar, subvencionar, y adoctrinar en todos los campos; escuelas, tvs, radios ,diarios, embajadas. Pero se equivocaron al pensar que el asunto estaba ya maduro para dar el golpe de estado.