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La Puntita · 22 de Mayo de 2020. 13:04h.

MIREIA DEL POZO

Directora Plusvàlua Dones

Broche de oro para la coeducación y las masculinidades

El Covid19 nos ha brindado una oportunidad única: educar en la igualdad. Momento estelar para romper barreras, falsos mitos y estereotipos des del ejemplo, en casa. El primer agente de comunicación por excelencia, la familia, 24 horas al día junta todos los días de la semana durante un largo periodo de tiempo (el que jamás habíamos vivido en nuestra cultura desde hace varias generaciones). Esta situación puede ser maravillosa o devastadora, en función del buen (o mal) hacer de los progenitores. Pues la descendencia es fiel reflejo de comportamientos, hábitos y actuación. El ser humano actuamos cómo un espejo del quien tenemos enfrente, consecuentemente ahora de aquello que vemos en casa.

Los tiempos. La relatividad del tiempo se ha hecho más palpable que nunca, evidenciando nuestra tendencia clasificatoria de ansias expiatorias; entiéndase como tal, por ejemplo, el tiempo de calidad. El tiempo de homosociabilidad, concepto de socializar con nuestro mismo género del que nos habla el Sr. Welzer-Lang, es crucial en lo que se refiere a la construcción de la propia identidad de género, reforzándonos mediante los comportamientos grupales. De aquí también la gran importancia de lo que vean y vivan en casa estos días nuestros hijas e hijos. Véase, afortunadamente, la proliferación en los últimos años de redes de networking de y para mujeres, haciendo ahora el salto al mundo on line para poder seguir el contacto. Precisamente por el tiempo nuevamente.

El tiempo nos hace adaptarnos, actualizarnos. Y el tiempo fue quien llevó a que surgieran estas redes de networking. Por las realidades del tiempo entre hombres y mujeres a nivel laboral que diferenciaban el tiempo de cerrar los negocios y toma de decisiones en horarios fuera del horario laboral establecido. Ocupando así tiempo personal, de ocio o familiar. Como estaba establecido que el tiempo público pertenecía a los hombres y el privado a las mujeres, las armas para jugar en el tablero del tiempo de poder no eran las mismas, invisibilizando así a las mujeres porque si no están no opinan, y si no opinan no estarán en las cúpulas de poder. Y así la noria se perpetua girando incansablemente sobre el mismo eje de un solo ojo. Perpetuándose así la visión parcial de la sociedad dónde realmente las mujeres somos más de la mitad de la población.

Y con todo este tiempo que ahora pasamos en casa, con los nuestros, compartiendo el mismo espacio, es el momento de una correcta e igualitaria distribución de las tareas si aún no se había hecho en el día a día de la anterior llamada "normalidad".

Somos personas. Tenemos capacidades todos y cada uno de nosotros, distintas y complementarias, enriquecedoras. Estamos preparados, más que preparados y habilitados, para llevar a cabo las mismas tareas. Y este es el momento de construir realidades, sumando.
Mujeres y hombres podemos realizar las distintas tareas del hogar con una distribución de mitad del pastel para cada uno, del mismo modo que niños y niñas. Las niñas, por el mero hecho de ser niñas, no tienen que tener más tareas que sus hermanos varones, esto ya sería un ejemplo nefasto que unos y otros arrastrarían de por vida. Cada individuo debe ser responsable, responsable de lo suyo y esta responsabilidad, a la vez que autonomía, debemos trabajarla y enseñarla en casa.

Cada persona hace su cama, ordena su ropa y debe llevarla hasta la lavadora, pues hasta la fecha la ropa no anda sola! Cuántas madres de adolescentes se quejan de la "inutilidad" de sus hijos, incapaces tan siquiera de poner una lavadora. Acostumbrados a "tener a alguien que siempre les va detrás". ¡Curioso! Cuando una lavadora tiene menos botones que un teléfono móvil, sólo se trata de girar una rueda y apretar un botón, previa puesta de jabón por supuesto... pero a veces las más grandes evidencias son las que más debemos remarcar. Ni pasar la escoba es difícil ni el mocho es un artefacto de la NASA, son palos con los que con 5 minutos puede cambiar la limpieza completamente y pasar un trapo por los muebles nos lleva menos tiempo que vestirnos si cada uno hace un espacio.

Concienciación, coherencia y buen reparto, por supuesto a partes iguales, para aprovechar este maravilloso momento. Y hacer. Hacer, hacer, hacer. Sólo haciendo y predicando con el ejemplo, lo logramos!

Así tendremos, al fin, personas muchísimo más preparadas, equlibradas, equitativas, responsables y autónomas!

Mireia del Pozo

Directora Plusvàlua Dones.

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