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La Puntita · 13 de Mayo de 2021. 07:32h.

RAFAEL ELÍAS

Cerrar los bares

A veces, al alba, uno se despierta con una melodía flotando en la cabeza, cual barca varada en la bahía, y no hay manera de sacársela de encima (la melodía, no la cabeza); tiene uno suerte si la canción es buena, porque a la ducha ella entra con él, y se desayunan juntos, y se visten y se calzan, y saltan a la calle, todo el día de la mano.

“Cerrar los bares” es un tema que se hizo más o menos popular en los ochenta entre los fieles seguidores del grupo madrileño ¨Los Secretos”. En realidad, es una adaptación de un clásico: “Close up the honky tonks”. En la versión de Enrique Urquijo —el más grande—, más allá del incorrecto uso del infinitivo como imperativo, nos encontramos con un tema en apariencia alegre, pero que oculta una extraña tristeza —al igual que el original americano—. No es para menos, un joven suplica, no queda claro a quién, el cierre inmediato de los bares de copas, ya que su amada es dada a perderse en la oscuridad de todos y cada uno de ellos, para dedicarse a la danza y al gambeteo (y al ligue con todo quisqui). Se trata de una letra que en la actualidad no superaría los preceptivos filtros de género.

El subconsciente es cosa complicada, voy con esta canción en modo bucle, aunque creo que tengo clara la causa. Resulta que hace poco vi en TVMàtrix a un tal Sàmper —un sucedáneo de conseller con aire de portero chungo de discoteca (de cuando estaban abiertas las discotecas, quiero decir)— anunciando una cierta liberación en el sector hostelero catalán, y soltó la noticia así, como el que va perdonando la vida a la peña, y se quedó más chulo que un ocho. Daba la impresión de que manejaba una zanahoria y pretendía colgarla ante un asno. Añadió —tal vez para que el bar de abajo no se hiciera demasiadas ilusiones— que estaban trabajando para dotarse de las herramientas adecuadas llegado el caso, porque una buena herramienta, decía, es esencial, y estar bien dotado lo era también. Por la noche me fui a la cama pensando en esas cosas, la herramienta, estar dotado, y la zanahoria, y caí en la cuenta de que tal vez el sucedáneo de conseller tenía razón, pues difícil es acertar un pleno al quince, pero también lo es no acertar ni una, qué cojones. Pero no. El tema iba por cerrar los bares otra vez. Alegrías, las justas.

A todo esto, leo que la Urbana de Lérida acaba de multar con tres mil euros a un restaurante por permanecer abierto pasadas las 23:00 horas —las 23:40, concretamente—, una propuesta de sanción que sin duda prosperará, ya que un hipotético recurso de alzada iría a parar al jefe de la Urbana, que es Miquel Pueyo, a la sazón alcalde también, que puede acreditar fehacientemente el incumplimiento denunciado, dado que él en persona estaba cenando en el local, sobrepasando el límite horario. A ver quién tumba esa acta (y a ver quién tiene huevos de echar al alcalde de un restaurante).

“Es innegable que todos —y yo el primero— debemos responsabilizarnos de nuestros actos", ha dicho Pueyo, pasando por alto el pequeño detalle de que la multa va al establecimiento. Las responsabilidades con pasta pican más. Tal vez esta sea la nueva herramienta de la que querían dotarse para “cerrar los bares”: enviar a cargos políticos a cenar poco antes del límite horario y freírlos luego a sanciones mientras se marca el chuletón (no Sàmper).

Me parece a mí que hoy en día la de hostelero es una profesión complicada, sólo superada en riesgo por la de ser hostelero leridano.

Con todos mis respetos, la multa, que NO la pague Rita.

 

“Cerrar todos los bares de la ciudad, tal vez así mi chica quiera regresar...” (Cerrar los bares – Los Secretos)

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1 Comentarios

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#1 JM, Barcelona, 16/05/2021 - 15:31

Pensé que lo de la multa al bar sería un error... que no podía ser... pero efectivamente, así ha sido. Excelente artículo