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La Puntita · 18 de Agosto de 2020. 19:17h.

ALEJANDRO SOLA GUZMÁN

Politólogo

Con eñe de ñu

Renqueante, lento y cabizbajo se dirige perezoso el animal a matar su sed en la charca. Tras calar su hocico barbudo en aquella agua marrón sigue, no sin trastabillarse, su paso. Más de cien kilos de fragilidad, golosa presa para los depredadores más oportunistas. Leones, guepardos, licaones, cocodrilos, o incluso algún hambriento y proactivo buitre, parecían ser llamados a tal provocación. La debilidad es palpable, por más que de su sien prendan aún dos cuernos robustos, al viejo ñu parecen quedarle pocas fuerzas para sostener con dignidad la ya ornamental cornamenta. Muchos kilómetros sobre sus delgadas patas, demasiadas batallas perdidas entre su grey y un horizonte lleno de amenazas externas. Su inerme existencia proyecta a leguas su vulnerabilidad, y hasta los más cobardes, cuando se le acercan, parecen sentirse valientes.

Transita similar a este animal la actual situación política, económica y social del Reino de España. Una fragilidad notoria que emana de su convulso interior y se muestra en su limitado poder exterior. Se ensañó decidido el coronavirus con nuestro país procurándole especial protagonismo y liderazgo entre todos sus dolorosos rankings: número de casos, mortalidad por habitantes, rebrotes, restricciones individuales o impacto económico. Causa y consecuencia de una discutible gestión gubernamental llena de opacidad y vacíos discursos grandilocuentes. De recomendaciones que acabaron en obligaciones y equipos de expertos fantasma. No sólo comparten virgulilla nuestra España y nuestro ñu.

Políticamente, un polarizado e histérico Congreso de los Diputados (y diputadas, también) saca lo peor de cada familia ideológica, sin reparar en riñas, acechanzas y artificios. Un débil economista preside el primer Consejo de Ministros (y ministras, insisto) de coalición en el que convergen socialistas, socialdemócratas, moderados, marxistas, comunistas, podemistas y, como en cualquier lugar de poder, oportunistas. Con la oreja pegada a la puerta de Moncloa encontramos a nacionalistas vascos y catalanes, conscientes de su poder tras haber aupado y permitido que el actual gobierno sea Gobierno. —¿Qué hay de lo mío, señor? Recuerde que quién le puso también le puede quitar, no se olvide de nosotros o nos olvidaremos de usted. La diversa y desorientada oposición se mueve entre la acracia y la reacción, entre Yugoslavia y Hungría, pasando por Eslovenia o Singapur. Cuatro elecciones, dos mociones de censura (con la tercera programada para este mes de septiembre), la declaración de independencia de una comunidad autónoma y la aplicación del artículo 155 en los últimos cinco años no parece el mejor síntoma de robustez y estabilidad institucional.

El último revés internacional, protagonizado por la no presidencia del Eurogrupo de la vicepresidenta económica Nadia Calviño es una muestra más de como a este circo le crecen los enanos. De norte, con la oposición y mirada desconfiada de los llamados frugales, a sur, con la ampliación de las aguas territoriales marroquíes en pleno estado de alarma. En política exterior, lo mismo nos roba Turquía los respiradores como nos compara con ella Puigdemont. Lo mismo se salta un expresidente la cuarentena para dar un paseo como mandan a paseo nuestro turismo gobiernos extranjeros a través de recomendaciones y cuarentenas. Abren telediarios tanto la marcha de empresas multinacionales como la de reyes eméritos.

Pero la última manifestación que hemos visto ha tenido que ver con un partido de fútbol suspendido. De Segunda División es el indolente espíritu crítico de muchos ciudadanos y representantes en un momento en el que nos jugamos tanto. No hay institución sin cuestionar, ni estrato social sin indignados, fogonazos de ira que deben existir siempre de la mano de una nueva idea de país, de propuestas e ideas. Con diálogo, sin pasar facturas y sin buscar enemigos en nuestro propio redil, evitando que cualquier debate encima de la mesa acabe siendo un escándalo mayúsculo. El páramo de liderazgo, lealtad y estabilidad política del que disponemos como herramienta no se antoja suficiente para afrontar esta dura situación. Conscientes de que es mucho más difícil crear que destruir es momento de valientes, que no inconscientes; de nobles, que no fanáticos; y de ciudadanos libres e iguales que pongan su grano de arena para que este viejo ñu pueda trotar como antaño.

Precisamos de una sociedad decidida a remar en una misma dirección, o por lo menos a no agujerear la barca del vecino. Para poder dar algo de batalla y encajar mejor los envites, para poder empezar a abandonar esta endeble posición nacional e internacional.

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2 Comentarios

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#2 Fede, Barcelona , 22/08/2020 - 11:42

Gran análisis de la situación. Muy buen texto.

#1 Taibilla, Yeste, 19/08/2020 - 17:44

Si ya lo decía mi abuelo; "años de rojos, hambre y piojos". Está izquierda cool, de niños pijos más que de obreros, se ha visto que eran muy buenos a la hora de hacer diagnósticos (como todos), pero nefastos en el momento de ejecutarlos. Y agarraos los cinturones, porque nos quedan 4 años de esta gente en el gobierno.