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La Puntita · 5 de Mayo de 2020. 08:35h.

DIEGO GAFO

Crispación insoportable

Usted habrá comprobado, especialmente durante esta crisis del Coronavirus, aunque es algo ya generalizado, el elevado grado de crispación de la sociedad. Esta semana, ha resultado curioso el caso de Rafa Nadal. Durante una charla virtual organizada por la Federación Española de Tenis, tuvo la ocurrencia de afirmar que el Gobierno no había tomado las medidas oportunas para frenar la pandemia. A partir de ese momento, dio igual que el tenista balear sea considerado por millones de españoles como el mejor deportista español de todos los tiempos. Inmediatamente, un ejército comenzó a atacarlo despiadadamente en las redes sociales, desprestigiándolo y acusándolo. No ha sido el único caso. No hay que bucear mucho en la red para darse cuenta de que es algo que ocurre muy a menudo. O eres de los míos, o estás contra mí. Hay que seguir la corriente de pensamiento oficial. Nadie se puede salir de la vía. Ocurre también los medios de comunicación. Las tertulias están compuestas siempre por profesionales con la misma afinidad política, eliminando de un plumazo la controversia. Hay que pensar lo que nos dicen que hay que pensar. 

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A la hora de atacar al enemigo, el modus operandi es bastante sencillo. Lo primero que hay que hacer es desacreditar los datos del oponente. Todos sabemos que hay mentirijillas, mentiras, grandes mentiras... y estadísticas. No hay nada más manipulable que los números. De esta forma, presentamos los datos que más se adecuen a nuestro propósito y así hemos ganado la primera batalla. Después se desprestigia a nuestro rival. Hay que atacar su formación. ¿Qué sabrá Fulanito de virus, o de lo que convenga, si es tenista, presentador de televisión, director de un periódico sin haber terminado la carrera, trabajador social o arquitecto? Aquí el abanico es muy amplio. Finalmente, se ataca alguna característica física digna de mofa. Tiene coleta, chepa, va en silla de ruedas, o simplemente porque es feo... A este nivel solo llegan los más rastreros, mas no lo descarten. Todo vale para conseguir el objetivo. Cuánto echamos de menos a Antonio Machado, cuando dijo que si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio. 

Esto es lo que tenemos. Un país en permanente estado de crispación y enfrentamiento. O piensa usted lo mismo que yo o es un facha o un rojo. ¡Un facha o un rojo! Vocabulario de hace 90 años. No hemos avanzado nada. ¿Quién es el culpable de todo esto? Hay quien opina que la culpa es nuestra. De los ciudadanos, puesto que tenemos derecho a todo. Y uno de nuestros derechos fundamentales es tener razón siempre. De ahí la famosa frase esa es mi verdad, como si la verdad pudiera modificarse según convenga. No hay espacio para la autocrítica y siempre queremos imponer nuestro criterio. Otros creen que los responsables de este despropósito son los de siempre. Los políticos, quienes disfrutan de estas encarnizadas luchas. Ellos prefieren tener el voto dividido porque les interesa electoralmente. Y les interesa, porque su única ambición es el poder. Si les interesara el país, ante situaciones de gravedad como el Coronavirus ahora, o la lamentable situación de la Educación, la Sanidad, los Servicios Sociales antes, habrían llegado a un gran Pacto de Estado. Pero no se hará. Y no lo harán, porque ellos, sencillamente, no quieren. Prefieren alimentar este odio al otro antes que aunar esfuerzos y conseguir que todos vivamos mejor. Usted, ¿quién considera que es el responsable?

Piensen.
Sean buenos.

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