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La Puntita · 30 de Marzo de 2020. 12:52h.

JOSÉ GONZÁLEZ

Crónica confinada en una columna (2)

Las cosas no van bien por aquí. Acababa el anterior artículo diciendo que necesitábamos un golpe de suerte. Lo del golpe lo oyeron perfectamente los dioses y lo de la suerte, malísima, se ha anclado a la gestión política de esta crisis. Sabíamos que el virus era devastador: China nos lo mostraba desde hacía dos meses e Italia era un espejo que nos llevaba dos semanas de adelanto. Pudimos y debimos habernos mirado y ver el reflejo de lo que nos venía. Y esta primera del plural va sobre todo por el gobierno, ni por usted ni por mí que somos unos mandados. Lo que tocaba -lo único importante que había que hacer- era reforzar con suficiencia la respuesta asistencial y médica en los niveles críticos. Y no se hizo, inexplicablemente.

Anoche, a las 23:40 horas, tras la bulla habitual del sector de ministros de lo suyo del predicador Iglesias, se publicó un decreto explicando cuáles eran los sectores que podían trabajar y cuáles otros debían parar hoy forzosamente. La norma entra en vigor a las 0 horas de hoy, veinte minutos más tarde de su publicación. Todo un récord de improvisación que se anotan estos gestores del ensayo/error/sorpresa (y vuelta a empezar), salvo excepciones de ministros contados. Será que no ha habido días, semanas, para tener claro el contenido de ese decreto. La falsa dicotomía entre salud y producción que parece haber detrás de ese texto nos puede traer más problemas añadidos. Como ejemplo cuando no se protege a los autónomos y a los pequeños empresarios por no (¿querer?) entenderlos como trabajadores las consecuencias estarán aseguradas. Y no se hace, inexplicablemente.

Ya hemos comprobado cómo, cuán torpe y perversamente, desde la dirigencia podemita se confronta y antepone lo público (bueno) a lo privado (malo). Cuesta pensar que no intuyan el mal que hacen al conjunto de los trabajadores asalariados. Todo un despropósito, otro más, solo en aras de los presupuestos ideológicos de la fraternidad cavernícola de Iglesias, “fake” progresismo como mejor definición. ¿Para cuándo, por ejemplo, la moratoria en el pago de cuotas de autónomos y de alquileres o hipotecas de locales dedicados a actividades económicas que ahora no ingresan nada? Eso también es gobernar a favor de los trabajadores y deberían saberlo incluso en la tribu morada paleolítica. O cuanto menos los que a veces parecen sus rehenes, los ministros socialistas y su presidente. Y no lo saben, inexplicablemente.

Como alternativa no soy partidario, ahora al menos, de un gobierno de concentración nacional con la presencia del PP y de Ciudadanos. Apuesto a que esa posibilidad traería más problemas que beneficios. Se notaría, y mira que es difícil, en la dificultad para tomar decisiones y ponerlas en marcha rápidamente. Pero ello no debería ser obstáculo para señalar la puerta de salida a estos malos ministros de Podemos. Se dedican a hacer burda política de partido, de trinchera ideológica incluso, en esta durísima tesitura. Solo hacen más daño al aparato productivo y social, al propio gobierno de la nación y, aún peor, a la moral de la población. Y el presidente Sánchez hace como si no lo supiera, inexplicablemente.

Este país es mucho mejor, por fortuna, que el gobierno que lo tocó en rifa democrática para salir del pozo negro del maldito Covid-19. Ahora es muy sencillo ver quién rema hacia fuera y quién no sabe hacia dónde remar. Lo demuestran los sanitarios cuando trabajan sin medios ni miedos, los policías, los trabajadores de los supermercados, los militares, los transportistas, los funcionarios de prisiones, los teletrabajadores de servicios y otros, todos sin excepción, los que arriman el hombro sin pedir nada a cambio salvo un poco de buena gobernanza. Es desolador pensar que de aquí saldremos con las peores cifras conocidas hasta ahora en esta pandemia, superando a China y siguiendo el mal rastro de Italia. Exijamos que el gobierno que ahora gobierna, el central y los demás detrás (y no al lado), lo haga con pericia, con una correcta interpretación de los hechos y adoptando las medidas que convenga. Y no parece hacerlo demasiado bien, inexplicablemente.

 

 

 

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