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La Puntita · 12 de Noviembre de 2019. 09:21h.

RAFAEL ELÍAS

El bar de abajo

Leo la prensa del lunes mientras desayuno en el bar de abajo, bar de los de verdad, de barrio y de barra, pero también de mesas de formica con mantel a cuadros, bar de los de ensaladilla rusa, torreznos y croquetas, con avejentado letrero de Coca-Cola en la puerta y calendario de mes vencido adentro, bar de camarero con palillo y naciente barba azulada, camarero que te conoce y tira la caña con espuma, en vaso corto, como debe ser, cerveza cuyo primer trago va directo a la vena, y te deja listo para el pincho de tortilla, o tal vez un bocadillo de anchoas, porque no hay nada que iguale a eso, acompañado de la caña recién tirada, con fuerza, como el que agarra a alguien por las solapas, así tienen que empezar las mañanas de los lunes, regalándose uno el primer homenaje de la semana y dispuesto a comerse el mundo, aunque primero engulla el bocata, que los problemas del mundo pueden esperar un poco.

Decía que voy pringándome de aceite y voy pringando también las páginas del periódico, pobre del que lo pille luego, y leo una noticia acerca de un señor de Teruel que se ha plantado en el Congreso de los Diputados gracias al valor de los votos por circunscripciones, la Ley d’Hondt y esas cosas, aunque muy probablemente el hecho de que lo hayan votado tenga algo que ver, digo yo, a la par que lo del señor de Teruel me lleva a cavilar que quizás un bocadillo de jamón de su tierra sería una buena opción para el próximo lunes y así descanso de las anchoas unos días.

El gran Rafael Azcona publicó una novela titulada “Memorias de un señor bajito”, y no sé por qué ahora pienso esto, ya que desconozco si este señor es bajito o no, en la foto no se aprecia, quizás el hecho de que sea de Teruel lo hace bajito en mi pensamiento. En cualquier caso, inspira una profunda ternura, amén que con su escaño pequeñito ha conseguido, sin pretenderlo, que el próximo lunes cambie de bocadillo. El triunfo de la democracia, aquí, en un bar de barrio.

En realidad, son estas pequeñas decisiones las verdaderamente importantes. Las grandes cuestiones quedan lejos de nuestro alcance y nunca deberían ser votadas. Así nos hubiésemos librado del nazismo, de nacionalismos, del Brexit y otros dolores de cabeza. De la misma manera que no votamos las leyes que rigen el Universo, porque se supone que ahí hay alguien más capacitado que nosotros y que se encarga de que el asunto funcione permanentemente.

Se debería leer más y votar menos. Cada cuatro años es suficiente. Y que nos gobiernen los que han nacido para gobernar, los que saben de esto, pero que lo hagan bajo la estricta vigilancia de un Jefe Supremo.

Así, que reine pronto Leonor, nuestra princesa políglota que emocionó en Barcelona, con clase y estilo, la aún joven reina León(or), que nada hay más moderno que una monarquía parlamentaria, como en los estados más garantistas del mundo, como en las grandes Democracias, como el primer Parlamento de la Historia, el de León(or), por mucho que diga otra cosa el chiflado de Waterloo.

La reina Leonor. Ese sintagma de fonética balsámica, cuya sola pronunciación supone una caricia en el alma. Que reine Leonor, con esa clase, con ese estilo, y que lo haga pronto.

Entretanto, nosotros seguiremos en el bar de abajo, donde hablaremos de nuestra futura reina y nos limitaremos a dilucidar si elegimos la ensaladilla rusa o las croquetas, pero siempre acompañadas de caña recién tirada, sobre la mesa de formica con mantel a cuadros y bajo la atenta mirada del camarero de naciente barba azul, riéndonos de nosotros mismos, porque somos los hijos de Cervantes, y eso no hay lunes que lo reviente.

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2 Comentarios

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#2 Oscar Sanz, Zaragoza, 13/11/2019 - 11:11

Todavía existen muchos bares así, el día que desaparezcan, traspasados a un chino o a unos pijos, todos perderemos algo.

#1 Jaume Cabrera, Flandes, 12/11/2019 - 19:14

En esa maravillosa descripción sobre los bares de antaño solo falta añadir la existencia de aquellas máquinas de discos Jukebox con éxitos de Camilo Sesto, Cecilia, Demis Rousos o Los Chichos jaja.