La Puntita · 21 de Febrero de 2022. 07:21h.

RAFAEL ELÍAS

El carnaval de Génova

Ahora que queda poco para el carnaval, uno recuerda los disfraces de moda que han ido triunfando a lo largo de los años, que esto de las tendencias es asunto que afecta incluso a la fiesta de la carne. Así, me ha venido a la cabeza un disfraz que tuvo su gracia a finales de los ochenta, de caracterización sencilla: gafas de sol Ray-Ban Aviator, calva postiza —caso de necesitarla—, espesa barba y maletín ataché del cual asomaban numerosos billetes, como al que le sobran y no le importa perder más de uno. Se trataba de ir caminando por la calle con garbo, como huyendo de algo o alguien. El disfraz en cuestión era el de Juan Guerra —hermanísimo del vicepresidente Alfonso, uno de los políticos más auténticos que ha dado este país—. Este disfraz tuvo su momento de gloria en 1990, creo recordar —con riesgo a equivocarme, que la memoria es flaca y traicionera en estos asuntos—. Fue el llamado Caso Guerra: cohecho, fraude fiscal, tráfico de influencias, prevaricación, malversación de fondos y usurpación de funciones. Aguántame el cubata. Digo, el maletín.

Más de treinta años después acaba de aflorar la Sala de Guerra, que es como se ha llamado al comité orquestado por Génova para tumbar a Ayuso. Y es que Isabel III es una mujer incómoda, que recuerda a aquel mando intermedio que es mirado siempre con recelo por su superior, por miedo de éste a perder su puesto, ya que sabe en su fuero interno que ese mando intermedio es mejor que él. Solución: saca la trituradora y empieza a picar carne.

El problema ha venido por no seguir una premisa que conocen hasta los niños de teta: no busques hostias con alguien que es más alto y tiene más espalda que tú. Porque Ayuso, con esa mirada cándida que parece la de una musa del Renacimiento, va ganando la pelea y, cuando hay leches, la cosa no suele acabar en empate. A Ayuso la quiere el votante del PP. Pero también la quiere el votante de VOX, ese partido con el que no se puede pactar, dicen los que pactan con los asesinos de ETA. En una última vuelta de tuerca, a Ayuso también la quiere el madrileño que levanta la persiana —y que no necesariamente es votante del PP ni de VOX—.

Dicen desde el fuego amigo que hay un hermanísimo, que hay comisiones —no sé si obreras—, y digo yo que puestos a buscar sindicatos también hay UGT, y hay USO —coño, Isabel hay USO—, con lo cual volvemos al principio: no hay manera de echarla, amigo. El eterno retorno a la reina Isabel. Comisiones fuera. Dimisiones dentro.

Casado se ha divorciado de Ayuso —tremenda paradoja—, pero ahora resulta que va el tío y entierra la sardina. Acabáramos. No parece estar bien asesorado el hombre. Si vas, ve con todo.

Entretanto, los indepes se miran este asunto con extrañeza: “Perdón, ¿les importaría hacer menos ruido? Es que no se oye el nuestro”, parecen decir, como reclamando atención en lo suyo y ofreciendo asesoramiento.

Pues ellos, de comisiones, saben un rato largo.

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