La Puntita · 28 de Junio de 2021. 08:31h.

VICTORIA MARTIN

Victoria Martin

El pozo

Cataluña ha padecido décadas de pujolismo y postpujolismo, bajo uno u otro gobierno autonómico, que nos ha atado al κακoς nacional-catalanista, inducido formas sicológico-colectivas enfermizas, falazmente victimistas y torturadamente autocompasivas, y metido en un pozo oscuro como el de la novela del uruguayo Onetti. Es un error, sin embargo, aferrarse a la fantasía de que cuando se toca fondo no se puede caer más.

El acuerdo con el que se ha cerrado la vetusta coalición gubernamental de la Generalitat -los mismos llevan tres mandatos parlamentarios, 2012, 2015, 2017, sin hacer nada que mejore nuestras vidas-, y los propios indultos, son otra huida de la realidad catalana hacia la “ensoñación” nihilista. Continúan el hundimiento escarbando y tras cavar trincheras siempre es posible perforar madrigueras para topos ciegos de poder y, sobretodo, de asco hacia España. Está en las redes, en los columnistas nacional-catalanes, en Polònia, en la Presidenta del Parlament, en la ex Presidenta del Parlament, entre niños en los patios de colegio, en un número no despreciable de maestros e inspectores de escuela, frente al Liceu, etc. Hate is in the air/ Everywhere I look around/ Hate is in the air/ Every sight and every sound, es la versión catalana del clásico de John Paul Young.

La hispanofobia lo ha impregnado todo durante estos diez últimos años generando “aymerichos” nacional-catalanistas que vigilan en cada centímetro de Cataluña la pureza de nuestro pensamiento. Son nuestros ‘Hijos del Guerrero’ y ‘Clérigos Humildes’ al servicio de los Gorriones y Gorrionas Supremos -la especie aviar, sin la “i”, también funciona- del particular Juego de Tronos catalán de las Siete Republiquetas: la del Pájaro Loco de Waterloo, la de Brieene de Tarth en el Parlament, la del ‘reiet meu’ de la Generalitat, la del Bacalao de Pilar Rahola, la de los hermanos Dalton de Lladoners, la palurda de Omnium Cultural, y el Emporio de la Corporación Catalana de Mitjans Audiovisuals que los reúne y protege a todos con el dinero que recibe de la Generalitat a manos llenas.

“Aymerichos”es una propuesta terminológica de marchamo catalán para evitar el uso de la más tradicional de torquemadas. Allá donde alguien quiere ejercer su libertad de expresión fuera de la ortodoxia nacional-catalanista los “aymerichos” plantan las piras, encienden antorchas e inician Autos de fe. El historiador H. Kamen explica bien que la Inquisición en Hispania empezó en la Corona Catalano-aragonesa en el s. XIII con acento exclusivo catalán. Nicolau Aymerich (Gerona), por ejemplo, fue uno de sus violentos Inquisidores generales en el s. XIV. Era experto en la persecución de la brujería y también del libre pensamiento.

Tiene dos “grandes” obras. El Directorium Inquisitorum, que fue el manual canónico en Europa sobre cómo debía actuar la Inquisición, es quizá la obra de un gerundense más traducida e impresa de la historia. Se cita por el narrador de “La caída de la Casa de Usher” de Edgar Allan Poe e inspiró “El Proceso” que arranca con aquella frase "Alguien debió de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, una mañana fue detenido". Las primeras páginas del Directorium catalán explicitan que un proceso de inquisición se puede iniciar por acusación, por indagación y por delación. Este último es el que recomienda, la acusación anónima que da origen a la novela kafkiana. Y su Tractatus contra doctrinam Raymundi Lulli, en el que señalaba más de un centenar de herejías y una treintena de errores del pensamiento de Ramon Llull. Prohibió sus obras en Barcelona y luego ordenó procesar a toda la ciudad de Valencia por la herejía lulista. La Inquisición no se extendió hasta mucho más tarde al resto de España y lo hizo por la influencia de Fernando el Católico de la Corona Catalano-aragonesa en su mujer y Reina, Isabel de Castilla. La indujo a que extendiera la Inquisición en su heredad a finales del XV. Torquemada, así, tardó mucho tiempo en aparecer en la historia de la Inquisición española. Antes por hispania sólo hubo “aymerichos” catalanes.

Los no nacional-catalanistas somos las modernas brujas, herejes, paganos, marranos, moriscos, y catalanes (cristianos) nuevos -”nou vinguts” en su propia expresión- a los que los aymerichos nos aplican el “Estatuto de pureza de sangre catalana” para impedir que ingresemos en pie de igualdad en las instituciones formalmente de todos. Es lo que se asegura con la distribución de escaños por provincias en las elecciones al Parlament. Políticamente la voz de la mitad no nacional-catalanista lleva cuatro décadas inferiorizada y vale la mitad que la de un leridano o mucho menos que la de un gerundense. En aquellos lares se concentra la sangre buena. Els catalans de debò.

La persecución se ejerce con impunidad -Sánchez fecit- contra la mitad no nacional-catalanista para que nuestras prácticas, lengua, costumbres y creencias no ensucien su sentido mocho de la cultura catalana. ¿Publicas tu diario catalán en español? No hay subvención. ¿Quieres que tus hijos aprendan con el español como lengua de instrucción? Haremos que tus derechos, incluso declarados por los tribunales, nunca se hagan efectivos. ¿Quieres que te reconozcan tus novelas catalanas en español? “Cataluña no paga traidores”.

Hablamos de estos temas de tapadillo, nos reunimos con miedo en lugares seguros, hemos creado nuestras e-catacumbas, las más de las veces rehuimos el debate siempre desigual, diarios como éste y otros no afectos son acosados, se escribe bajo seudónimo, y buenos académicos a los que se debería escuchar optan por la alternativa personal y familiarmente más segura del silencio. Callar es una forma de estar muertos socialmente y sobrevivir individualmente, que es el objetivo principal de su violencia estructural (Galtung) ejercida por la Generalitat y sus adláteres.

 

(Este es el III artículo de la Cuatrilogía Turca)
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España, Turquía y Cataluña
Cataluña demediada

 

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1 Comentarios

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#1 Carles Fortuny, Palau de la Degeneralitat, 30/06/2021 - 17:30

Describe usted muy bien cual es la realidad social en este rincón de España. Además, escribe bien.