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La Puntita · 19 de Mayo de 2020. 09:05h.

RAFAEL ELÍAS

El yelmo de Mambrino

He aprovechado estos días de confinamiento para dar lectura íntegra al Quijote, un reto siempre recomendable, una de esas cosas por hacer, como plantar un árbol o peregrinar a Waterloo al menos una vez en la vida. El Quijote es el libro, muchos aseguran haberlo leído, faltaría más, y citan frases que creen que se incluyen en la novela, pero no, y entonces saltan las alarmas, y un malintencionado rascado hace que se estrellen contra la realidad de los molinos, y que me aspen, resulta que lo han leído a cachos, si es que no lo hicieron antes de casarse y no recuerdan bien; con todo, la palma se la llevan los que con condescendencia dicen que no es para tanto y que la buena es “Cien años de soledad”, y te lo cuentan dando golpecitos al aire con el dedo índice, como haciéndote partícipe de una revelación. Con lo fácil que es decir “no, no me lo he leído”. En cualquier caso, conviene llegar al Quijote por voluntad propia y, sobre todo, recorrerlo con humildad, no sea que se descabalgue por el camino.

Resulta que el destino es muy hideputa -expresión utilizada un total de 13 veces en la novela-, porque justo he concluido la segunda parte y va y me salta un recordatorio en el móvil para ver las fotos del mismo día de años pasados, y aún recientes las lágrimas de Sancho -llora la realidad cuando muere la fantasía- le doy al okey, y en pantalla me aparece la foto de un busto de Cervantes en Lérida, en la plaza que lleva su nombre, frente al edificio de Hacienda, que no olvidemos que don Miguel fue también recaudador de impuestos.

En la foto, de 2019, se aprecia el busto cervantino cubierto con multitud de lazos amarillos, pintados a espray. El grafiti duró algo más que la república de Puigdemont, aunque tampoco demasiado. El Ayuntamiento leridano de entonces, gobernado por el PSC con los apoyos de C´s y PP, se encargó de la inminente liberación del creador del Quijote de la mancha independentista. Se desconoce si el actual alcalde -un tal Pueyo, ERC- hubiese actuado con la misma celeridad, o, si simplemente, hubiese actuado.

Voy escribiendo este artículo mientras veo por la TV al que creo que ya es el nuevo ministro portavoz del Gobierno, Fernando Simón, dando el parte diario del virus amarillo, en un lenguaje indescifrable, y caigo en la cuenta de lo mucho que me recuerda este hombre a don Quijote, seco de carnes y enjuto de rostro, el pelo a su aire y la mirada ida y profunda, mirada que divisa ejércitos inmunes donde sólo hay inmunidades de rebaño, y es tal la asociación fisonómica que no me sorprendería verlo en su próxima comparecencia agarrado a una lanza y recomendando el uso no de la mascarilla, sino del yelmo de Mambrino(*), que eso sí que protege; entonces pienso que el ser humano es fascinante por lo rápido que se adapta al cambio, es más, estoy seguro de que si mañana nos invadiera una horda de extraterrestres, en una sola semana ya lo tendríamos asumido como una nueva normalidad, y ya me estoy imaginando al líder de los marcianos ofreciendo una rueda de prensa mundial, en un lenguaje indescifrable, y joder, hoy estoy tonto, porque también le pongo la cara de Fernando Simón y su mirada ida y profunda.

 

(*)El yelmo de Mambrino es una reliquia ficticia de oro puro, que hace invulnerable al que lo lleve. Aparece, entre otras obras, en “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”.

 

 

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