La Puntita · 14 de Noviembre de 2022. 09:52h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

Europa de abajo arriba y de arriba abajo

El pasado 30 de abril se clausuró la Conferencia sobre el Futuro de Europa (COFOE). Pese a celebrarse en tiempos de pandemia, participaron miles de ciudadanos europeos presencialmente o a través de la plataforma digital multilingüe e interactiva, se celebraron miles de eventos a lo largo y ancho de los Veintisiete, en conferencias y debates se expusieron miles de ideas, plasmadas en cientos de recomendaciones, que se concretaron en 49 propuestas con sus respectivos objetivos  para otros tantos ámbitos, des de la agricultura hasta el deporte, pasando, entre otros, por la salud, el mercado laboral, la competitividad, la ciberseguridad, las migraciones o la juventud.  

El informe sobre el resultado final de la COFOE fue entregado el 9 de mayo, Día de Europa, a los presidentes del Parlamento Europeo, de la Comisión y del Consejo.

Está previsto que este otoño se organice un evento -debería estar al caer- para informar a los ciudadanos cómo las instituciones europeas responden a sus demandas.

No será fácil en lo relativo a las cuestiones de fondo, otras, las menos, podrán ser aplicadas directamente por cada institución concernida. La respuesta institucional mayor requerirá modificar el Tratado de la Unión Europea (TUE) y el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, ambos en vigor desde el 1 de diciembre de 2009.

La modificación en profundidad de los Tratados obliga a un procedimiento de revisión largo y complejo (artículo 48 del TUE), con consultas interinstitucionales y con la convocatoria de una Convención en la que, además de las instituciones de la Unión, participarán representantes de los parlamentos nacionales de los Veintisiete. La Convención hará una recomendación de modificaciones, aprobada por consenso, a una Conferencia de representantes de los Gobiernos de los Estados miembros. La Conferencia aprobará de común acuerdo las modificaciones que deban introducirse en los Tratados, que entrarán en vigor después de haber sido ratificados por todos los Estados, algunos de los cuales deberán hacerlo mediante referéndum.

He expuesto prácticamente in extenso las fases del procedimiento de revisión ordinario para recordar lo difícil que es la construcción europea desde arriba. Y es que, aun tratándose de un proyecto compartido y de cariz (con)federal, los Estados defienden sus intereses nacionales, que, además, incorporan las diversidades internas de cada Estado. De ahí provienen esa “complejidad protectora” y las otras, como la de las cooperaciones reforzadas entre Estados miembros establecidas mediante un procedimiento que protege más a los que no participan que alienta a los interesados.

Pues bien, a pesar del cúmulo de intereses, requisitos, reservas y fallos, la Unión ha conseguido a nivel europeo una armonización internacional -de países que no hace mucho se masacraban mutuamente- y unos logros, desde crear y gestionar una nueva moneda hasta la altura de los muebles de cocina, que no se han alcanzado por ningún otro grupo de Estados en ninguna otra región del mundo.

Lo hemos vivido en grande con la pandemia y ahora con la guerra de Putin. Ningún Estado europeo hubiera podido en solitario sortear mejor las enormes consecuencias sociales, económicas y financieras de ambos sucesos, que formando parte de la Unión.

Por eso y otras razones, hay una cola de once Estados para entrar en la Unión, entre Estados con estatuto de candidato y potenciales candidatos. Pudiera ser que en 2030 la Unión tuviera treinta y cinco o más miembros.   Una Unión que abarcaría casi toda Europa, pero que sería ingobernable, si antes no se agiliza la toma decisiones, abandonando la unanimidad, lo que equivale a federalizar definitivamente la Unión.

Actualmente, la unanimidad se requiere en ámbitos de política exterior y de seguridad común, nuevos derechos a los ciudadanos europeos, adhesión a la UE, finanzas de la UE, justicia y asuntos de interior, seguridad y protección sociales. Es mucho e importante.

La velocidad de la toma de decisiones de la Unión es de tartana comparada con el Ford T de Joe Biden y el turbo sin frenos de Vladímir Putin y Xi Jinping.

En la propuesta 39 de la COFOE se pide desde abajo la supresión de la unanimidad con las únicas excepciones de la admisión de nuevos miembros y de cambios en los principios fundamentales de la Unión (artículo 2 del TUE).  Ahora toca responder desde arriba, y costará.  

Pero no olvidemos que los de arriba, los Estados representando a los ciudadanos, son los mismos que los de abajo, los ciudadanos controlando a los Estados.  Por lo tanto, las propuestas de la COFOE avanzarán más si se reproducen ante las instancias nacionales para reducir la renuencia de los Estados en Bruselas.

En la medida que las propuestas de la COFOE permanezcan en un huis-clos europeo se arriesgan a quedar amortizadas en un vistoso ejercicio participativo y a perderse en los recovecos de los pasillos europeos.

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1 Comentarios

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#1 Onofre de Dip, Vigo, 14/11/2022 - 13:42

Rober D. Kaplan ve a la UE como una forma suave de soberanía, cuyas normas recuerdan a las de Carlomagno, porque como estas influyen hoy sobre la vida de muchos pueblos. Imbuida de cosmopolitismo y universalismo, Kaplan cree que la UE debería convertirse en una suerte de imperio benevolente, en el que se diluyan rivalidades ancestrales.