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La Puntita · 24 de Julio de 2018. 09:47h.

RAFAEL ELÍAS

Fatal cementerio

¨Va cayendo la tarde con triste misterio”, recitaba con arte Juan Ramón Jiménez en ¨Somnolenta¨, un poema altamente recomendable, cuya lectura anestesia el recuerdo doliente de amores perdidos y, de paso, derriba las cruces que le pesan al alma.

“Tras la bruma diviso fatal cementerio”, proseguía el poeta en otro verso de inusual fuerza, circunscrito en el ámbito del “yo oscuro”, lugar ajeno al espacio físico, no sujeto a las leyes de los números ni la ciencia, y desde el cual el escritor proyectaba su lúgubre percepción.

Lo certero de JRJ, y, en general, de la Poesía, es lo pragmático de su esencia y lo funcional de su mensaje, contrariamente a lo que muchos creen, pues advierten esta sensibilidad como algo etéreo y de complicado amarre. Perdámonos, por ejemplo, en un suceso reciente, que tampoco anda escaso de arte ni de lírica, y donde también se aúnan cementerio y poeta:

Vich, 22 de julio de 2018. El prusés, en su proyección onanista no sujeta a las leyes de las personas, ha infestado de cruces color paja la plaza del pueblo, convirtiendo la zona en una necrópolis hortera-fake. Dura poco. Un ciudadano conduce un Citroën C2 y pasa sobre algunas cruces, lo cual convierte ipso facto en crossover a su pequeño utilitario –más utilitario que nunca, de hecho-. La grabación en vídeo del incidente regala imágenes eternas y vigorosas. Bendito móvil el que registró el vehículo móvil de cuyo conductor se desconoce el móvil o motivación, aunque todo apunta a un bajón de ánimo, o quizás a un subidón del mismo, no se sabe bien si provocado por el prusés, TVMatrix o el Ratafia Party. La escena en sí recuerda en cierta manera a la del ruso que atravesó la barricada indepe el día de la huelga funcionario-estudiantil. Highlights del prusés.

Al margen de lo risueño del asunto, ahí quedan todos esos casos que ya conocemos. Ciudadanos hartos de la división y el mal rollo, vecinos normales que un día dicen basta. Podría ser el conductor del crossover, pero también Bea, la peluquera del barrio, o Lluís, el del bar de abajo. Gente sencilla que, a la vista del fatal cementerio en que los indepes han convertido su pueblo, hoy viven el doliente recuerdo de la convivencia perdida.

Mas, a pesar del desconsuelo, se sobreponen. Y actúan, quizá sin pensar demasiado, pero movidos por un fuego interior que no es de las barricadas, sino el del corazón. No están organizados, no están financiados. Sufren para pagar sus facturas. Tal vez pierdan algún cliente. O los despidan. Pero anhelan volver a vivir en aquella tierra en la que no tenían que pedir perdón.

Y entran en la plaza.

Y derriban las falsas cruces.

Y se alejan llorando con triste misterio. (Juan Ramón Jiménez)

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2 Comentarios

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#2 M. Pilar, Barcelona, 28/07/2018 - 20:00

És ben cert, Sarah!!!

#1 Sarah, Tabàrnia, 25/07/2018 - 08:59

Sé que sempre dic el mateix, però... la teva prosa m'enllüerna!!!
Més enllà del contingut, tan proper i emotiu, la forma que dones a les frases m'arriba directament al cor. És un gran plaer llegir els teus articles.
Gràcies!