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La Puntita · 21 de Enero de 2020. 19:16h.

XAVIER RIUS

Director de e-notícies

Gadafi, vuelve por favor

 

La situación de Libia confirma aquella vieja teoria de las relaciones internacionales de que más vale hijo de puta conocido que hijo de puta por conocer.

La frase es atribuida a Henry Kissinger respecto a Anastasio Somoza hijo, aquel dictador nicaragüense de los años 70.

Pero en realidad es de Franklin Delano Roosevelt respecto a Anastasio Somoza padre durante los años 30, que empezó la dinastía.

Al primero lo depuso la revolución sandinista. Todavía guardo por casa la portada de hueco de La Vanguardia con el asalto de Edén Pastora al Palacio Nacional (1978).

Aunque posteriormente la cosa se torció. Es lo que suele pasar con las revoluciones, que se acaban agarrando al poder.

La revolución argelina, la iraniana, la nicaragüense. Todas acabaron en regímenes dictatoriales o autoritarios.

La única revolución que conozco que acabó bien fue la americana. No les ha ido mal a los Estados Unidos desde la independencia.

En, fin con el dictador libio Muamar el Gadafi pasa lo mismo.

Es cierto que tenía las manos manchadas de sangre. Como el atentado de Lockerbie (1908)

Aquel vuelo de la Pan Am que saltó echó pedazos encima de un pueblo escocés. Hace años hasta visité hasta el cementerio.

Ante la presión internacional acabó admitiendo la culpa de los servicios secretos libios y pagó indemnizaciones.

Pero cuando Gadafi fue desalojado del poder se creó un vacío de poder que perdura hasta nuestros días.

El país está dividido entre facciones rivales. Y el salafismo ha llegado a controlar parte de la costa. Un estado fallido. Otro.

Libia, no sé si vale le pena recordarlo, está apenas a doscientos kilómetros de Italia. Es decir, de la Unión Europea.

Porque hay una segunda ley en las relaciones internacionales que se cumple casi tan inexorablemente como la primera. 

Un vacío de poder es ocupado por un vacío de poder todavía peor.

Los vacíos de poder, en la historia, son terribles.

La Segunda República, durante la Guerra Civil, fue también un vacío de poder.

Al presidente del Consejo de Ministros, Santiago Casares Quiroga, no se le ocurrió nada más que licenciar lo que quedaba del Ejército republicano.

Los incontrolados -tengo la teoría de que eran menos incontrolados de lo que se cree-, los paseos, los desmanes.

Quizá el último ejemplo de vacío de poder más flagrante es el del dictador irakí Saddam Hussein.

Otro hijo de puta.

Ni que decir que también tenía las manos manchas de sange. De mucha sangre.

La guerra contra Irán en los ochenta, que creyó que podría ganar. La invasión de Kuwait o los ataques contra los kurdos. Incluso con gases tóxicos.

Pero algunos irakíes deben estar empezando a pensar que contra Saddam vivían mejor.

Con Libia pasa lo mismo.

El lunes leí este titular en El País: “Las potencias se comprometen a poner fin a la injerencia extranjera en Libia”.

¿Y lo dicen ahora?

Fue como la madalena de Proust. Produjo una reacción físico-química.

Me pregunto donde están Sarkozy y David Cameron aunque ambos, ciertamente ya no están en primera fila de la política.

Fueron unos firmes partidarios de los bombardeos para acabar con Gadafi.

Pero sobre todo me pregunto donde está Bernard-Henri Levy.

El intelectual francés que más presionó para la operación militar.

¡Los intelectuales no deberían meterse en política!

Especialmente en Catalunya.

El día que hablemos de los estómagos agradecidos del procés habría para llenar un restaurante entero. Y de los de bodas, bautizos y comuniones.

 

 

 

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2 Comentarios

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#2 pepe, andorra, 22/01/2020 - 11:18

pues visto lo visto, Dios nos libre de las intervenciones humanitarias, q es como se les llama ahora a las intervenciones militares para robar recursos. Lo de Libia estaba cantado desde q decidió instaurar una moneda de intercambio en África distinta del dolar. Ahí la CIA uso como tontos útiles a los franceses con la zanahoria del petroleo.

#1 no soy nadie, barcelona, 22/01/2020 - 10:50

buuuuuurp!