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La Puntita · 17 de Mayo de 2019. 14:02h.

JOSÉ GONZÁLEZ

La adolescencia, un regalo sin ticket-regalo

Sabemos que la adolescencia se acaba un día u otro y ese es ya un motivo de alegría para los progenitores que solemos venir aturdidos de serie. Los adolescentes transitan por un periodo de cambios tan emocionante para ellos mismos como desquiciante para nosotros, sus padres.  Con la superación de esa etapa vital, llega una cierta paz para los que lidiamos con la adolescencia, a menudo con capote torpe e impaciente, entre las cuatro paredes de casa o de un aula. No hay que menospreciar tampoco las dificultades que superan los adolescentes venciendo sus inseguridades y miedos. Ante el espejo y siempre preocupados viven sus propios cambios corporales y mentales que, reparen en ello,  en cinco o seis años son mayores que en el resto de toda su vida.

Sabemos también por experiencia propia, aunque no nos queramos acordar, que esa etapa convulsa forja la personalidad como ninguna otra. Pero hay que pensar que ellos mismos ni se percatan y se diría que están ensayando para un papel futuro de metepatas permanente. Me da en la nariz que muchos malpensamos que nuestros adolescentes -con su consabida  explosión hormonal y la consecuente devastación no selectiva de lo que les rodea-  tienen menos capacidades de las que teníamos nosotros para  decidir aquello que les conviene. Y no digamos cuando se trata de elegir estudios y compañías, asuntos estrella de los conocidos en inglés como “teenagers”.

Pero cómo diantres se van a aclarar si ahora hay más de 150 carreras superiores y no sé cuántos cientos de grados de formación profesional, aparte de los estudios no reglados. Tiempo atrás, la toma de estas decisiones era más intuitiva, lo teníamos más fácil aunque solo fuera por causa de la más corta oferta. Así andan ahora los chavales de agobiados con esos procesos de elección que les confunden y bloquean por la dispersión de las opciones.

En verdad va a resultar que somos la generación de padres más agobiantes que se ha conocido hasta ahora. Mi amigo José Miguel tuvo un día la divertida ocurrencia de decirme que éramos la generación de los “culpadres”. En realidad nunca me quedó claro si con ello definía que nos sentíamos culpables por no hacerlo mejor como padres. O a lo peor el palabro venía por el hecho de decirles continuamente la cantidad de veces que yerran y culpabilizarlos a continuación. He de preguntárselo a mi colega porque su palabreja me dio hoy el aldabonazo en la neurona dormida para ponerme a escribir este artículo.

Por no dejar, ya no les dejamos ni equivocarse tranquilamente como nos dejaban hacerlo nuestros padres. Al menos, yo tengo ahora ese recuerdo: que a ellos no les molestaba mucho que erráramos en algunas decisiones. Todo se reordenaba casi siempre sin grandes conflictos. Parece que ahora ya no solo ponemos tiritas sino una venda en el alma para que no sufra por nada malo mientras le decimos aquello de “tendrías que/yo en tu lugar…”, como buenos “culpadres”. La sobreprotección es otra señal distintiva de encajar en esa rara palabra.

Me malicio que por primera vez me ha salido un artículo de autoayuda. Entono el “mea culpa” aunque me sobrarían los motivos para no hacerlo, tres de ellos cercanos y con dos piernas cada una, y los otros son mis apreciados y ocasionales alumnos. Aquí y ahora rompo una lanza por nuestros adolescentes. Lo haré rápido no sea que la encuentren ellos y se la acaben lanzando a cualquiera de ustedes o a mí mismo. Bromas aparte: apuesto por ellos con todos sus vaivenes, dudas, rencores, furias y silencios. Disfruten de la adolescencia de sus hijos que es un tiempo mágico aunque parezca el anticiclón de las Azores.

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1 Comentarios

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#1 Internet és la clau, bbcn, 31/05/2019 - 11:29

Internet ho ha capgirat tot: les relacions humanes, l'escola, la universitat, la familia, etc...
Jo proposaria "la setmana sense internet i sense mòbil". I a veure com s'ho muntarien. No sabrien què fer.
Sempre penso que arribarà un dia en que navegar per internet, serà de pagament i la gent pagarà. El que pugui pagar! També el whatssap, et