La Puntita · 21 de Julio de 2022. 09:11h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

La socialdemocracia salva a la izquierda

Las medidas anunciadas por Pedro Sánchez en el debate de la nación han sido calificadas de giro a la izquierda, pocos comentaristas las han identificado como política socialdemócrata.

La socialdemocracia a lo largo de un siglo y medio de historia ha sido tan ignorada como vilipendiada, la derecha la teme y otras izquierdas la han despreciado. Permítanseme unos breves apuntes.

Tomada globalmente, la izquierda tiene más variedad de contenidos ideológicos y programáticos que la derecha.  De hecho, la izquierda es una cosmovisión en la que caben diferentes sensibilidades y finalidades -el ecologismo y el feminismo, por ejemplo-, pero con el común denominador de aspirar a cambios sociales y culturales hacia delante.  

Su diversidad es su valor y también su debilidad frente a la mayor simplicidad conceptual y finalista de la derecha que le proporciona una gran eficacia en la ocupación y retención del poder político.

La socialdemocracia es aquella izquierda política que también busca la eficacia en la consecución de sus objetivos sociales, por eso ha podido gobernar en sociedades abiertas en competencia con la derecha, algo que otras izquierdas no han conseguido en solitario.

La socialdemocracia ha vuelto a Europa (España, Noruega, Alemania, Portugal, Dinamarca, Suecia, Finlandia).  En realidad, nunca se había ido por mucho que a ojos de sectores de la opinión pública europea apareciera desdibujada, desvalida, desnortada incluso. No supo reaccionar a la crisis financiera de 2008 y lo pagó caro electoralmente.

Pero ahora algo está cambiando: la percepción de que la socialdemocracia es la buena opción en situaciones de crisis, igual como lo es en períodos de bonanza para repartir con justicia social   el excedente.

La socialdemocracia ha prestado en Europa valiosos servicios. El estado de bienestar, que en mayor o menor grado comparten todos los países europeos, no se entiende como logro sin el protagonismo de la socialdemocracia, desde dentro del gobierno o desde fuera presionando a los gobiernos.   

El prestigio de la socialdemocracia ha sido tan grande que nuevas formaciones políticas, como en España “Convèrgencia Democràtica de Catalunya” y “Ciudadanos”, se declararon inicialmente socialdemócratas, hasta que su práctica política las desenmascaró; o el engaño de ERC, que pretende ser una “socialdemocracia republicana”.

“Unidas Podemos”, que se autodefine como “izquierda transformadora”, aspira a consolidarse como el ala izquierda de la socialdemocracia, aunque le cuesta desprenderse de sus tics populistas.

La recuperación de la socialdemocracia no ha terminado y todavía no es suficientemente sólida -como se comprueba por las renuncias a que se ve forzada en obligados gobiernos de coalición con el centroderecha -, entre otras razones, porque su esencia, el reformismo económico, social y político, choca, además de con las resistencias del sistema, con la impaciencia de sociedades angustiadas y desorientadas ante los retos de nuestro tiempo (percibidos con temor milenarista).

Sociedades que exigen soluciones “ya” y que las ofrecen, por demagógicas e impracticables que sean, los populismos de ultraderecha (VOX en España) o de extrema izquierda (Mélenchon en Francia).

En este contexto, el reformismo socialdemócrata, que es lento pero racional y efectivo, con vocación de cambios en el sistema y en la sociedad, pero sin convulsiones, de entrada, no atrae, hasta que la decepción por la esterilidad de los extremos, el falso reformismo de otras alternativas y el coste de experimentos “transformadores”, lo revaloriza.

Las consecuencias de la pandemia y de la guerra de Putin han puesto en evidencia la necesidad de un estado de bienestar capaz de afrontar las emergencias sociales, y de gobiernos dispuestos a fortalecerlo y a atender solidariamente a los más vulnerables, combatiendo desde el Estado tanto la vulnerabilidad circunstancial como la desigualdad social de origen estructural.

Eso pretende, más otras cosas, la socialdemocracia y la renovada conciencia popular de aquella necesidad y de esta función explicaría su recuperación electoral.

Sin la socialdemocracia la izquierda política habría desaparecido de Europa, todo lo más habría quedado reducida a grupúsculos radicalizados, a distancia abismal de gobernar, en definitiva, inútiles para las causas sociales.  “Unidas Podemos” no habría llegado al Consejo de ministros sin el PSOE.

(Y un apunte final. Es oportuno meditar sobre cuáles habrían sido en España las decisiones de un gobierno del PP ante las consecuencias sociales de las dos últimas crisis. La oposición frontal a las políticas socialdemócratas del gobierno de Pedro Sánchez nos da una pista. Con el PP no habría habido ingreso mínimo vital,  incrementos sucesivos del salario mínimo interprofesional ni actualización decente de las pensiones).

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1 Comentarios

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#1 Onofre de Dip, Vigo., 23/07/2022 - 19:40

Un artículo magnífico, don Jordi. Le felicito. Y lo guardo para reflexionar sobre el mismo con calma.