La Puntita · 6 de Agosto de 2021. 10:21h.

RAFAEL ELÍAS

Marcha atlética

Me encanta ver los Juegos. Suelo engancharme algo tarde a cada edición, pero allá por el tercer o cuarto día ya estoy a tope desde el sofá. Me organizo las tareas del día siguiente comprobando previamente el televisado de tal o cual prueba, y pospongo o adelanto planes y gestiones en función de la programación del canal deportes.

Este año los horarios son nocturnos/matinales, que la llama arde nipona y eso está lejos. Como no podemos modificar los husos pero sí las costumbres, toca madrugar, o trasnochar, como esta noche de hoy jueves, que hay que ir de marcha.

Esta prueba —la marcha atlética— tiene algo hipnótico. Sin una explicación lógica ni racional, consigue que uno se quede quieto ante la pantalla como una gallina tiesa tras el trazo de la tiza. El asunto tiene su gracia, porque la prueba no es breve. Ésta en cuestión de hoy son 50 km. Los comentaristas y narradores de TDP hacen un trabajo formidable, van contando anécdotas con grandes dosis de humor, hablan de uno u otro atleta —hoy, por alguna razón que se me escapa, se están centrando especialmente en un tal Andrés Chocho, marchista ecuatoriano— y van explicando también algo de las reglas de esta disciplina, como es la obligación de mantener siempre el contacto con al menos un pie en el suelo. Esta norma echa por tierra cualquier ilusión o esperanza. A estos deportistas les está prohibido correr, soñar, hacer planes de futuro y demás cuentos de la lechera. Los pies, en el suelo. Una prueba que sintetiza en su espíritu muchas realidades cotidianas. Chavales, éste es vuestro deporte.

Tal vez porque la marcha lleva ya más de dos horas —son las 00:37—, uno empieza a caer bajo los influjos de los primeros microsueños, y empieza a ver cosas raras en forma de atletas. Joder, ahora me ha parecido ver a Oriol Junqueras en maillot bamboleando las caderas de aquí allá, mientras agarra la bolsa de avituallamiento, la suya y la de tres más y se lo zampa todo de un bocado, plásticos incluidos.

Me desvelo al escuchar que Andrés Chocho, el ecuatoriano, está tomando posiciones, la cosa se pone seria, resulta que Chocho está dando caza a un paquete con un polaco de rostro congestionado —casi morado— en cabeza, y pienso entonces si es Junqueras el polaco, sintiendo en su cogote el cálido aliento de Chocho a punto de darle captura. Es la una y ocho.

Pero no, es la cámara frontal, que engaña. El teleobjetivo aplasta la imagen y parece que todos vayan en línea, algo similar a lo que sucede con los sprints de los ciclistas al llegar a meta. Suerte de los comentaristas, que aclaran que el polaco sigue primero. Un primer plano desvela a las claras que el polaco no es Junqueras. Vamos, es que ni se parecen.

Y ahí todos, persiguiendo al polaco marxista, digo marchista, que va camino de convertirse en un mártir, todos contra él, joder, pobre polaco, si sólo quiere votar, digo botar, saltar, despegarse del suelo, volar, ser independiente, coño, digo Chocho, que ahí sigue persiguiéndolo, y no sé por qué me da por pensar, antes de quedarme dormido definitivamente, que a este ecuatoriano habría que nacionalizarlo español, pero por la vía rápida.

Marchando, quiero decir.

Publicidad
Publicidad

2 Comentarios

Publicidad
#2 Tabarnés puro, Barcino, 16/08/2021 - 16:38

Jajajajajaja
Muy bueno Elías, enhorabuena.

#1 Mike, SANTA COLOMA DE GRAMANET, 06/08/2021 - 23:54

aajjajajaaja buena lectura