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La Puntita · 22 de Mayo de 2020. 08:50h.

LUIS CAMPO VIDAL

Escritor

Mi país soñado. 5ª Entrega

Sigo relatando lo que pasó aquella mañana del 23 de abril. Tras la primera sesión, nos concedimos una hora de reflexión y volvimos a conectarnos al telecafé.

Les ahorro escuchar los nombres que se barajaron para bautizar aquel movimiento social, pero les comentaré uno que estuvo a punto de ser el elegido. La discusión del chat nos llevó a que se sumara la R que había quedado aparcada en el primer momento. Pero la persona que defendía ese nombre no proponía llamarnos REVOLUCIÓN, si no RESISTENCIA y EVOLUCIÓN, que abreviado queda RyE. Defendía su tesis argumentando que en el fondo lo que todos necesitábamos era reír, aunque con la falta de ortografía que caracteriza a los logotipos modernos de este siglo XXI.

   Lo de RESISTENCIA estaba justificado, porque por un lado íbamos a necesitar todavía mucha más resistencia para sobrevivir a la pandemia. Por otro lado, porque la canción RESISTIRÉ[1] cantada por el Dúo Dinámico, se había convertido en el himno más coreado durante los últimos meses desde los balcones, en los mercados y en las puertas de los hospitales españoles. Sí, es cierto que ya cansaba su melodía, pero seguía siendo la gran canción de referencia, y muy apropiada para aquel momento.

A punto estuvimos de cerrar el tema NOMBRE, pero cuando ya íbamos a pasar página surgió una nueva idea.

—¿Por qué no llamarnos BANZAI? Es más fácil de pronunciar y también de recordar. No se presta a confusión.

Se hizo un silencio. Sonaba bien. RyE quedó en el olvido y empezó de nuevo la discusión sobre el nuevo nombre propuesto.

—El nombre es una de las piezas más importante para identificar un movimiento. Es la marca, y está presente en la imagen corporativa que vamos a usar continuamente.

—Es cierto, BANZAI suena mejor que RyE. Y además no se presta a confusión. Pero es una palabra japonesa, ¿no? Me recuerda los tebeos de HAZAÑAS BÉLICAS. Lo gritaban las tropas niponas cuando se lanzaban al ataque.

—A mí me recuerda la película Karate Kid, dónde el señor Miyagi lanza el grito banzai junto a Daniel.

—Acabo de consultarlo en Wikipedia. Os leo: El término banzai puede referirse a una exclamación japonesa que significa "Diez mil años", también una expresión de alegría o gritar "viva".

Adoptamos BANZAI como nombre de nuestro movimiento. Estábamos decididos de ir al ataque con todas sus consecuencias.

No comentamos nada respecto a cómo nos íbamos a organizar. Acordamos ir adelante, adoptar como siempre la teoría del caos, dejarnos guiar por ella y nos pusimos manos a la obra.

¿Por qué esperar? Decidimos empezar nuestras actividades desde aquel mismo momento y lanzar un comunicado de puesta en escena de BANZAI el día siguiente por la tarde, a las 20:00 horas, aprovechado que muchos incansables aplaudidores se citaban para salir a su balcón, a su terraza o a los patios interiores de sus casas para aplaudir en señal de agradecimiento al personal sanitario.

Los sanitarios estaban partiéndose la cara por todos nosotros, salvaban vidas poniendo en riesgo las suyas. Más de 25.000 ya habían caído enfermos por cuidarnos sin estar suficientemente equipados con el material médico adecuado de protección. Eran los soldados que combatían al virus en nuestra defensa, una hazaña que quizás nunca podremos pagarles. No disponían de equipamiento de protección porque los respectivos gobiernos de ámbito nacional o autonómico no se los habían sabido suministrar.

Durante el día movimos nuestros contactos, y esos contactos movieron a los suyos que quisieron sumarse. Fue una campaña viral que llegó a muchas partes de la ciudad de Barcelona, pero también a ciudades del área metropolitana, pueblos y lugares del resto de España. Pedíamos que para el día siguiente tuvieran listo un equipo de música. Lo importante era disponer de un amplificador y un altavoz que pudiera activarse desde cualquier ordenador o desde el teléfono móvil.

Nosotros les enviaríamos un mensaje de voz, un discurso de unos tres minutos de duración. Pedíamos que cada uno de los que iba a emitir el discurso añadiese un número de teléfono de contacto y que atendieran las llamadas que les fueran llegando. Que dieran prioridad a los WhatsApp como la fórmula más operativa, pero también a las llamadas de voz, para ofrecer una oportunidad de comunicación a aquellas personas, sobre todo a los más mayores, que no habían cruzado la brecha digital y que por tanto no disponían de e-mail ni de facilidades para enviar un WhatsApp. Debían de ser pocos porque en España casi el 90% de los hogares tiene acceso a Internet. Pero, aunque solo hubiera una familia o una persona sin internet, ni teléfono móvil no la íbamos olvidar.

Se apuntaron 185 contactos, entre los que estábamos algunos de los componentes iniciales de CLAS y nuestros amigos más próximos y combativos. Creamos un grupo de personas con experiencia informática que tenían como misión prioritaria y urgente, desarrollar en 24 horas una base de datos donde almacenar la información que nos fuera llegando. Una vez finalizada la base de datos, empezarían a incorporar la información de los miembros de BANZAI empezando por los 185 que iniciábamos el movimiento.

Los informáticos prepararon un formulario para que fuera más fácil la recogida de información. Necesitaban elaborar un fichero que contuviera la siguiente serie de datos: nombre y apellidos, sexo, domicilio en el que se encontraban durante el confinamiento, año de nacimiento y profesión, número de teléfono y correo electrónico.

A media tarde del día 24 se celebró otro sanedrín a través de la plataforma de videoconferencias Zoom, algunos de los nuevos miembros de BANZAI estaban ansiosos por pasar a la acción. Proponían lanzar el mismo llamamiento a través de youtube, pero finalmente se decidió esperar, aunque convocamos un webinar, un seminario en la red que podía seguir todo aquel que quisiera a través de youtube para las 21:00 horas del mismo día. Una hora después del comienzo de los aplausos.

El día 24 fue el día elegido. Aquella tarde-noche al menos 185 altavoces emitieron a las ocho en punto un discurso a todo volumen desde diferentes puntos y ciudades. Se había conseguido implicar una gran red de amigos para que conectasen su equipo de música en los balcones que daban a la calle o en los patios interiores emitiendo simultáneamente el primer comunicado de BANZAI.

Y el comunicado sonó después de oírse una corta estrofa de la canción RESISTIRÉ.

COMUNICADO 1[2]

“Los científicos han jugado un papel muy poco relevante en esta terrible pandemia causada por el Coronavirus.  Aquellos que deberían ser los garantes de nuestra salud, aquellos que con sus conocimientos investigaron y nos advirtieron durante años que una catástrofe como esta era posible, no fueron escuchados cuando nos avisaban de los peligros que podía comportar el mal trato que la humanidad ha ejercido durante años contra la naturaleza y contra los animales.

La avaricia del ser humano, su afán por enriquecerse, la carrera de los países y de las grandes corporaciones por crecer continuamente, ha venido generando año tras año el deterioro del planeta. Ha roto sus armonías y ahora pagamos la factura de haber generado tanto desequilibrio.

Pero eso no es todo. Cuando sufrimos la expansión acelerada y asesina del COVID-19, los estrategas de la lucha contra el virus no están siendo los médicos, ni los científicos, que son los que mejor entienden lo que está pasando, que son los que mejor pueden diseñar estrategias para organizar nuestra defensa, que son los que saben qué material de protección necesitan los doctores y el personal sanitario que lucha en primera línea contra la enfermedad en los hospitales y en los centros de salud.

No, el protagonismo, la gestión, la toma de decisiones no está siendo dirigida por los que mejor saben a lo que nos enfrentamos.

¿Quiénes toman las decisiones? Los que no saben cómo afrontar estos problemas. Son los políticos, unos personajes con muy poca experiencia de gestión, que deben su cargo a mantener la fidelidad a su partido y que pueden ser buenos estrategas para escalar por el aparato del partido hasta alcanzar una buena posición en las listas electorales y ser nombrados para ocupar un cargo público, pero que no tienen los conocimientos ni la experiencia necesaria para gestionar grandes crisis como la que estamos viviendo.

Los políticos disponen de consultores y de científicos que les aconsejan, pero les pueden hacer caso o no. Generalmente les escuchan en función de la importancia que tenga su asesoramiento para obtener mejores resultados en su campaña electoral o en los presupuestos que les permitan acceder al poder o permanecer en él.

La ciencia puede ofrecernos los elementos para salvar la humanidad, pero, sin embargo, las decisiones todavía no las toman los científicos.

Amigos, estamos contemplando como los políticos, además de equivocarse en la mayoría de sus decisiones, dedican su tiempo y sus energías a batallas inútiles para destruir y debilitar al contrincante, sin que eso nos conduzca a nada que beneficie a la población.

Por todo ello, proponemos a la sociedad civil, a las víctimas de esta locura, que nos organicemos. No buscamos alzarnos con el poder, sino proteger a los más débiles y ayudarles a superar esta terrible situación. 

Por eso os pedimos que os unáis a nosotros, independientemente de vuestra ideología, de vuestra condición social o religiosa, de vuestro estatus económico, de vuestra nacionalidad o procedencia, para levantar un sistema de solidaridad y generosidad con los más débiles. Para que todos podamos salir adelante, juntos”.

 

[1] La letra fue compuesta en 1988 por el periodista deportivo Carlos Toro, autor de más de mil canciones, y que compuso la canción para animar a su padre, un militante comunista preso en las cárceles franquistas.

[2] Inspirado en el discurso de Félix Rodriguez de la Fuente en el programa EL HOMBRE Y LA TIERRA RTVE.

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1 Comentarios

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#1 Juan Jose García, Cunit, 24/05/2020 - 16:44

Si el desembarco de Normandía se hubiera guiado por esos principios,aún estarían chapoteando en las playas.