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La Puntita · 7 de Noviembre de 2019. 20:59h.

JOSÉ GONZÁLEZ

No diga Sánchez, diga rigor

El final de campaña está dejando a Pedro Sánchez noqueado. Así se nota, se oye y se ve en su cara. Su última salida de la pista ha sido apoteósica, aunque desconozco si le pasará factura o le reportará fama por causa de la “baraka” que tiene el buen hombre. Es un personaje tan poliédrico que el sol siempre puede brillar en alguna de sus caras. Esta vez su lección de democracia para incautos ha sido la consideración que tiene del papel de la fiscalía, opinión que le sitúa en la misma frontera de la democracia. Es desveladora de sus principios de utilitarismo extremo y de desahogo con los que el candidato se desenvuelve en política.

Decir que el fiscal hace y hará –como títere despersonalizado, le faltó decir- lo que mande el gobierno es una burrada impropia de cualquier presidente y de cualquier político normalito. Y todavía fue más malsonante y vergonzoso fue oírle ayer en Radio Nacional cómo interrogaba al periodista para que este admitiera que al fiscal lo nombra el gobierno. Si oyen el corte de audio o, mejor todavía, ven el vídeo van a alucinar con la forma displicente e inquisitiva en que trata el aéreo presidente al entrevistador. Seguro que pensó que esa radio era su casita de juguete.

Solo con esto último ya alcanzaría para no proponerle ni como presidente de una comunidad de vecinos seria. Me he preguntado muchas veces si el PSOE no tiene nada mejor para presentar a elecciones, aunque fuera feo y no fuera doctor. Hagan otro casting pronto, por favor, y no desistan de esa misión porque el presente y el presidente no auguran nada bueno, se ganen o no las elecciones. Que no todo es meta, señores, que también hay camino y este no se recorre pegando codazos y patadas.

Esta semana no se pueden publicar encuestas por normativa electoral y no sabemos cuánto pueden pesar estos últimos “gambazos” sanchistas. Me temo que los indecisos no se preocupan demasiado por los fundamentos éticos de un candidato sino por votar al menos malo para ellos. Cuántos habrá que piensen aquello de que “hay gente pá tó” que contestó el torero El Gallo cuando alguien le presentó a Ortega y Gasset y le dijo que era filósofo. Realmente, Sánchez ha podido llegar a presidente y eso ya es medio milagro. Si el domingo retiene el cargo, milagro completo y santo súbito para el colega.

Sánchez ahora es presidente del gobierno en funciones. Pero viene siendo el jefe desde hace un año y medio y su imagen pública ha ido a peor sin remisión. Recuerdo así a bote pronto: el escándalo del doctorado y su libro de cabecera anejo, el uso abusivo del Falcon, la invasión social de sus fotos de book de aspirante a actor, entre otras cuestiones aún mayores como su política de alianzas. Este hombre no hace un amigo fuera de su partido, visto queda.

El candidato se está ajando y así se vio en el debate pasado cuando analicé, así de manera somera (desde el sofá quiero decir), su lenguaje gestual y corporal. Se puede sostener que el candidato Sánchez denotaba insinceridad y mostraba déficits comunicativos de manual. Así lo prueban su mirada baja, el no atender debidamente a las interpelaciones que le hacían, las manos cogidas a menudo y su inexpresividad calculada. La boca y los ojos indicaban su nerviosismo y tenía un extremo rigor facial desacorde con el contexto comunicativo, entre otras observaciones que hice. En teoría de la comunicación se tiene por cierto que el lenguaje corporal supone en torno al 55% del contenido de lo que comunicamos (Mehrabian). Y en ese capítulo el cero fue patatero, no así en lo verbal que le suele ir algo mejor.

Sánchez es riguroso porque el rigor le define. Pero es ese rigor facial que demuestra a menudo y no el otro indispensable para un presidente de gobierno. No sabría si, forzando la sinonimia, se puede considerar que ello signifique también cara dura. No lo podría asegurar pero para comprarle una moto habría de ser nueva y con papeles.

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