La Puntita · 6 de Octubre de 2022. 10:15h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

Periodismo malo y periodismo útil

Bendita libertad de prensa, pilar de la democracia. La calidad del periodismo es paralela a la calidad de la democracia. Esa relación tiene su reverso, el periodismo de mala calidad perjudica la buena democracia.

Las distintas clases de periodismo por razón de la materia tratada, ejercido a través de medios distintos, tienen en común la función de aportar información. Esta función es imprescindible. Un individuo y una colectividad bien informados serán más libres y podrán aspirar a una mayor y mejor realización de sus fines.

Cada uno de nosotros a través de sus capacidades puede hacerse con un conocimiento sobre el estado de las “cosas”, que eso es la información, pero solo en una muy pequeña cantidad, insuficiente para aprehender una realidad cada día más compleja.  La información “externa” suple nuestra personal limitación. Pero esa información no es gratuita en ningún sentido, conlleva exposición a una influencia y la influencia comporta un poder sobre nosotros.  

De la infinidad de datos de la realidad, el periodista solo puede informar de unos cuantos. La selección de esos datos y no de otros es una primera forma de influencia.

El periodista no es “mensajero” aséptico de datos. La exposición de los datos, su narración, inevitablemente incorporará en mayor o menor medida, de modo sutil o no, la percepción del dato por el periodista en los casos más neutros, u “opinión” del periodista y del medio con demasiada frecuencia.

Por ejemplo, en Cataluña no es lo mismo escribir en un medio independentista como Vilaweb, que en uno no independentista como e-noticies para el que escribo.  Esa “posición” del medio incorporada a la información es la siguiente forma de influencia y de separación de lectores.  

El periodismo político es la especialización periodística más delicada y su influencia en la formación de la opinión individual y de la opinión pública es enorme, puede modular orientaciones personales y colectivas, sacar la gente a la calle, hacer subir o bajar la bolsa, determinar el sentido del voto, cambiar gobiernos, etc.

La acción del periodismo en libertad constituye el llamado “cuarto poder”, que la ciudadanía no controla. Al contrario, el “cuarto poder” controla a la ciudadanía controlando a sus representantes. Demasiados periodistas, híbridos de inquisidor y parlamentario, hacen entrevistas a dirigentes políticos, a los que inquieren y aprietan más que una comisión parlamentaria a la que les gusta sustituir.

Es un poder que va por “libre”, aunque realmente no es libre, puesto que, a su vez, se ve constreñido por influencias corporativas e ideológicas, más las de grupos de presión, financieros, industriales, religiosos, políticos, etc.

Un ejemplo ilustra. En Cataluña se ha saturado a la población de información sobre el procés y sus dirigentes. Todavía hoy, pese a la fatiga por y del procés, cualquier nimiedad o necedad procedente de Puigdemont, su entorno y los otros alcanza (por interés o por falta de criterio selectivo) honores de primera página y de horario estelar en radio y televisión, con el consiguiente seguimiento del universo digital a favor o en contra.

Ese periodismo es malo.

Igual como lo es el periodismo cómplice de tramas delictivas -hay casos recientes-, de conspiraciones políticas o de cloacas de estado, sea el Estado con mayúscula o el estado en su expresión autonómica o local.

Existe, por contra, un periodismo de altura, en el que la selección del dato y su narración son no solo informativos, sino formativos. Los Premios “Ortega y Gasset de periodismo”, que convoca El País, muestran trabajos de esa calidad.

 En la edición 2022 los galardones otorgados han reconocido el valor de los periodistas que denunciaron la corrupción y los abusos del poder oficial y de las bandas criminales -les asesinaron por ello- en Latino América. Y han destacado la investigación de la pederastia en la Iglesia Católica, tema tabú hasta hace poco y destapado ahora gracias al buen periodismo.  

Ese periodismo es útil a la democracia.

Y es un periodismo más necesario que nunca ante un Internet que, siendo un prodigio tecnológico que ha revolucionado la comunicación, rebosa de ignorancia, falsedades, estupideces y grosería. Es el medio preferido de millones de pequeños imitadores de Trump.

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8 Comentarios

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#6 Timbaler , Bcn, 07/10/2022 - 14:12

Excelente reflexión.
Fue un acierto que X. Rius le trajera a esta casa!!

#5 Jordi Garcia-Petit, BARCELONA, 07/10/2022 - 12:47

Onofre, hacemos bien ejerciendo la libertad de criticar el mal periodismo corriente y, especialmente, el deleznable del amarillismo y del entretenimiento bobo. Para ser justos, recordemos el buen periodismo, el que es un pilar de la democracia. Autócratas y dictadores cuando consiguen el poder eliminan de inmediato la libertad de prensa.

#5.1 Onofre de Dip, Vigo, 08/10/2022 - 15:06

Así es, don Jordi. A pesar de todo, siempre estaré de acuerdo con la celebérrima frase de Jefferson: "Prefiero prensa sin gobierno que gobierno sin prensa."
Reciba usted un saludo cordial.

#4 Onofre de Dip, Vigo, 07/10/2022 - 11:19

En mi opinión, el peor periodismo es el televisivo. De hecho, no creo que sea "periodismo" en un sentido riguroso del término, si no puro espectáculo. Entretenimiento, morboso las más de las veces, y nada más.

#3 pepe, Andorra, 06/10/2022 - 10:50

Y no me voy a sentir culpable por no hacer el mas mínimo caso a las mentiras y la propaganda de eso q usted llama periodismo, pero q hace décadas q dejo de serlo, para convertirse en los relaciones publicas del poder.

#2 pepe, Andorra, 06/10/2022 - 10:49

Y este articulo es una genial muestra de doble pensar, y mientras el activismo y la propaganda camuflados de información dicen lo mismo y lo contrario en la misma frase, todo ello acompañado de ignorancia, mentiras, perogrulladas y una educación en los niveles del averno. No se confunda, son ustedes los malos en esta historia de propaganda.