La Puntita · 28 de Noviembre de 2022. 10:03h.

JORDI GARCIA-PETIT PÀMIES

Jordi Garcia-Petit Pàmies

Rufián insulta en falso a los jueces

Los independentistas tienen un problema con la justicia, no me refiero a las causas en las que se han visto incursos, sino a su equivocada concepción de la justicia en democracia.

En el marco de la Constitución de 1978 no pueden llevar a cabo la secesión de Cataluña y reaccionan rechazando el orden constitucional en el plano ideológico y en la práctica por la vía de sus actos. Su intentona de 2017 era una subversión del orden constitucional como la copa de un pino.

Que la tipificación penal fuera híbrida de varios tipos y por tanto difícil de concretar, se debe, no a la indefinición de sus intenciones -pretendían la secesión de Cataluña, si hubieran podido, la habrían consumado-, sino a la “posmodernidad” de sus actuaciones, nada es lo que parece: la rebelión no es rebelión, la sedición no es sedición, la desobediencia no es desobediencia, la malversación no es malversación, frente a lo cual la legislación penal vigente resulta “anticuada”.

Puestos a remozar el Código Penal, podría aprovecharse la ocasión para afinar algunos tipos penales y acompasarlos a nuestro tiempo cultural y tecnológico.

Entretenidos con el procés, los independentistas obviaron la justicia, la descubrieron cuando ya era demasiado tarde. Al vulnerar el orden constitucional y su dimensión normativa toparon con ella. La justicia estaba en su sitio y cumpliendo sus funciones como poder del Estado, solo que ellos no la “vieron”. Ahora dicen que no es “su” justicia, la tienen por la justicia española, la justicia del país “vecino” que se les aplica indebidamente.

Al topar de frente con ella, todo han sido lamentos, descalificadores siempre, ofensivos con frecuencia. Valgan como muestra “sentencia dictada de antemano”, “justicia vengativa”, “no es justicia, es represión”, “justicia podrida”, denigraciones que, amparados por las libertades del orden constitucional que rechazan, no se les toman en cuenta.

Incluso Pere Aragonès, presidente de la Generalitat, representante ordinario del Estado en Cataluña, licenciado en derecho, en sus intervenciones institucionales,  en la del 11 de noviembre por ejemplo,  exhibe una desconfianza gratuita, si no ofensiva, hacia la justicia: “Con la derogación de la sedición será más difícil perseguir arbitrariamente al independentismo”, “Conocemos cómo es la cúpula judicial española, dónde la aplicación de las leyes no es una lectura neutral y objetiva” (el subrayado es mío).

Así llegamos a Gabriel Rufián que, para celebrar la aprobación en el Congreso de los Diputados, el 24 de noviembre, del primer trámite de la proposición de ley para derogar el delito de sedición, soltó una de sus habituales hipérboles: “les han quitado un juguete a los jueces fascistas”.

Y si a Rufián le quitas el juguete de la hipérbole, no queda nada, se agota en la hipérbole, no le importa si contiene o no alguna verosimilitud, ni siquiera aproximada. En la tribuna parlamentaria vive de las hipérboles, son flashes retóricos que deslumbran un instante y se olvidan al poco.  

En España no hay jueces fascistas, igual como no hay políticos fascistas, ni los de VOX lo son. Tuve ocasión de argumentar la inexistencia de fascistas reales en este medio el 3 de noviembre: “Qué no es fascismo y qué lo es”. No me repetiré.

Solo entresaco que los vocablos “fascista” y “fascismo” usados abusivamente se han banalizado en extremo, han perdido su eficacia como insultos, y más a veces considerando quién los utiliza. En catalán diríamos que son “pets de monja”.

Rufián, participando de la concepción independentista de la justicia y del resentimiento hacia ella -aunque igual no se lo cree, pero interpreta su papel hiperbólico-, insultó en falso no a unos jueces concretos, que como fascistas no existen, sino a todos los jueces como servidores de la justicia con la que ha topado el independentismo; aun cuando, en el fondo, lo verdaderamente grave es la arbitrariedad y la falta de neutralidad y objetividad de los jueces en boca del presidente Aragonès. Eso sí que es un insulto, con la agravante de la circunstancia subjetiva de “autoridad” del emisor.  

No obstante, puesto que lo cortés no quita lo valiente, Rufián debería disculparse por su “error”. Un diputado del Congreso y además portavoz de un grupo parlamentario no puede quedar como un patán ante  Señorías Ilustrísimas.  

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4 Comentarios

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#3 Onofre de Dip, Vigo, 28/11/2022 - 12:52

Me pregunto si en las declaraciones de Rufián no hay influencias del concepto "uso alternativo del derecho", Porque si se pueden manipular los instrumentos jurídicos para darles una orientación progresista que colabore a llevar a cabo profundos cambios sociales, ¿por qué no podría hacerse lo mismo en un sentido independentista?

#3.1 Jordi Garcia-Petit , Barcelona, 28/11/2022 - 20:28

Efectivamente, la teoría del "uso alternativo del derecho" sería cierta en cuanto al derecho positivo, que, viejo de milenios, desde siempre ha sido objeto de interpretación y utilización diversa, para proteger u oprimir. No así el mal llamado "derecho natural" que es una aspiración kantiana de paz eterna e igualdad.

#2 Onofre de Dip, Vigo, 28/11/2022 - 12:45

Habría que recordarle a Rufi, que la justicia diseñada para la nueva república tenía a los jueces perfectamente controlados por el Govern, para que no se colara ningún fascista, supongo; dicho Govern se permitía, incluso, el descaro de nombrar directamente al presidente del TS catalán.

#1 Onofre de Dip, Vigo, 28/11/2022 - 12:38

Lo que debería criticar Rufián no es que se haga justicia con los sediciosos, si no que tanto PSOE como PP estén de acuerdo en mantener bajo control la Sala Segunda de Supremo, ahí donde se juzgan los delitos por corrupción que cometen no pocos miembros de ambas formaciones. Me pregunto si Juan Gabriel lo sabe.