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La Puntita · 16 de Febrero de 2020. 23:02h.

XAVIER RIUS

Director de e-notícies

Solo en la Meridiana

 

Lo primero que hice al llegar a casa tras el susto en la Meridiana fue empezar las memorias de Claudi Ametlla (1883-1968); intelectual, diputado e incluso gobernardor de Gerona durante la República.

Procuro no empezar nunca un libro antes de terminar el anterior. Pero los que tienen la inmensa paciencia de seguirme saben que es una norma que incumplo sistemáticamente.

Ahora estoy con La telaraña, de Juan Pablo Cardenal, al que debería entrevistar. Sobre “la trama exterior del procés”.

The last days of the Spanish Republic, de Paul Preston. Aunque un poco sesgado para mi gusto. En la séptima línea ya se mete con el coronel Casado.

Y uno de segunda mano que compré el sábado a uno de mis suministradores habituales: El pueblo contra Richard Nixon. ¡El caso Watergate visto con los ojos de Jesús Hermida! (1937-2015).

Sin embargo, la obra de Claudi Ametlla iban como anillo al dedo: Memòries polítiques y de Catalunya, paradís perdut. Remarco lo de "paraíso perdido".

Empieza con unas palabras premonitorias de aquella noche del 17-18 de Julio de 1936, cuando el ejército de África ya se había sublevado.

No passarà res, homes; què vols que passi? Veste’n tranquil” (1), le dijo uno de los amigos de tertulia.

Jordi Pujol, en el prólogo (1984), también acierta: “No podemos creer en una historia donde sólo haya buenos y malos”.

Aquí también decíamos que la independencia sería la revolución de las sonrisas.

Un paseo. Bufar i fer ampolles. Estaba a la vuelta de la esquina. La tenim a tocar

Luego, para distrarme, hice un poco de zapping.

Y me salió la película El tambor de hojalata (1979) en 8TV, sobre la novela homónima de Günter Grass.

Por una vez me detuve en la television del conde. Creo que incumple todas las normas del CAC. No echan las películas ni en versión original.

El film iba por cuando una familia alemana estaba celebrando la invasión de Rusia. También tenía que ser coser y cantar.

Ya saben lo reacio que soy a comparar el independentismo con el nazismo.

De hecho, a todos lo que lo hacen los bloqueo en twitter sin dar explicaciones.

Pero lamentablemente empiezan a haber puntos en común: el matonismo, la impunidad, els carrers sempre seran nostres. No, las calles son de todos. Es la base de la democracia. Desde los griegos.

¿Cómo es posible que en una ciudad como Barcelona un centenar de personas puedan cortar la Avenida Meridiana dos horas al día durante casi cuatro meses sin que las autoridades intervengan?

Ya estuve hace dos semanas.

Pero como nadie hace nada -ni Miquel Buch ni Ada Colau ni Albert Batlle ni Miquel Esquius ni el nuevo jefe de la Guardia Urbana, Pedro Velázquez- el sábado decidí regresar.

El resultado lo tienen en youtube aunque, lógicamente, no sale todo.

Fui rodeado, increpado, zarandeado, empujado y agarrado. Se habían quedado con mi cara.

Todo muy democrático. Los mismos que te graban no te dejan grabar. 

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 Sin que, por cierto, los Mossos intervinieran. Se lo miraban a distancia.

Tuve que hacer como en las películas: pedir socorro.

Es lo que más mal me sabe: parecía aquel diputado de Convergencia, Gerard Figueras, que, en el asedio del Parlament del 2011, tambén pidió auxilio a grito pelado.

Aunque a él la he ido mejor la vida. Expresidente de la JNC, es desde el 2012 Secretario General de Deportes de la Generalitat. Ahora anda investigado por presunto desvío de subvenciones.

Al menos su predecesor en el cargo, Iván Tibau, fue campeón de hockey en Macao.

Ya lo dijo en su día Ana Botella: había que suprimir las juventudes de todos los partidos. Sólo sirven para medrar.

Fue seguramente lo más importante que dijo la entonces alcaldesa de Madrid junto a al “relaxing cup of café con leche”. Y se lo dice un exmilitante de la JNC.

En fin, lo mejor del incidente fueros los sólidos argumentos intelectuales de la otra parte.

Desde “borra el vídeo, subnormal” a “ni gracias ni pollas”.

El más divertido fue uno que me dijo que mis argumentos eran de una enorme “bajeza intelectual”.

Como confesó que me seguía en youtube no pude menos que darle las gracias.

Otro aseguraba que “sabemos lo que haces” -en alusión, supongo, a que cobro del CNI o de la Guardia Civil o de la Trilateral- o que era "muy facha”.

Me recordó aquella frase atribuida erróneamente a Churchill: los antifascistas de hoy serán los fascistas de mañana.

Junto al inevitable “no toques los cojones” que es precisamente lo que tiene que hacer el periodismo. Lo contario es publicidad.

Uno, en tono amenazante, me aseguró que me lo diría "por las buenas o por las malas". Pero en cuando le dije que me lo dijese “por las malas” no supo qué decir.

Finalmente otro u otra -ya perdí la cuenta si hombre o mujer- me conminó a irme. “Somos gente educada y te acompañamos”.

¡Pero si soy del barrio! ¡Yo nací en La Sagrera! ¡Vivía la lado del Hipercor! Ése es también mi barrio.

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Una chica, tan histérica como Marta Rovira aquella noche en Palau, iba gritando que “si publicas cualquier imagen te podemos denuncia”.

“Si publicas una sola imagen tenemos tu cara y te juro que de denunciamos”, insistía.

Ya no les hice caso en mi anterior visita.

Lo dicho: como ha acabado la revolución de las sonrisas.

Todo muy això va de democràcia.

El episodio del sábado confirma, en todo caso, lo que ya dije hace dos semanas: es la degradación del proceso.

Si estos son los paladines de la libertad, los héroes de la Meridiana, los últimos de Filipinas; apaga y vámonos.

Pero querría decirles también una cosa: os han engañado vilmente.

Y estoy dispuesto a decírselo a la cara si me garantizan el respeto a mi integridad física y una tarima.

Ni siquiera pido un hotel de cuatro estrellas como Cotarelo.

 La independencia no es que esté cerca es que está más lejana que nunca.

Y lo peor es que lo sabían. Lo sabían todos: Mas, Puigdemont, Torra, Junqueras, Marta Rovira, Gabriel Rufián.

Uno de los presentes, con el que al menos se podía hablar, me lo confesó por lo bajini: “Todos sabemos que la independencia, hoy por hoy, no es factible pero de aquí seis años seremos independientes”.

Lo que no sé es cómo hacía las cuentas. Y porqué dijo seis en vez de veinte, por ejemplo.

Siempre he dicho que quizás los hijos de Junqueras, Rull, Turull y compañía -traumatizados por lo que les ha pasado a sus padres- lo vuelven a intentar.

Yo no puedo predecir el futuro. Pero que sepan también que el Estado estará a partir de ahora siempre avizor. No dejará pasar ni una. Los jueces -incluso antes que los políticos- se han puesto las pilas.

En el fondo sospecho que utilizan a los de la Meridiana como carne de cañón. Para descargar su propia conciencias. Son los estertores del proceso.

Como si fuera muy valiente cortar la Meridiana con la ayuda de las autoridades. ¡Pero si la corta la Guardia Urbana!

Esta fue una revolución pija desde el principio.

Cómo iban a hacer una revolución gente que hacía paellas en Cadaqués. ¡La revuelta de los oprimidos!

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Iban a manifestaciones con bolsos de Armani o bolsas de Chanel.

Y presumían de BMW en twitter. Aunque fuera de una amiga. Que, dicho sea de paso, era la portavoz de JxCat y experiodista de TV3. Todo queda en casa.

La Meridiana es un síntoma. Están perdiendo la batalla de la imagen. Incluso la del relato.

Aunque les den cancha en el Tot és mou o en el Planta Baixa. Y por mucho que se empeñen Pilar Rahola o Antoni Bassas.

Los vecinos están hasta el gorro. Los bares no hacen caja. Las tiendas cierran antes.

Pero no han perdido la batalla de la imagen sólo en la Meridiana. También en Bruselas: Puigdemont y Comín siguen sin grupo parlamentario. ¡No los quieren ni los Verdes!

Me lo decía un colega que me ha llamado para darme ánimos aunque les aseguro que ánimos es lo único que me sobra: "cuanto más hablen peor para ellos".

Cuando Clara Ponsatí -que es catedrática de la universidad escocesa de Saint Andrews- mezcla el Holocausto con el proceso sólo consigue enfurecer a los judíos, que ya han sufrido bastante en la historia.

Y cuando la alcaldesa de Vic, Anna Erra -maestra para más señas- dice que se puede distinguir a un catalán por el “aspecto físico” está haciendo otro flaco favor a la causa. Es como tirarse piedras en el propio tejado.

Pero, desde luego, la Meridiana es también una muestra de la degradación del espacio público en Barcelona.

Sobre todo de las instituciones: de la Generalitat, del Ayuntamiento, de los Mossos, de la Guardia Urbana.

Porque ahí en medio, rodeado de encapuchados, me sentí completamente sólo.

¿Un mierda de periodista como yo tiene que poner de manifiesto la ausencia, la desidia, incluso la incompetencia de las autoridades?

¿Dónde estaba el Estado? ¿Y las administraciones? ¿Para qué pagamos impuestos?

A la ida, el que parecía jefe del dispositivo de los Mossos, ya me advirtió que no intervenían porque “es una decisión política” y que “estamos a los órdenes de los políticos”.

No perdonen, la obligación de los Mossos -como cualquier otro cuerpo de seguridad- es intervenir para hacer cumplir la ley. Lo contrario es prevaricación.

Y, a la vuelta, todavía me dijo que “estaba comunicado a las autoridades” y que ellos “sólo podían proteger la movilización”.

El ciudadano de a pie que se joda. Hasta afirmó que el problema era mío porque “me había puesto en medio de una gente de ideología determinada”.

¡Sólo le faltó decir que había ido a provocar!.

Ni siquiera eso era verdad. No pude cruzar ni el paso de peatones. Me reconocieron, me siguieron y me rodearon mientras los Mossos permanecían, a más de 200 metros de distancia, sin mover un dedo.

¿Pero qué Policía hemos construido?

Lo digo con pesar. Yo cubrí la inaguración de la primera comisaría en Vic en 1994. Todavía me acuerdo. Hacía un frío que pelaba.

En fin, tot plegat, no sólo indica la degradación del proceso o de las mismas instituciones catalanes.

Indican algo mucho peor: la degradación de la propia sociedad catalana. Incapaz de reaccionar.

Al fin y al cabo los que nos mandan son reflejo de esta misma sociedad. Si no podemos elegir a dirigentes más capaces, más responsables y más currantes nos aguarda un futuro negro.

Catalunya está en caída libre.

El Mobile es sólo un síntoma.

 

(1) "No pasará nada, hombres; qué quieres que pase? vete tranquilo".

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38 Comentarios

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#28 Catadisney, Mont Tebar, 03/03/2020 - 20:01

Rius un héroe. Hay que tener en cuenta que estos alborotadores son potencialmente violentos ....y protegidos por Torra y su entorno.

#27 Montse, Barcelona, 03/03/2020 - 13:18

Sr. Rius, echo en falta que escriba otro artículo. Un saludo.

#26 very, a, 29/02/2020 - 19:29

Nunca olvide que les hace mas ilusion incordiar que la independencia. Vamos, que estarán cortando la Meridiana años y años con sumo placer aunque sepan que la indepndencia es imposible,

#25 KANSAS CITY. CAT, Barcelona, 25/02/2020 - 12:27

La llei de la selva
Com a les pelis del "OESTE" on els "sherif" deixaben fer, si eren de la seva corda

La degradacio VA SUMAN cada dia mes
fins a on?
cap a on ?
A RES DE BO

Malament si aquests son els que ens HAN DE SALVAR

#24 Sergi Sergio, Barcelona, 24/02/2020 - 17:00

Bravo Rius, endevant, denuncia tota aquesta merda, no paris, que quedin ben retratats, com el que son.