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La Puntita · 3 de Junio de 2020. 08:53h.

RAFAEL ELÍAS

Te lo juro por Stalin

En los años 80, recuerdo, los estudiantes de BUP que vestían de marca eran los que iban al instituto. Es decir, a la escuela pública. Los pijos de la privada ya se habían hartado de sí mismos y se estaban haciendo progres, marxistas o anarcopunks, lo cual hacía que modificaran no sólo su vestimenta, sino también su actitud ante la vida. Con todo, se les notaba demasiado que eran recién llegados, les faltaba autenticidad. Entonces, y por aparentar ser más anarquistas que los de verdad, se volvían bastante violentos y antisistema, un poco como el charnego agradecido que se esfuerza en ser el más indepe entre los indepes, para ganarse la adaptación. Los pijos progres no tardaban en volver al redil familiar, de forma periódica, y acostumbraba a coincidir ese retorno con que se habían fundido la pasta. Pecadillos de juventud.

Ha querido el futuro que ahora el fenómeno suceda a la inversa: el comunista se hace pijo. Ojo, no me refiero al gusto por la moqueta, que esa querencia la ultraizquierda la ha tenido siempre, sino a la asunción de unas características que creíamos que eran exclusivas de los niños pera.

Todo esto viene al caso por el asunto de una grabación a hurtadillas a Irene Montero, en un vídeo que rueda por ahí y no parece fake, y que ha revelado que nuestra ministra, en las distancias cortas, se expresa con un deje peculiar, similar al que utilizaban las jóvenes anteriormente conocidas como chicas cocodrilo.

Para el oído entrenado, el acento de Montero raya la perfección de la jerga pija. Para el oído desentrenado, también. Vale la pena ver el vídeo. No se trata sólo de la pronunciación, sobresaliente, también la gesticulación y el posado denotan años de inmersión y un duro aprendizaje. Una alumna brillante y cualificada, que por algo ha llegado a ser ministra. El esfuerzo da sus frutos, bien por Irene.

Coincide que voy escribiendo esto con que me acaban de reenviar al móvil el audio de una conversación telefónica -con interferencias- que empieza a circular por el whats, y que traigo aquí ahora por encontrarlo oportuno. La autenticidad del mismo está aún por verificar, pero, en cualquier caso, aparece ahí de nuevo ese registro lingüístico singular. Leamos con atención, pues paso a transcribirlo:

"La mani de ayer estuvo fenomenal, tía, ¡te lo juro por Stalin! (...) ¿Este finde qué haces, tía? ¡Yo he quedado para okupar un banco! ¡Superfuerte y muy muy drástico! (...) Bueno, te dejo tía, ¡que tengo más trabajo que en un gulag! ¡Un besote sin máscara! (...) ¡Y tú que lo purgues mogollón! (...) ¡Jajaja! (...) ¡Jojojo! ¡Anda, como Papá Noel, tía! (...) ¡Para nada! (...) ¿Tía?”

Tras el último “tía” se corta definitivamente el audio. Un “tía” sin respuesta que nos deja con el alma en vilo y deseosos de ver cómo concluye la conversación, interesantísima.

Aunque yo sospecho, muy dentro de mí, que todo esto es una maniobra de distracción, con el único fin de despistar a la ciudadanía. Porque este tema sale a la luz pública a la vez que el escándalo de Marlaska. Y eso sí que es superfuerte. Encima, con tanto lío ya nadie se acuerda de Puigdemont.

Y tiene su gracia -ironías del destino- que al final la pija no haya sido la “señora marquesa” a la que se refería el vicepresidente en el Congreso, sino su propia cónyuge. Será que en la vida todo tiene su moraleja.

Perdón, su Galapagar, tía.

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1 Comentarios

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#1 Menjamela Grandi, Anapurna, 04/06/2020 - 19:46

¡Qué buen artículo, Rafael! Me he reido mucho, aunque el fondo de lo que expresa sea más trágico que cómico. Porque estos comunistas, altermundistas, etc. impostados vienen a librar batallas ya ganadas (la liberación de los esclavos, el trabajo retribuido..) o en lugares donde no toca. Y con la excusa, viven en chaletes con piscina.