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La Puntita · 11 de Agosto de 2020. 23:46h.

XAVIER RIUS

Director de e-notícies

Tendencias suicidas

 

Los catalanes tenemos tendencias suicidas.

No de ahora. De siempre.

Hay un momento en la historia en que nos tiramos por el barranco.

No todos, desde luego. Pero como con frecuencia son nuestros representantes al frente de las instituciones los efectos son los mismos.

En 1640 declaramos la República una semana.

El tiempo necesario para encomendarnos al rey de Francia, Luis XIII.

Nosotros teníamos a Pau Claris. Los franceses a Richelieu. No hay color.

Total para descubrir que las tropas francesas eran peor que las castellanas.

Tras doce años de guerra volvermos al redil.

Felipe IV nos perdonó contra el criterio de la Corte. Incluso, por supuesto, del conde-duque de Olivares.

Detalle sobre el que pasan de puntillas nuestros más avezados historiadores.

En 1714, otra vez.

Juramos fidelidad a Felipe V en las Cortes de 1701-1702.

Luego cambiamos de bando, cosa que tampoco se destaca mucho en nuestros libros de historia.

Nos aliamos con el Archiduque Carlos. En caso de vencer habría sido Carlos III.

Tampoco tengo muy claro el por qué. Parece que Felipe V nos ofreció dos barcos para negociar con América. El Archiduque Carlos, cuatro.

¿Montamos todo el pollo por dos buques?

Además, quién protagonizó el cambio de opinión -ejemplificado en el Pacto de Génova (1705)- no fueron las instituciones representativas del país -las citadas Cortes, la Diputación del General o el Consell de Cent- sino la pequeña nobleza de Osona.

Aún y así no fue una guerra de secesión como quiso hacer creer la Generalitat -y algún historiador como Jaume Sobrequés- sino una guerra de sucesión.

Cervera arrastra mala fama de borbónica desde entonces, pero otras localidades se mantuvieron fieles a Felipe V como Berga, Centelles, Ripoll o Manlleu.

Y en 1714 la nobleza catalana -o lo que quedaba de ella- estaba esperando en Mataró a la caída de Barcelona.

El mismo asedio de la capital fue otro suicidio: 5.000 hombres de la milicia urbana -la Coronela- que no eran soldados profesionales contra un contingente de 40.000 efectivos.

También en este caso la resistencia a ultranza no fue decidida por la Generalitat o el Consell de Cent sino por la Junta de Braços y contra el criterio del conseller en cap, Rafael Casanova, o del mando militar, Antoni de Villarroel.

Felipe V, tras la victoria, arrasó con todo: el Decreto de Nueva Planta como su nombre indica.

Pero es que le habíamos traicionado -era un delito de lesa majestad- y entonces no había ni la Convención de Ginebra ni otras zarandajas para aliviar al derrotado.

Lo del 6 de octubre de Lluís Companys fue más de lo mismo ya en pleno siglo XX.

No he acabado nunca de entender que el entonces presidente proclamara el estado catalán -eso sí: dentro de la República federal española- en solidaridad con unos mineros que pretendían proclamar una república bolchevique en Asturias.

Además, las derechas habían ganado legítimamente -y con el voto de las mujeres, por cierto- las elecciones del año anterior.

Puigdemont sigue la misma tendencia.

El proceso ha sido, como los anteriores, un suicidio colectivo. Entre otras razones porque los indepes mandaban en las instituciones.

Si Puigdemont quería suicidarse políticamente estaba en su derecho pero como presidente nos representaba a todos. Incluso a los que no le habían votado.

El resultado fue similar a las ocasiones anteriores.

Ningún resultado tangible. Una derrota en toda regla.

Lo peor es que, en este caso, jugaron con los sentimientos de la gente: sabían que no saldría bien.

No sólo no tenían el apoyo mayoritario de la población -sólo el 47% de los votos y no en unas sino en dos elecciones sucesivas- sino ni siquiera ningún apoyo exterior digno de mención excepto Julian Assange o Pamela Anderson.

Ningún gobierno de la UE o del resto del mundo reconoció la república no nata o expresó siquiera palabras de apoyo.

¿Entonces?

Pues eso, la voluntad de los catalanes de persistir en el error una y otra vez.

No aprendemos nunca.

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13 Comentarios

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#9 manu21, Dijon france, 17/08/2020 - 14:00

así que el catalán es una vez cabray otra vez macho cabrio en la vida no pueden ser los dos así que para mí el catalán siempre ha sido gente que sólo piensa en ellos un día ce venden al rey de Francia y luego vuelven con el rabo entre las piernas Así que el catalán es personal, imbuido de su persona y cree que es más inteligente que los demás

#8 Protágoras, bcn.España, 17/08/2020 - 00:31

En el mundo hay unos ¿10.000? pueblos y solo 200 naciones. Es decir hay 9.800 "naciones sin estado". Puede alguien informarme si de entre estas 9.800 "naciones sin estado" hay alguna que tenga más autonomía, libertades y derechos que Cataluña.

#7 Juan Jose García, Cunit, 16/08/2020 - 11:36

El Decreto de Nueva Planta,mantuvo el Derecho Civil catalán,en lugar de abolirlo,y los patrimonios de los
que impulsaron la traición.No he oido comentarios al respecto.Un error,como el de Felipe IV.La historia
demuestra que en estos casos,la magnanimidad sólo conduce a la repetición de los hechos.

#6 Carles Fortuny, Palau de la Degeneralitat, 14/08/2020 - 23:39

"No he acabado nunca de entender que el entonces presidente proclamara el estado catalán -eso sí: dentro de la República federal española- en solidaridad con unos mineros que pretendían proclamar una república bolchevique en Asturias."
Porque fue un intento de golpe en toda España, solo que en la mayoría de sitios se echaron atrás.

#6.1 Carles Fortuny, Palau de la Degeneralitat, 14/08/2020 - 23:40

https://es.wikipedia.org/wiki/ Revoluci%C3%B3n_de_1934

Recuerde Sr. Rius, que la izquierda fanática le llama revolución a sus golpes.

#5 VRaptor, Alicante, 13/08/2020 - 23:43

No está históricamente probado, pero por dos barcos más o menos no se va a una guerra. Parece ser que la cuestión de fondo era la propuesta inglesa, que superaba a la de Felipe V de permitir el comercio con las Indias y la concesión de tres puertos sin tener que pasar por la aduana de Cádiz, sino la promesa de un asentamiento propio, más rentab

#5.1 Juan Jose García, Cunit, 16/08/2020 - 11:38

Las razones,cuanto más se aproximan al lucro de unos pocos,más convincentes resultan.Como
sucede ahora.