Publicidad
La Puntita · 4 de Marzo de 2019. 10:36h.

JOSÉ GONZÁLEZ

Un juicio, cuatro bodas y un funeral

Aun sin saber su veredicto, seguro que el juicio a los políticos presos que se lleva a cabo en el Tribunal Supremo acabará con un mazazo. Ese golpe en la mesa certificará, me temo, que Cataluña ya dejó de ser un lugar  ideal para vivir en paz. La sentencia será otra derivada obligada del infausto “procés” al que, parafraseando el título de aquella comedia de los años 90, le podemos hallar cuatro bodas fallidas y un funeral. Empezaré por el sepelio que no es otro que el del proyecto de una comunidad donde quepan todos los que la habitan, independientemente de sus opciones políticas. La comunidad catalana se ha hecho pequeña, mucho más pequeña de lo que era hasta hace unos años. Una desgraciada realidad que no admite prueba en contrario.

Para alegrarnos vamos con algo de música. “Love is all around” es una excelente balada de los escoceses Wet  Wet Wet.  En la película “Cuatro bodas y un funeral” la canción era la banda sonora de las divertidas andanzas de Hugh Grant y Andie MacDowell  que vivían un amor destinado a todo menos a pasar por la sacristía. Aquí y ahora la banda sonora se puede titular, contrariamente, como “Shit is all around”.  Encaja con ese teatro malo que estamos viendo en el juicio. La retransmisión nos está dando la gravedad de la medida de los hechos y la insoportable levedad de muchos de sus actores protagonistas

Lástima que ahora no esté permitido aquello de lanzar  a los actores verduras en mal estado que se hacía, desde fines del siglo XVI, en los corrales de comedias o, según se cuenta, en el mismísimo teatro “The Globe” de Shakespeare  cuando la obra no gustaba al respetable. Lo de algunos testigos lo hubiera merecido. Los ha habido que no han contado casi nada porque no han querido (Rajoy, Zoido), otros que van a vacilar al tribunal y de paso a mostrar su indigencia discursiva (Rufián, Fachín), otros que van a mostrar que son agradecidos a sus pagadores (Baños) y algunos otros que han salido más o menos bien (Soraya, Montoro, Urkullu, este último el de un discurso formal más convincente). De los acusados nada digo porque bastante tienen con defenderse.

Vamos con esas bodas fatales del procés. El primer matrimonio fallido fue con la estadística y con su interpretación de la realidad social. Henchidos de una mayoría insuficiente, se casaron sólo el 47% de la población, dejando a más de la mitad de la población fuera de su iglesia. Amor de uno con uno mismo suele ser muy fiel pero nada (re)productivo. Ya saben: aquel rollo de ensanchar la base social que no ha funcionado pese a TV3 y propagandistas a sueldo. 47-53 en un partido de básquet es el final del partido con derrota para los primeros y no la prórroga como aquí sucede.

El segundo enlace “prusesal”  fue con la política-espectáculo. Qué incautos fueron aquellos que pensaron que la única acción política era “la voluntad de un pueblo”. Con manifestaciones y manifiestos no se quiebra un estado moderno como el español. O acaso pensaron que con algunas performances y ese escaso 47% de los votantes iba a obligarse a que España se arrancase uno de sus brazos sin pestañear. Eso no va así y menos sin poner una revolución real desde esta orilla del Ebro. Asusta la puerilidad suicida del planteamiento pero es que esto es lo que ha habido.

Otra de las bodas de la Republiqueta y de algunos de sus apóstoles callejeros – ¡qué gran idea la de los cedeerres para tomar la calle! -  fue con el incivismo y la violencia callejera. Resulta curioso que se reivindiquen cansinamente como un movimiento pacífico mientras se cuentan por multitud los episodios de violencia, de coartar los movimientos de la ciudadanía y de acoso a políticos y también a personas anónimas en la calle. El riesgo del enfrentamiento civil se está bordeando, se diga lo que se diga con la milonga de las sonrisas. Hay ya mucha gente cabreada por ambos lados y la mecha está escondida en cualquier lugar.  

La cuarta boda fatal ha sido con el supremacismo, con esa forma de entender el nacionalismo que empezó con Pujol y que quedó como algo latente hasta que, desgraciadamente, lo reactivaron Puigdemont y su vicario Torra, sumándose al de sus socios de govern de Esquerra. En verdad, que me hago cruces de cómo una parte de una sociedad que se (auto) presume tan avanzada como la catalana ha podido comprar esas tontas y peligrosas ideas de creerse un pueblo elegido, aquella castaña de la Dinamarca del Sur que resume este pensamiento mágico e infantil. Creo recordar que en la Biblia el pueblo catalán no sale ni en los créditos ni en los agradecimientos finales. Un gran pueblo sí, pero como cualquier otro gran pueblo.

Estas cuatro bodas nos han llevado al funeral que vivimos. Todas ellas eran una apuesta segura para una ruina que, por cierto, sólo coincide con república en la r inicial.  Encallados por culpa de unos políticos irresponsables y sus seguidores, toca ahora cantar “Shit is all around”  que puede ser nuestra banda sonora original durante mucho tiempo.  

José González

 

 

 

 

Publicidad

0 Comentarios

Publicidad