Publicidad
La Puntita · 18 de Marzo de 2019. 07:44h.

JOSÉ GONZÁLEZ

Vente pá Madrid que no sabemos lo que queremos

Esto de correr detrás de la independencia escurridiza es un filón. Lo es sobre todo para la larga y feliz vida política de sus popes a sueldo pero también para motivar a su tropa. Este pasado sábado han enviado a sus huestes a Madrid a protestar contra el Maligno Español y lo han hecho en la misma villa y corte, dato que muestra el arrojo de los allí destacados. Una nueva soldadesca, esta vez expedicionaria, del independentismo catalán se subió a unos autobuses fletados para la causa y a lo peor pagados con subvenciones públicas. Originales como suelen serlo, unos iban disfrazados de esa botella de Fairy que tanto se lleva ahora (aprovecho para decirles que hay un Fairy amarillo que dará mejor rédito), otros adornados con singulares ocurrencias y todos con esa bandera estelada que tanto integra a algunos catalanes, sobre todo a los que viven de la ubérrima teta de la republiqueta.

He visto pocos jóvenes y muchos mayores entre los dos centenares de miles de manifestantes que cuentan los cuentos que fueron. Con 15 trenes fletados y unos 500 autobuses con 50 luchadores por la república en cada uno diríase que la suma era de no más de 30.000 personas. ¡Quía! El truco del almendruco es que a ellos había que sumarles los activistas que fueron en las decenas de miles de coches que colapsaron la A-2 entre Barcelona y Madrid el pasado sábado. Y quizás llegaron otros miles andando como peregrinos con sus promesas a cuestas y a esos tampoco los hemos contado. Así que lo dejaremos todo  en 200.000 manifestantes, según el estilo del errático contador de “manifas” de Colau.

Esta fiesta madrileña ha sintonizado perfectamente con mi fin de semana que empezó el viernes con un concierto de Ketama en el Auditori Fórum de Barcelona. La banda que con tanto éxito como estilo fusionó flamenco con ritmos latinos y africanos se ha vuelto a reunir después de 15 años de ausencia. Fue una excelente velada musical. Les aseguro que a un servidor le motivaría más escribir una crítica musical de ese concierto y no una columna sobre el serial “prusesal”. Para superar el trago, hoy probaré con un raro género a caballo entre la reseña musical y la opinión política.

Con la misma precisión del contador de manifestantes indepes, el acto de reivindicación de esos oprimidos catalanes en Madrid ha ido de la mano del concierto. Díganme ustedes si no fue así. El lema de la gira musical dice que “Nos juntamos porque queremos”. ¡Qué casualidad! Como los secesionistas que se juntan porque quieren (no faltaría más) y se les permite hacerlo en la capital de la denostada España. Oye y que no han tenido ningún problema para manifestarse en paz, ni tan siquiera les han increpado, cosa que celebro.

Compárenlo con lo que sucede con las manifestaciones o convocatorias constitucionalistas en Barcelona.  Y no digamos si estas se celebran en otras localidades catalanas. ¿Dónde está ahora la bolita de los valores democráticos, señores de la república de los trileros? La civilización parece estar más cerca de Madrid que de Barcelona, al menos según lo observado en sus calles.

Tras escuchar los acordes de “Vente pá Madrid” este pasado viernes se comprobó que los paladines por la república habían seguido las instrucciones y allá que fueron al día siguiente. Aunque estoy seguro de que iban buscando a Franco para despertarlo y todo lo que hallaron fueron unos pocos amiguitos de ocasión. Son esos representantes de una izquierda alelada que se apuntan al fiestorro del independentismo, presumo que para llevar el botijo a sus nuevos señoritos nacionalistas.

Se escuchó en el Auditori también el tema “Se dejaba llevar por ti” y por esa razón, aparte de esa falsa izquierda travestida de nacionalista, con los indepes catalanes iban el sábado nacionalistas vascos, valencianos, gallegos, andaluces, canarios y otros paladines de la libertad que amenizaron el cotarro. Se batieron el cobre por sus anheladas y respectivas independencias mientras hablaban de darle nombre a una posterior confederación de sus pueblos. España, curiosamente, es el nombre que va en primer lugar en las quinielas. Cataluña es el faro de guía que señala el largo camino al precipicio gozoso, dicho sea al lindo estilo maoísta.

Pese a todo lo dicho, a tenor de las pruebas aquí recogidas no quedó nada claro que sea cierto lo de la canción que dice “No estamos locos y sabemos lo que queremos”. Claro que también algunos pudieron ir a Madrid y regresar cantando aquello de  “Vengo de borrachera”. Y así siguen que con el tran, tran, tran…

José González

Publicidad
Publicidad

0 Comentarios

Publicidad