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La Puntita · 9 de Noviembre de 2020. 11:43h.

RAFAEL ELÍAS

Winchester

Se confirma: Joe Biden, la joven promesa de la política norteamericana, va a ser el próximo presidente de los Estados Unidos. Ordinalmente, el cuadragésimo sexto, de un total de 46, cifra ésta ridícula si la comparamos con las decenas de miles de presidentes que de la Generalitat de Catalunya han sido, cantidad que para más inri se encuentra en proceso de expansión acelerada, como el Universo y los Països Catalans, que son misma cosa.

Los yankees han votado, y han cambiado de partido: de la derecha de los republicanos han pasado a la derecha de los demócratas. Donald Trump deja un mandato agitado en la forma, pero tranquilo en el fondo, bien en la economía, y lo que es más importante, sin guerras mundiales de resonancia y habiendo relajado la tensión con su homólogo norcoreano. Tales logros los llega a protagonizar Obama y repite Nobel de la Paz fijo. Se sigue constatando esa bondad suave de los medios hacia los demócratas a lo largo de los años. No quiero ni pensar qué hubiese sucedido si en vez de Clinton hubiese sido Trump el sujeto pasivo de aquel episodio con la Lefinsky. De los Kennedy hablamos otro día.

Tres años ha que anduve por Nueva York, donde son visitas obligadas la Statue of Liberty, el Empire State, la Delegation of the Government of the Catalan Countries y la Fifth Avenue. Allí en la Quinta, justo un poco más arriba del escaparate de Audrey Hepburn y un poco más abajo de Central Park, se alza la Trump Tower, con cierto aire de insolencia, como provocando. Por ahí iba yo tomando fotos, y en ésas que me llamó la atención un tío que estaba instalado ante la puerta del edificio, una suerte de activista anti-Trump que se pasaba las horas en la acera, a modo de protesta pacífica, aunque básicamente lo hacía para tocar los huevos; el tío iba ataviado con una cagarruta inmensa sobre la cabeza, fake -la cagarruta, no la cabeza-, con la leyenda “Donald DUMP”, que se traduciría algo así como “el vertedero de Donald”. Un cachondo, vamos. Recordemos que el significado real de Trump es “carta de triunfo”, una acepción algo alejada de la del activista. En una última vuelta de tuerca lingüística, la mayoría de periodistas españoles pronuncia “tramp”, que es “vagabundo” o “golfa”, aunque creo que no lo hacen con segundas. Bien, decía que el activista llevaba así semanas, haciéndose el plasta con la plasta, y se dejaba hacer fotos y selfies con quien se lo solicitara -hipsters de Brooklyn y pijos salidos de Harvard, fundamentalmente-, mientras los agentes de policía que custodiaban el edificio no le decían absolutamente nada y se mostraban permisivos con su presencia. Hoy, con la perspectiva del tiempo transcurrido, recuerdo con democrática envidia esa escena, muy diferente del acoso gubernamental que sufren los activistas que se manifiestan afuera del casoplón de Paul Churches in Galapagar (Spain).

Al año siguiente de lo de NYC, obligaciones me llevaron de nuevo a USA, pero esa vez por los estados centrales y del sur, un territorio, digamos, más “republicano”, menos finolis y mucho más auténtico. Allí no había pijos de Harvard. Si acaso, alguno sobrevolando las llanuras de Oklahoma en vuelo directo Boston-Los Ángeles, mirando desde la ventanilla del avión por encima de los hombros de esos hombres a los que se refieren como white trash (escoria blanca).

Un día, durante ese segundo viaje, paré a repostar en una gasolinera perdida en medio de la nada. Aquello era un desierto. Un viejo y desdentado gasolinero que mascaba tabaco con las encías estaba sirviendo el depósito de una Chevy pickup destartalada. Con mano temblorosa -mano curtida con venas y tendones como raíces- agarraba el oxidado boquerel como quien empuña un rifle. Tenía un ojo velado, y el otro se le disparaba hacia todas partes al menor murmullo, como intentando descubrir indios agazapados al acecho. Sobre nuestras cabezas, un avión cruzaba el cielo trazando una pluma blanca. Tal vez era el pijo de Harvard en su asiento de primera clase.

Había más poesía en aquella gasolinera que en toda la Biblioteca de Nueva York. Era una lírica épica: la lírica de los westerns de John Ford, la épica del Winchester de Charlton Heston, la de un país forjado al fuego con hierro de Utah sobre una depresión de silencios, sólo rotos al caer la tarde por alguna chopper de ruta por los valles... Un motorista anónimo y solitario, que se alejaría en línea recta hacia la puesta de sol en el horizonte, tronando entre nubes de polvo y plantas rodadoras, al cálido contraluz de un dorado rojizo como el del infierno.

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3 Comentarios

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#3 Menjamela Grandi, Anapurna, 22/11/2020 - 09:30

Muy buen artículo. El conflicto entre las costas este y oeste y los Flyover States. Conflicto y tensión entre las zonas rurales y urbanas que se reproduce en muchos lugares del mundo como Gran Bretaña, Polonia o, sin ir más lejos, España y la propia Cataluña.

#2 pepe, andorra, 12/11/2020 - 23:50

q yo sepa el recuento aun esta en marcha, aunque en España vivan en otro mundo gracias a su prensa gubernamental, y la prensa no es la legitima para proclamar ningun presidente de los estados unidos, si no los delegados elegidos por los votantes de los estados. Y hasta q no se certifique y acaben los recuentos, nada de nada, en Georgia por ejemplo.

#1 Onofre de Dip, Barcelona, 09/11/2020 - 18:33

Don Rafael, si no lo conoce, lea "EARNING THE ROCKIES. How Geography Shapes America's Role in the World", de Robert D. Kaplan. Y la obra sobre el Oeste de Bernard A. De Voto, uno de cuyos libros fue traducido no ha mucho al castellano. Y otra cosa, a la peña que vive al sur de la Maxon - Dixon no le habrá gustado nada lo de "yankees".