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La Puntita · 28 de Octubre de 2020. 13:46h.

ALEJANDRO SOLA GUZMÁN

Politólogo

¿Y si viramos al oeste?


Mi relación con Portugal viene de la mano de mi abuelo materno: salmantino e hijo de pastores, creció en una pequeña aldea a media hora de territorio portugués. Recuerdocon nostalgia como me hablaba de aquella tierra extranjera en la que se dominaba otra lengua y utilizaban otra moneda. Rememoro aquellas expediciones cruzando la puerta de San Francisco en Almeida, descubriendo sus fuertes y probando su pescado. Hace ya un tiempo atrás, desde el otro extremo de la península, he comprobado como el país luso es mucho más que café, gallos de colores y toallas. De hecho, podría servirnos como lección para muchos de nuestros debates más encendidos y algunos de nuestros asuntos más incómodos.

Con el bisturí del científico social en mano me dispongo a hacer una pequeña biopsia, que no autopsia, del Reino de España. La prognosis no parece demasiado halagüeña. Problemas económicos y educativos derivan en un preocupante desempleo. Las fricciones territoriales y nacionalismostambaleanlaestabilidadpolítica. Flecosporresolverdesdeelfinaldeladictadura y problemas de identidad con nuestros símbolos, banderas e instituciones estatales...Vayamos por partes.

La Constitución portuguesa, dos años más joven que la nuestra y con siete revisiones a sus espaldas, indica en su artículo 10.2 la prohibición de partidos regionalistas e independentistas. Se explicita que los partidos políticos deberán respetar “los principios de independencia nacional, la unidad del Estado, y la democracia política.” Recordar que, durante la redacción de esta, tanto en Madeira como en las Azores existían ambos grupos armados de liberación nacional. En sintonía, la Ley de los Partidos Políticos de 2003 expresa la prohibición de partidos que, “ por su designación o por sus objetivos programáticos, tengan índole o ámbito regional”. No estoy diciendo que la solución mágica para España sea optar por la prohibición de este tipo de partidos, o que esté de acuerdo con ella, pero desde luego, es un problema que, hoy por hoy, en Portugal no existe. Más allá de algunos brotes de regionalismo en el norte (Oporto y Braga) por el agravio comparativo de inversiones respecto a Lisboa, la salud del Estado Unitario en Portugal y la lealtad entre sus territorios es sólida y robusta. Por tanto, pese a una importante fuerza estatal centrípeta es fácil observar a los portugueses cantar a pleno pulmón su precioso himno, o ver como se sienten orgullosos de su bandera, sean de la región que sean.

Revisando el nutrido catálogo de ruidosos debates de nuestra patria no tardo en encontrar la reciente polémica relativa a la exhumación de los restos mortales del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos. Aquella promesa electoral de Pedro Sánchez y anterior proposición no de ley aprobada por el Congreso de los Diputados llenó la actualidad política, las redes sociales y las tertulias televisivas y radiofónicas. Portugal también tuvo su dictador, pero no tuvo esta encendida polémica. ¿Cómo resolvieron este tema? Antonio de Oliveira Salazar, dictador portugués del Estado Novo (1933-1974) fue enterrado en su humilde localidad natal, Vimeiro, en un cementerio rural junto a los restos de sus familiares. Una simple fotografía del dictador acompaña a una frase que reza “Errar es humano, pero hasta la fecha ha sido el mejor estadista y el más honesto de todos los gobernantes de Portugal”. Una austera tumba que casa bien con el perfil discreto y contrario al protagonismo y culto a su personalidad del dictador portugués. En ningún momento ha servido como lugar de culto o reivindicación. Tan sólo un pequeño museo de interpretación sobre su régimen en la localidad de Salazar levantó algo de controversia, pero la polémica no ha pasado a mayores, de hecho, la iniciativa ha sido bien vista por el primer ministro, António Costa, de pelaje socialista.

Otro aspecto destacable es como el país luso supo revertir su precario sistema educativo. Portugal obtuvo una de las peores puntuaciones en su primer informe PISA ( Programme for International Student Assessment) para acabar creciendo año a año, superando la media de la OCDE y por supuesto la posición española. Siendo el único Estado europeo capaz de crecer de forma continua desde el año 2000. Aspecto preocupante en nuestro país y que incluso al jefe del Estado se le escapó en un encuentro con la CEOE destacando la falta de formación y el bajo nivel educativo de los jóvenes. Tiene razón Don Felipe, en España encontramos ejemplos en los que, en ocasiones, una gran preparación no ha impedido un decepcionante desarrollo profesional.

En lo económico, pese a ser la primera letra del despectivo acrónimo PIGS, referente a las rezagadas economías del sur de Europa, y partiendo de una situación similar al Estado español en 2011, en plena crisis económica, Portugal ha sabido recuperarse de manera formidable de la mano de Costa y de su ministro estrella, Mário Centeno. El gobierno de Lisboa supo reducir la deuda pública y el desempleo manteniendo las pensiones y subiendo el SMI, gracias a un gran aumento de las exportaciones y del turismo y sin recaer en una elevada presión fiscal. Mención especial para su sistema de autónomos, que lejos de presionarlos con cuotas e impuestos , el autónomo solo paga anualmente un porcentaje respecto a sus ingresos. Pero pese los buenos augurios de principio de año, esta buena dinámica económica es evidente que quedará alterada por el coronavirus y sus devastadores efectos económicos.

En materia de drogas el país luso es también un referente internacional. Capaz de pasar de una situación muy preocupante con muy malas cifras tanto en consumo como en sus negativas consecuencias sociales derivadas, a ser el espejo en el que países como Colombia buscan asemejarse. Portugal sacó las drogas del sistema penal y las introdujo en el sistema de salud, tratando el problema como un problema público, cuya prohibición no sería solución. Veinte años después de esta reforma, con tintes escohotadianos y que tuvo lugar bajo el gobierno de Jorge Sampaio, las cifras de consumidores, enfermos derivados del consumo y población reclusa se han visto reducidas significativamente.

Por todo esto, y otros aspectos, considero justo enumerar las bondades y esfuerzos de la República de Portugal. Reconociendo que, tal vez, hemos vivido demasiado tiempo de espaldas a nuestros vecinos del oeste. Quizá practicando esa suerte de mirada altiva, de superioridad regional, que tanto nos duele cuando la detectamos en los franceses. Quizá mientras nosotros discutíamos en lo que antaño fue la antigua Lusitania se ponían al día y probaban fórmulas con mayores resultados que las nuestras. Pero nunca es tarde. Aún estamos a tiempo de reencontrarnos de nuevo para establecer sinergias y mejorar dentro de nuestra península. Para no vivir de espaldas, sin superioridad y logrando reconocer las bondades del vecino.

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2 Comentarios

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#2 Menjamela Grandi, Anapurna, 22/11/2020 - 09:21

Buen artículo, sí señor. Los portugueses son gente práctica que se guían por la razón. Nada que ver con las hordas y tribus de heridos en su orgullo personal a este lado de la frontera.

#1 Timbaler , Bcn, 09/11/2020 - 22:39

Me ha parecido un excelente artículo